2/1/12

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Debe ser tristísimo morirse en Nochevieja sabiendo que en el mundo quedan la Igartiburu y la Pantoja para dar las campanadas. Y además llueve. Es como vivir en una película de Angelopoulos.

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El día de año nuevo es el día ideal para que se le ocurran a uno cosas que coleccionar. Por ejemplo, cuantos infantiles con cerditos. Adoro los cerditos de los cuentos infantiles. Me da igual que vuelen o no. Nunca se ha visto a un cerdito en un cuento que fuese mala persona y aburrido. Suelen ser irresponsables, juerguistas y un poco atolondrados.

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Cuando una mujer se echa crema en las manos se vuelve buena como una madre. Hasta que nos descubre por el rabillo del ojo y ofendida pregunta; ¿Qué?

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Si los libros más vendidos fuesen los mejores no se explicaría la cara de resignada tristeza con la que se compran. Nadie parece esperar demasiado de ellos, como ya nadie espera que follar con su marido o señora después de veinte años vaya a ser otra cosa. Quizá entre los compradores de best-sellers los únicos que parecen dichosos sean los que compran el último Premio Planeta para regalárselo a su cuñada, pues todo el mundo sabe que el Premio Planeta es un libro comercialmente diseñado para regalar a una cuñada. En el fondo todo es maldad, cachondeo, ganas de reírse a solas en el baño.

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Como hay un niño en la carátula deduce que se trata de una película para niños. Cuando la casa se queda en paz con el nuevo año y las copas y los platos se menean en el lavavajillas ponemos en el DVD Ladrón de bicicletas. No es que quiera apearla de ese mundo de princesas con cintura de avispa en el que se instala innatamente una niña (juro por la ciencia que no hemos alimentado bajo ninguna de sus formas tal delirio infantil), pero quizá hasta sea educativo cambiar de aires. En principio ya me anuncia que no le gustan las películas en blanco y negro. Vencido ese obstáculo inicial le anuncio que es una película sobre un tipo al que le roban su bicicleta; sin bicicleta no puede trabajar y sin trabajar no pueden comer. La película es tan buena que no hay escena que no entienda ni diálogo que se le escape. Más o menos. Todo es perfectamente elemental. Sólo se impacienta en los momentos de mayor tensión, en los que la resolución de la escena le parece interminable, por dolorosa. Sufre los peligros que afectan a los protagonistas y es muy sensible a la músicas de alarma. Se tapa incluso la cara con las manos cuando un grupo de quinquis empujan e insultan al protagonista por haber acusado a uno de ellos de ladrón. Por lo demás no pierde detalle, pero no detecto ni un atisbo de pena o tristeza en lo que ve. O eso parece. Parece estar viendo una película de Hitchcock. No parece afectada por la desgracia de lo que se cuenta. Yo imagino que hasta para ponerse llorón hay una edad. Sí, algo así decía Piaget, ese suizo que hacía experimentos con niños.

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Repaso en el retrete las notas en el instituto de Urdangarin. Si no fuese por los notables en Educación física podría haberse dedicado a la poesía, o al menos a ese dandismo de opereta de su cuñado, tan inofensivo y tan aristocrático. Nada tan despreciable como un miembro de una familia real creyéndose un hombre más de su tiempo, y sisando millones como cualquier alto burócrata.

4 comentarios:

Portorosa dijo...

Me pongo al día con tus posts, tras unos días, y me pongo a tus pies una vez más.

¿Tu hija tiene...? ¿Cuántos años? Es para saber la pertinencia de verla con los míos; que ya se me van acabando las evidentes.

Feliz año nuevo, Maba. Y un abrazo.

Mabalot dijo...

Gracias, Porto. Tiene seis años, de mayo. Creo que tu tienes una mayor y uno más pequeño.

Feliz año, y merecidas esas doscientas mil visitas. Un fuerte abrazo.

Portorosa dijo...

Thank you.
Sí, ella tiene ocho y él, cinco. Vemos bastante cine, y poco a poco voy buscando títulos no infantiles, pero que les puedan gustar a los dos; con resultados desiguales pero en general buenos.

Un abrazo.

Begoña Eguiluz dijo...

Su comentario sobre esta excelente película que siempre que puedo "obligo" a ver a mis alumnos de bachiller, me ha recordado aquella deliciosa noche que pasé con mis hijos viendo "Historias de la radio", una película española en blanco y negro de aquellas que como "Ladrón de bicicletas", nos enseñaron a sentir.

Un saludo!!