21/4/12

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Sí, yo también estoy hasta las narices de tanto fútbol. Pero me pongo a dieta mañana.

Me preguntan si he hecho alguna locura viendo un partido. Y es ahí precisamente, ante un partido, y más ante uno importante, donde creo haber hecho pocas locuras; puedo ser tan energúmeno como cualquiera, e incluso más, menos viendo un partido. Ante un partido de fútbol en el que el Barça se juega algo me vuelvo un señor razonable, tenso y concentrado. Se diría que me juego la vida y no voy a decir una palabra de más. Soy un ejemplo vivo de cordura y saber estar. En ese momento podría aconsejar a un amigo si debe casarse o no, a un padre si debe desheredar o no a un hijo y a una monja si debe o no dejar el convento. No analizo nada; no hay nada que analizar. Qué podría analizar. O va la cosa o no va; hasta ahí llego. Detecto las señales y eso es todo. Grito si acaso como el que ve un incendio antes que nadie y avisa del fuego. Pero ni me gusta gritar ni me gusta que griten. Bah, estoy acostumbrado; se grita mucho, que griten. Estoy acostumbrado a que se alarmen a mi alrededor sólo si el contrario recupera el balón en defensa. Estoy acostumbrado a que el pase más insignificante se viva como una oportunidad clarísima. Ella ha visto poco fútbol de niña y ahora sólo le falta celebrar los saques del portero.

Yo, como mucho, y por perder los papeles, sólo recuerdo ahora haberme echado de rodillas en la alfombra de casa. Ni siquiera en la baldosa. De rodillas agradecía a ese dios lejano de la infancia el gol, los goles, la victoria. Era un rezar con los brazos en alto, los puños cerrados; se diría que el gol lo había metido yo mismo. Se diría que dios sólo existe para los niños y para los futbolistas, que miran mucho al cielo cuando marcan. Hacen un gesto de complicidad, al menos el Genio Supremo lo hace, y es el más indicado para esa confianza con el Ser Supremo. Decía Javier Marías que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”.

Como plan no lo veo mal. Hoy toca infancia.

*

Decir cortesías sería poco decir. En papel y enmarcada es todavía más bonita.

3 comentarios:

Portorosa dijo...

Bueno, pues siento por ti lo de ayer.

Qué subidón, el post de Bernardinas, ¿no? Pero es justo, creo yo.

Un abrazo, y ánimo :)

Mabalot dijo...

Que todas las desgracias sean esas.

Sí, que venga de Castellote es un subidón. Para unos será justo y para otros no tanto, o nada. Ahí cada cual.

Gracias, Porto.

Mabalot dijo...

Que todas las desgracias sean esas.

Sí, que venga de Castellote es un subidón. Para unos será justo y para otros no tanto, o nada. Ahí cada cual.

Gracias, Porto.