22/1/10

El hundimiento


Eva Braun no está mal, aunque parece un poco ligera de cascos.

Hago zapping. El partido del Celta contra el Atlético. Siempre que deseo que gane el equipo más débil tengo la sensación de que los míos juegan sin tacos y corren con miedo a pegarse un leñazo. Es algo extraño. Como si jugasen al fútbol mientras se produce un terremoto que dura noventa minutos. Un terremoto que sólo les afecta a ellos. Ayer en cambio no estuvo tan mal. Jugar contra el Atlético le sube la autoestima a cualquiera. Respecto a lo de caerse quizá se me quedara grabado la primera vez que jugué al fútbol en un campo de hierba. Como esas actrices famosas que no se presentaron a un casting nunca (acompañaban a una amiga pero las eligieron a ellas), aquel día yo también acompañaba a un amigo a un partido. Él jugaba, yo no. Pero como fallaron varios jugadores de su equipo y antes de que se suspendiera el partido me pidieron que saliera a jugar con ellos. Había árbitro oficial, que aceptaba el chanchullo, pues nada importante se decidía en una liga de alevines entre equipos tan modestos. Sólo sé que estuve unas semanas sin poder sentarme. Había martillado la rabadilla hasta que se me saltaron las lágrimas, puede que de pura frustración. El público se lo pasaba bomba con mis caídas. Sólo seguían mis carreras y caídas, desentendiéndose de todo lo demás, incluidos los goles. Era como correr descalzo sobre una pista de hielo.

En Antena 3 la película sobre los últimos días de Hitler. Tenía interés. Ya está empezada, pero no tardo en darme cuenta: La película es una porquería. Puede que el actor que da vida a Hitler sea bueno, no lo niego, pero la vida que le da es de coña. Es, como mucho, la vida de un actor, que en lugar de Drácula, se cree Hitler. O puede que Drácula disfrazado de Hitler. Es un Hitler/ Drácula sudoroso, muy maquillado, y el maquillaje le da un aspecto de costra que se le derrite y que tira para atrás. Vemos a un zombi con la careta un poco despegada interpretando algo de Shakespeare en medio de una película de serie B sobre la Segunda Guerra Mundial. El asombro de los comandantes no les cabe en el pecho, que observan con los ojos como platos a un histrión sudoroso y arrugado retorcerse lastimosamente, como si sufriera un cólico de estómago. Recuerdo que en su momento la película encendió el debate sobre si Hitler se presentaba demasiado humano, hasta dignificado. Qué exageración. Es mucho más humano el espantapájaros de Mago de Oz de Flemming. De un momento a otro temo que Hitler se saque una calavera del bolsillo y de rodillas empiece a recitar el famoso monólogo…

Goebels es muy feo. Da mucho miedo. Sólo le faltan una dentadura de oro para ser el malo de una peli de 007 en la época de Sean Connery. Es alto y espigado, justo lo contrario que el Goebels real, que era un enano de aire alegre y malvado. Los ojos de este actor, cuando habla, parece que se le hunden y le vuelven a salir, como si fuesen de cristal. Ahora mismo que escribo esto no tengo ni idea de quién dirigió tal engendro. Vuelvo a poner el partido. Voy al baño. Cuando vuelvo me encuentro otra vez la película. Ahora se ve a un tipo como hipnotizado mirando a la pantalla. Sonido de serrucho. Está amputando una pierna. La sangre riega todas las batas blancas. El Celta no pasa del empate. Una pena.

2 comentarios:

conde-duque dijo...

Qué final:
"Ahora se ve a un tipo como hipnotizado mirando a la pantalla. Sonido de serrucho. Está amputando una pierna. La sangre riega todas las batas blancas. El Celta no pasa del empate. Una pena."
Tendría que ser el principio de algo.

El Viejo Fettes dijo...

Me recuerda a la entrada en los diarios de Kafka cuando comenzó la 1ª Guerra Mundial, algo así como "Alemania ha declarado la guerra a Francia. Esta tarde he ido a nadar"