16/3/11

No pasa nada

Esta podría ser la foto de uno de esos anuncios de crecepelos o dietas en los que siempre hay un antes y un después. En este caso; antes del terremoto, y después del terremoto. Es el portavoz del Gobierno japonés.


AYER, EL COMISARIO de Energía de la Unión Europea, un tal Ötinger, habló, refiriéndose a la crisis nuclear de Japón, de ‘apocalipsis’. Y para que no se pensara que la palabra se le había escapado sin meditarla, aclaró: “La palabra me parece muy apropiada. Todo está prácticamente fuera de control.” Antes, el tipo, ya se había encomendado al Cielo: “Espero que con la gracia de Dios se pueda evitar lo peor.”

Menos mal que era comisario de Energía; si llega a ser comisario de cualquier otra cosa se echa al suelo a rezar una plegaria.

Hoy, Akihito, este emperador con nombre de dibujo animado, dijo en la televisión pública japonesa que está “profundamente preocupado”. También dijo que reza por todos sus súbditos. En Japón el emperador no es un tipo que vaya dando discursos por ahí, cada dos por tres. Se reserva para ocasiones muy especiales. Sólo cuando una gran catástrofe destroza una parte del país aparece él, casi Él, digamos, en pantalla, dejando un reguero de palabras tranquilizadoras, en un tono sereno y pausado, perfecto para aprender japonés o para dormirte. Es un discurso que apaciguaría al mismísimo Godzilla. Si es un misterio el papel que hoy en día juegan las monarquías en este mundo, en el caso de Japón la monarquía es un misterio de un misterio.

Me dicen que nunca había salido a perorar antes en la tele. Ser emperador es un chollo.

LOS JAPONESES LLORAN, claro que sí. Y si les pinchas con una aguja maldicen. Lloran menos que en Gran Hermano, al menos en público, pero lloran. Otra cosa es que en el resto del mundo haya más alarma respecto a lo que está pasando allí que en Japón. Y esto es así. Por lo menos en las zonas menos afectadas por el tsunami. En Tokio, al menos, puede haber cierta preocupación por el desastre en Fukushima, pero no pánico. Ni mucho menos. Se lo toman con bastante calma. Con demasiada calma, me parece. O ellos están locos, o nosotros estamos locos. ¿Quién tendrá razón, los que creen que estamos ante el apocalipsis nuclear (en general, los medios de fuera de Japón, es decir, el resto del mundo), o los que creen que no es para tanto? También puede ser que, aún creyendo que es para tanto y más, piensen que no pasa nada. Una especie de orgullo nacional. Sólo las ratas y los banqueros abandonan el barco cuando se hunde. Puede ser complicado, en todo caso, acabar de entender a quienes no saben cada noche al acostarse si en mitad del sueño no tendrán que salir corriendo de sus casas para no volver a entrar en ellas nunca más.

LA ENERGÍA NUCLEAR es tan limpia y segura que al final todo se reduce a unos tipos desesperados echando cubos de agua a algo que no se acaba de enfriar.

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