Barthes, tan Proust aquí.
30/4/12
561
SE enrolla mucho Barthes en ese ensayo sobre Proust y los nombres. Viene a decir que Proust no se lanzó a escribir su gran obra hasta que dio con los nombres (Combray, Guermantes...). Los inventa, y esos nombres (el Nombre, dice) se convierten en "la forma lingüística de la reminiscencia". Además de "medio ambiente (en el sentido biológico del término)" es el nombre propio "un objeto precioso, comprimido, embalsamado, que es necesario abrir como una flor." Qué bonito. Esos nombres, los nombres que están por todas partes, pensaba, al leer algunos artículos de Cunqueiro. ¿De dónde saca este señor todos esos nombres? Por supuesto alcanzo algunos; pero todos esos noruegos, indios, chinos, gaélicos, islandeses. No sigo. Es pedrería, y de la buena. Por ejemplo, uno de mis preferidos; Snorri Sturluson. Estaba convencido de que era inventado, y no. Le quedan unos artículos muy bien vestidos, exóticos y cotidianos al mismo tiempo, y de Vigo o Mondoñedo pasa a Efeso o Constantinopla en la misma frase. Muchos topónimos, muchos nombres. Esto me recuerda a ese libro increíble que es Un pedigrí, de Modiano. Me cuesta creer que todos esos nombres y apellidos que desfilan por el libro hayan existido algún día. Y da igual. Parece una guía telefónica. En la página 45 Modiano aclara: "Escribo estas páginas como se levanta acta o como se redacta un currículum vitae, a título documental y, seguramente, para liquidar de una vez una vida que no era la mía."
27/4/12
560 [Apuntes para una poética]
Unos salen del armario, otros salimos de una caja. Qué jodido el mundo; explíquese, nos dice.
POÉTICA no gasto. O no gastaba. Al final uno siempre acaba justificando lo que hace o deja de hacer. Soy un escritor ligero, aunque a veces, dejándome llevar por ciertas lecturas, puedo caer en la tentación de ver en lo invisible. En fin, una ingenuidad. Tampoco está mal, ser un poco ingenuo es bueno, si no acaba uno convirtiéndose en un hombre de provecho. Lo que tengo que decir lo digo, aunque muchas veces no sepa lo que tengo que decir hasta escribirlo. Quizá no tenga nada que decir; escribir para decir algo no deja de ser una forma bastante indirecta de decir cosas, y más cuando no lee nadie.
Detesto las memorias, como género, ese orden, esa premeditación, quizá por lo mismo que detesto la mayoría de las novelas. Las novelas que me gustan casi no son novelas. Puede que sean novelas pero escritas por un autista o un desesperado. En definitiva; un solitario, pero uno muy atento a los demás. Soy un lector nefasto de novelas, pero sigo leyéndolas. Soy quizá peor lector de ciencia; hasta el gran Antonio Damasio, cuyos libros son buenísimos, me acaba aburriendo. Y si hay gráficas o datos estadísticos entonces cierro el libro inmediatamente. Ya tuve bastante. Estoy absolutamente en contra de la superstición estadística. Es la ciencia de la mentira, siempre. La filosofía me interesa, pero no tengo nivel; me quedo en los escritores literarios (Nietzsche y poco más).
Literariamente, y por puro capricho, me he buscado modelos muy distintos, casi antitéticos. Bueno, no los he buscado; han ido apareciendo, la insistencia en los mismos autores significará algo. Al menos Carlos Pujol lo ve bien en su Cuadernos de escritura: "Hay que tener maestros que disientan mucho entre sí, es lo más formativo." Esto me justifica; otra ingenuidad quizá. Puede que no tengan nada que ver entre sí DeLillo y Michon, Cunqueiro y Bernhard, Boswell y Cervantes. Mañana quizá hablaría de otros. Respecto a lo de escribir creo que a veces se escribe como si escribiéramos y eso no vale. Pero alguna vez dejamos de ser autores, de estar escribiendo, para ser escritura. Ahí es cuando sale algo. Esto lo dice Trapiello: "El escritor ha de tener algo del escribano, incluso un mucho, acaso la disposición para no considerar más importante lo que pone él que lo que le llega al dictado, y entonces en ese punto el escritor se desdibuja y queda únicamente su escritura, su palabra por encima de toda forma, ya de nadie, sólo de la forma, como una casa, una montaña, un bordillo de la acera." [El arca de las palabras, pág. 225].
Llevaba escrito lo anterior desde hace ya varios días, aunque por haches o por bes no veía momento de publicarlo aquí. Siempre me salía otra cosa al paso y se ha ido quedando como borrador.
Sigo. No creo en el supuesto no-estilo azoriniano, o creo que es imposible alcanzarlo, aunque sí debería ser la meta de todo autor. Eso; no pensar en el cómo, no querer imponerse demasiado pero tampoco esconderse artificiosamente. Puede que sea imposible no tener estilo; lo que es posible es no querer tenerlo demasiado. Sobre los estilos quizá sea bueno pensar en lo que decía Hockney: "El estilo es algo que se puede usar, uno puede ser como una urraca y roba lo que quiera."
O Klee: "El estilo se encuentra cuando no se puede hacer de otra manera." En definitiva es eso. Sin forzar. Tengo un amigo que siempre dice lo mismo cuando le pregunto por el trabajo; "Suave, sin forzar."
El estilo puede ser cualquier cosa, aunque detesto la ausencia de puntos y comas por eso que llaman experimentación, y que más que monólogo interior me parece un rollo insoportable. En efecto, cualquier cosa, pero encontramos a dos tipos de escritores; los que redactan y los que escriben. La mayoría redactan, más o menos correctamente; algunos escriben, también, mejor o peor. Los que me gustan son los que escriben; suelen estar locos. No les suele ir ni bien ni mal; a veces muy mal, se les hace poco caso en general. Los que redactan suelen vivir como príncipes; se documentan mucho para sus novelas, se aprende mucho leyéndolos. Se dice. Hay muchos diálogos en sus novelones.
Sobre el estilo hay muchas frases; dejémoslo.
¿Ficción, no ficción? Me encojo de hombros ante la disyuntiva.
Le doy vueltas a la frase de Braque: "Hay que escoger: una cosa no puede ser verdadera y verosímil a un mismo tiempo."Ahí queda, para una discusión. Me temo que Braque tiene poco crédito, pero como otros pintores ha sido muy lúcido reflexionando sobre la creación artística.
Para acabar esta especie de poética apresurada, lo más importante. El principio y el fin de todas las cosas. Vila-Matas sobre Hemingway: "[...] incluso el peor Hemingway nos recuerda que para comprometerse en la literatura uno tiene primero que comprometerse con la vida." No sé si nos lo recuerda el peor Hemingway, ni siquiera si nos lo recuerda el mejor, pero parece muy cierto.
26/4/12
559
Seamos felices, ya que toca. Lo justo al menos para flotar un poco. Pero sin pasarse. Después de ver cómo el gran Sergio Ramos le gastaba una de las bromas más maravillosas al madridismo más seriote me encuentro un texto precioso sobre mi breviario futbolístico, dicho sea en su acepción de apuntamiento o memoria.
Con que le haya gustado a algunos amigos que admiro ya me doy por satisfecho. En realidad ya estaba bastante satisfecho, desprendido de lo hecho, pero ahora más. Que lleguen si quieren las pedradas que tengo buen escudo. No me bajan de este suelo. Me debo a mí mismo un paseo con las manos en los bolsillos, silbándole a los pájaros, como si fuese uno de ellos y sólo tuviese que ir poniendo huevos en la vida.
Por si acaso esta mañana después de leer estos textos corrí al Montaigne y lo abrí por el ensayo titulado "La presunción". No creo que lo necesitara, pero por si acaso.
Nos dice: "Yo soy bastante pródigo en sombrerazos, sobre todo en verano, y no recibo ninguno sin desquite, sea cual fuere la calidad del hombre que lo da, excepto si lo tengo a sueldo."
Más adelante: "No tengo mis recursos predispuestos y ordenados, y sólo aprendo después de la acción, con tantas dudas sobre mi fuerza como sobre otra fuerza. De ahí que, si tengo éxito en una tarea, lo atribuya más a mi fortuna que a mi habilidad, pues me las planteo todas al azar y con temor."
Falsa modestia. No sé.
Con que le haya gustado a algunos amigos que admiro ya me doy por satisfecho. En realidad ya estaba bastante satisfecho, desprendido de lo hecho, pero ahora más. Que lleguen si quieren las pedradas que tengo buen escudo. No me bajan de este suelo. Me debo a mí mismo un paseo con las manos en los bolsillos, silbándole a los pájaros, como si fuese uno de ellos y sólo tuviese que ir poniendo huevos en la vida.
Por si acaso esta mañana después de leer estos textos corrí al Montaigne y lo abrí por el ensayo titulado "La presunción". No creo que lo necesitara, pero por si acaso.
Nos dice: "Yo soy bastante pródigo en sombrerazos, sobre todo en verano, y no recibo ninguno sin desquite, sea cual fuere la calidad del hombre que lo da, excepto si lo tengo a sueldo."
Más adelante: "No tengo mis recursos predispuestos y ordenados, y sólo aprendo después de la acción, con tantas dudas sobre mi fuerza como sobre otra fuerza. De ahí que, si tengo éxito en una tarea, lo atribuya más a mi fortuna que a mi habilidad, pues me las planteo todas al azar y con temor."
Falsa modestia. No sé.
25/4/12
558
Falta que arda el estadio con sus 120 mil butacas, por un descuido, un cortocircuito, algo accidental. Pero si la tragedia y el catastrofismo era lo habitual hasta hace unos años en el barcelonismo hoy es una postura exótica. Al público sólo le faltó acudir a Canaletas, a celebrar la derrota. Y no tanto por la novedad, sino por la derrota en sí. No gloriosa; la épica de la derrota nunca acaba de convencer, por mucho que digan. Un invento gilipollas. No, la derrota es un volver a casa por Navidad, y en este caso hacía años que no había nada parecido a la Navidad. Siglos me parece. Los habrá que no hayan visto otra cosa, y para ellos el fútbol es ir ganándolo todo una y otra vez y de forma mágica. Tampoco es que yo, de corto pasado todavía, sepa lo que es acostarse y levantarse con las manos pegadas a la cabeza. Esa desolación, la cara de bobo que se le queda a los aficionados al perder su equipo. Y lo peor; las lágrimas. Indecentes siempre; qué lloran. Nada de eso pasaría esta semana. Sin duda pierde la Liga y el pase a la Final de Champions el peor. Pero qué peor. Decía Villoro ante un éxito culé de los últimos años; "Se trata de un triunfo deportivo, pero también moral." Pero no esa moral pisoteada por Nietzsche; no, la moral de la vida, que era la que le gustaba al bigotes. No se podrá decir lo mismo de esa acumulación de cuerpos voluminosos ante su portería, vivos o muertos, o ni vivos ni muertos, que repelían una y otra vez el balón. Es el fútbol. Y el fútbol, gustar, lo que se dice gustar, no le debe gustar a nadie.
Como diría Millán Astray; ¡Viva el fútbol! Dicho con acento; cada uno que le ponga el que más odie.
24/4/12
557
He sido tan feliz leyendo el puñetero nuevo libro de Thomas Wolfe intitulado "Una puerta que nunca encontré", que me importaba un bledo si era o no ficción, si estaba ante una novela o ante un engendro indefinible, si había estructura o capricho desventurado. Incluso si se contaba o no una historia. Qué me importan las historias. No podría hacer un resumen del libro, o podría, pero mejor no intentarlo. Hacer lo que hacen en el texto de la contraportada; un listado de apariciones, sean estos hermanos perdidos, padres muertos, rudos conductores, es decir, brutos camioneros, estudiantes borrachos, desayunos ingleses con sus salchichas, riñones y demás grasas. Octubre, Abril; he ahí los protagonistas. Los señores meses. La señora Primavera y el señor Otoño.
Aparcado quedó Canetti. Su jorobado enano que juega al ajedrez. Ese vertedero oscuro centroeuropeo de chalados en gris.
Para que se hiciera una idea de la vida yo le dejaba a un marciano el libro de Wolfe. Y como el marciano no sabría lo que es una novela leería el libro sin temor a perderse, sin temor a no encontrar la novela.
Amigos.
Aparcado quedó Canetti. Su jorobado enano que juega al ajedrez. Ese vertedero oscuro centroeuropeo de chalados en gris.
Para que se hiciera una idea de la vida yo le dejaba a un marciano el libro de Wolfe. Y como el marciano no sabría lo que es una novela leería el libro sin temor a perderse, sin temor a no encontrar la novela.
*
Amigos.
22/4/12
556
Aquí, Ai Wei Wei; así como los críos se disfrazan de otoño o primavera, él es la perfecta personificación del domingo. Un domingo cualquiera, de adolescente envejecido.
Me levanto con dolor de cabeza. Me tomo dos aspirinas con el desayuno. De todas formas cuento chistes, el dolor me pone de buen humor. Me irrita y me salva, me afloja, el dolor. El dolor de cabeza, al menos el que me afecta de vez en cuando, es como un eco, una reverberación. Es un dolor que promete, un dolor futuro; su recorrido es ascendente, y eso es lo que aterra de un dolor así. Hay dolores que desfallecen a cada latido, pero otros parece que cogen carrerilla, y éste es uno de ellos. Siempre aparecería alguien que nos diría que eso no es nada, que mi dolor de cabeza debe ser poca cosa cuando cuento chistes e incluso cuando me levanto tan campante de la cama. Seguro que hay alguien, siempre hay alguien así, que insiste en que su dolor de cabeza es un señor dolor de cabeza, y que nuestro dolorcillo es así como de gorrión, absolutamente insignificante. Habrá quien piense que sólo el rey de los dolores de cabeza, la migraña, merece ser considerada y que sólo alguien que la padezca tiene derecho a exponer a todos que la cabeza le va a explotar y que en el aire ve chiribitas e incluso en la oscuridad. Bien; lo acepto. Quédese usted con la migraña, con las explosiones y con las chiribitas. Con dos cafés cargados y el sabor de las aspirinas en la lengua pienso; ni las voces, ni los puritos, ni las cervezas, ni los goles más o menos dolorosos, nada de todo eso ha existido.
*
Es domingo, como casi todos los domingos. El domingo se hace con los ratos muertos que le sobran a los días laborales. Es un día perfecto para dormir la siesta, aunque uno nunca la duerma ni la vaya a dormir. Tiene el domingo ese olor a siesta, en todo caso, que aletarga y exaspera. Dan un poco ganas de coger al domingo por las solapas y zarandearlo, por melifluo. Es un día en el que nos subimos mucho a los miradores para ver el horizonte. Es como si el horizonte de los domingos fuese un horizonte más serio, menos reservado. Pareciera que el horizonte de los domingos nos trajese recuerdos más nítidos del pasado o del futuro, como si ese horizonte dominguero pudiese decirnos algo, al igual que los posos del café. De todas formas nos vale una piedra, y en domingo todo el mundo va por ahí subiéndose a las piedras y mirando más allá con la mano de visera. Quizá sea el día en el que el paisaje se hace más paisaje, porque el paisaje es una cosa de domingo, como los goles de la radio. El domingo suele ser el día en el que la mayoría de las familias se aburren juntos. Se sale a pasear y a tomar cafés y a tirar pan a los patos municipales; las parejas jóvenes se abrazan y sueñan; las parejas veteranas miran escaparates y sueñan.
21/4/12
555
Sí, yo también estoy hasta las narices de tanto fútbol. Pero me pongo a dieta mañana.
Me preguntan si he hecho alguna locura viendo un partido. Y es ahí precisamente, ante un partido, y más ante uno importante, donde creo haber hecho pocas locuras; puedo ser tan energúmeno como cualquiera, e incluso más, menos viendo un partido. Ante un partido de fútbol en el que el Barça se juega algo me vuelvo un señor razonable, tenso y concentrado. Se diría que me juego la vida y no voy a decir una palabra de más. Soy un ejemplo vivo de cordura y saber estar. En ese momento podría aconsejar a un amigo si debe casarse o no, a un padre si debe desheredar o no a un hijo y a una monja si debe o no dejar el convento. No analizo nada; no hay nada que analizar. Qué podría analizar. O va la cosa o no va; hasta ahí llego. Detecto las señales y eso es todo. Grito si acaso como el que ve un incendio antes que nadie y avisa del fuego. Pero ni me gusta gritar ni me gusta que griten. Bah, estoy acostumbrado; se grita mucho, que griten. Estoy acostumbrado a que se alarmen a mi alrededor sólo si el contrario recupera el balón en defensa. Estoy acostumbrado a que el pase más insignificante se viva como una oportunidad clarísima. Ella ha visto poco fútbol de niña y ahora sólo le falta celebrar los saques del portero.
Yo, como mucho, y por perder los papeles, sólo recuerdo ahora haberme echado de rodillas en la alfombra de casa. Ni siquiera en la baldosa. De rodillas agradecía a ese dios lejano de la infancia el gol, los goles, la victoria. Era un rezar con los brazos en alto, los puños cerrados; se diría que el gol lo había metido yo mismo. Se diría que dios sólo existe para los niños y para los futbolistas, que miran mucho al cielo cuando marcan. Hacen un gesto de complicidad, al menos el Genio Supremo lo hace, y es el más indicado para esa confianza con el Ser Supremo. Decía Javier Marías que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”.
Como plan no lo veo mal. Hoy toca infancia.
*
Decir cortesías sería poco decir. En papel y enmarcada es todavía más bonita.
16/4/12
Nacionalizar cosas
Era otro humor. La Kichner parece que te vaya a clavar las uñas en los ojos.
He intentado enterarme, tampoco mucho, de qué va eso de la expropiación de YPF. Quizá no haya nada que entender. Argentina es un lugar extraño, al menos políticamente. Nunca he sabido quiénes eran de derechas o de izquierdas. Si bien no sirve tampoco de mucho hoy en día saber esto, al menos orienta al personal, que todavía necesita saber si los que le van a atropellar vendrán por la derecha o por la izquierda. Uno se queda a gusto teniendo razón, y en ese caso siempre se tiene razón. Peronista tiene para mí un significado tan oscuro como endótico o pulmonaria. Quizá más. Ahora sólo sé que una presidenta enmascarada bajo varias capas de pintura facial, con mofletes y ojos blanquísimos de muñeca antigua, nacionaliza una petrolera española. Es un escándalo. Uno espera que esas cosas las haga un señor barrigudo con guerrera verde y barba con grandes calvas. Un paleto, un revolucionario, un dios laico para poner de póster en la pared. Uno se imagina a Chávez, por ejemplo, con una escopeta de rayos nacionalizadores, disparando a todo lo que se mueva. Quizá haya llegado el momento de nacionalizar cosas. Ya que la economía es un juego de no sé cuántos (pocos) en el que al final siempre gana China (estos tampoco sé si son de derechas o de izquierdas), pues a la mierda el juego. Mientras el Rey va por ahí disparando a elefantes desarmados el gobierno español es un señor elegantemente vestido de criado con una docena de huevos en las manos, corriendo de un lado a otro con cara de espanto y temiendo que alguno se le caiga. Ahí Rajoy. Nada de eso hace la Kichner. Lo de nacionalizar debe ser como estampar uno de esos huevos contra la pared.
Fue la mía una infancia/ adolescencia de desnacionalizaciones. El felipismo, el progreso. Yo, ante las desnacionalizaciones, me encogía de hombros, porque no tenía muy claro si estaba a favor o en contra. Después en casa daba vueltas pensando en eso de las desnacionalizaciones o privatizaciones, aunque sólo de vez en cuando, y casi no llegaba a ninguna conclusión. Lo único que veo yo que se podría hacer para responder a los argentinos es nacionalizar a Messi.
15/4/12
554
De los paseos de Canetti por Marraquech (libro delicioso) paso, no se sabe cómo, a su Auto de fe, novela. La única de Canetti. Confirma en el prólogo Ignacio Echevarría que es, en efecto, una obra insoportable. Es algo de lo que presumía mucho Canetti, recordando claro que El rey Lear también era bastante insoportable, no se sabe si más, menos, o igual de insoportable. Se da a entender que igual de insoportable.
Fue escrita en 1936, en Viena creo. Ahí se gestó el siglo XX; todo penumbra.
Llevo doscientas benditas páginas y tengo que decir que es, efectivamente, un tanto insoportable. No insoportable como el Ulises de Joyce, que es un simple rollo insoportable, un diccionario simpático de estilos. No, esto es una pesadilla muy bien escrita, una comedia/ tragedia con muchos interiores alfombrados, esquinas oscuras y mujeres almidonadas. Hay momentos casi solanescos en el que los frailes siempre parecen estar a punto de sacar sus culos por la ventanas y defecar insoportablemente sobre los que pasan por debajo. Es una atmósfera muy kafkiana, pero aquí no hay piedad. Una escritura entre clásica y alucinada. Haceros una idea; el protagonista es el señor Burns de Los Simpsons que en lugar de dinero tiene su biblioteca. Una cucaracha sabia, el llamado hombre/ libro.
Nada más por ahora. El resto son errores de interpretación. Nadie entiende a nadie. Y cuanto más hablan menos se entienden, cosa por lo demás bastante realista.
Los personajes son muñecos ridículos; sólo así se puede seguir leyendo.
Fue escrita en 1936, en Viena creo. Ahí se gestó el siglo XX; todo penumbra.
Llevo doscientas benditas páginas y tengo que decir que es, efectivamente, un tanto insoportable. No insoportable como el Ulises de Joyce, que es un simple rollo insoportable, un diccionario simpático de estilos. No, esto es una pesadilla muy bien escrita, una comedia/ tragedia con muchos interiores alfombrados, esquinas oscuras y mujeres almidonadas. Hay momentos casi solanescos en el que los frailes siempre parecen estar a punto de sacar sus culos por la ventanas y defecar insoportablemente sobre los que pasan por debajo. Es una atmósfera muy kafkiana, pero aquí no hay piedad. Una escritura entre clásica y alucinada. Haceros una idea; el protagonista es el señor Burns de Los Simpsons que en lugar de dinero tiene su biblioteca. Una cucaracha sabia, el llamado hombre/ libro.
Nada más por ahora. El resto son errores de interpretación. Nadie entiende a nadie. Y cuanto más hablan menos se entienden, cosa por lo demás bastante realista.
Los personajes son muñecos ridículos; sólo así se puede seguir leyendo.
13/4/12
Las ovejas y el progreso
Sí, hombre, es otra poesía; no todo va a ser follarse ovejas y lloriquear a solas.
Por supuesto, no veo a Robert de Niro pastoreando horteras y culos enfundados en una minifalda. Eso sería hermoso, pero es cine. No; yo veo a un Miguel Hernández de gimnasio, con sus manos para estrangular burros, metido en un traje azul turquesa. Y con patillas finas, acabadas en punta. Y lo peor no será eso; lo peor será el Hunter S. Thompson que le sale a todo Las Vegas. Efectivamente, si el progreso era eso que repongan las ovejas. El vicio que lo ponga cada cual.
10/4/12
553
Bien. Hermosa portada, ilustrada por David Sánchez. Me dicen que salen todos el 23 de abril; ese será el día.
9/4/12
552
André Wilms y Blondi Miguel en "Le Havre".
De cine cada vez sé menos. Afortunadamente. A mí, a poco que me dejen, me pongo muy taoísta. O socrático. Quizá sea este el principio de una sabiduría despojada; un ir quitándole pétalos a la flor del conocimiento, que era una flor de plástico, de pega, un charlar para las ovejas. Después de la película salimos, a fin de cuentas, en paz, y eso es lo que importa. La película, buena o mala, nos daba igual; era de esas películas que le hacen creer a uno, más que en el cine, en lo que nos rodeaba. Qué fácil ser feliz por trece o catorce euros. Comentamos alguna escena, algún diálogo, y recordamos esas caras de estar posando para un lienzo holandés. Ahí estaba el silencio. Si hay dos grandes del cine actual que hayan devuelto al cine la importancia del silencio, un silencio poético pero no dramático, esos son T. Kitano y Aki Kaurismäki. Precisamente nada dramático ese silencio. Os calláis; tu miras al suelo y tú a la pared. Un ensimismamiento posterior a todo lo que se ha tenido que hablar. Es una forma de ahorrarnos a la marquesa saliendo de su casa a las cinco, que como sabemos es lo que echa a todo el mundo para atrás de las novelas y películas de ficción. Finjamos que hay marquesa y que hay casa, pero no tanto.
Kaurismaki, en "Le Havre", se pone al parecer optimista. Aunque más que optimista yo lo veo irónico. No es una película a la que le importe la verosimilitud. Cada vez tengo en menor estima a la señora verosimilitud; si un periódico es el termómetro de la verosimilitud, de lo que en la vida urgente sucede, entonces la tarea del que escribe fuera del periódico no debiera ser atenerse al dictamen de la cosa esa. "Los milagros existen", dice el médico. "No en mi barrio", contesta la esposa enferma. Porque, cómo si no abordar un cuento de hadas en los bajos fondos de una ciudad portuaria. Lo que era balneario aparece como una Marsella normanda; fachadas destrozadas por el viento salino, ya no por la Segunda Guerra Mundial, y rostros ajados quizá por lo mismo.
El protagonista cena en silencio en la cocina; moja pan y bebe su copita de vino.
Vaya si existen los milagros. Hemos podido ver esta película en el cine.
Por cierto, sale Jean Pierre Léaud haciendo de hijo de puta. Una pequeña concesión a la verosimilitud.
Casualmente, antes de salir para el cine leo el prólogo de "Edad de hombre", de Michel Leiris. No sabía. Lo escribe en Le Havre. Es diciembre de 1945: "Le Havre está ahora en gran parte destruida. Me doy cuenta de ello desde mi balcón, que domina el puerto con la suficiente distancia y altura para poder estimar en su justa medida la aterradora tabla rasa que hicieron las bombas en el centro de la ciudad, como si se hubiera tratado de renovar la famosa operación cartesiana en el más real de los mundos, en un terreno poblado de seres vivos. Frente a esto, los tormentos personales que constituyen el tema de Edad de hombre son, sin duda, poca cosa. [...] ¿Qué puede representar, en la enorme confusión torturada del mundo, ese humilde gemido referido a dificultades estrictamente limitadas e individuales?" [pag. 11, ed. Laetoli]
3/4/12
551
Ayer, nos dimos una vuelta por el Museo de los Cachivaches, y fue más triste que nunca. Después de Jeff Wall nada. De vez en cuando nos dejamos caer por allí, porque nos gusta el suelo de madera. Sólo por eso. Soñamos con ese suelo para nuestra casa, el día que la tengamos. Es una madera maravillosa, y así mientras otros visitantes pasean por las salas haciéndose los interesantes ante los diferentes instalaciones/ vertederos que han ido dejando en el medio, nosotros seguimos a lo nuestro, atentos al desgaste, al encaje de unas tablas en otras. Porque, veamos, es una madera ya envejecida por el paso de muchos modernos, de muchos confusos, de muchos listillos, de muchos, en fin, resignados; incluso de personas como nosotros, que ya no esperan encontrar algo que merezca cierta atención, que prefieren la madera del suelo y la blancura de los techos al plástico cutre de la cosa artística. Todo plástico, de botella de agua de litro arrugada. Qué vanguardista (un verdadero ready-made actual) sería poner algo de Arte en alguna de las salas. No sé, entrar en una sala y así, de sopetón, encontrarte por ejemplo ante el mismísimo Inocencio X. Cómo sería eso, enmarcado por el blanco de las paredes; allí, un Inocencio X, una ventana viva.
Ya ni siquiera es posible encontrar una idea/ vertedero independiente. Algo ajeno al propio arte. Todo es perfectamente convencional. Y cutre. Cutre de fotocopiadora. Duchamp, hoy en día, habría puesto un Tiziano en medio de tanto borrón. En todo caso, él es el culpable. Él y la estupidez general. La manada.
Ya ni siquiera es posible encontrar una idea/ vertedero independiente. Algo ajeno al propio arte. Todo es perfectamente convencional. Y cutre. Cutre de fotocopiadora. Duchamp, hoy en día, habría puesto un Tiziano en medio de tanto borrón. En todo caso, él es el culpable. Él y la estupidez general. La manada.
Duchamp en una silla, huesudo y flamenco. Este sí que ha sido una mala influencia; ha estropeado a varias generaciones de niños buenos.
1/4/12
550
"La gente se compra novelas como para terminar el bachillerato: este libro te explica China; el otro, la Segunda Guerra Mundial. Me gustaría que mis novelas las leyera gente con el bachillerato ya acabado. Que se informara en otra parte y a la novela fuera para disfrutar literariamente."
[Fernando Savater entrevistado en el Babelia]
[Fernando Savater entrevistado en el Babelia]
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