20/1/10

Miedo, ira, hambre

Me gustaría sentarme a escribir como quién se sienta a pelar mazorcas de maíz, con indiferencia y hasta cierta desgana. A veces supongo que es así, cuando está uno cansado. O cuando lo escrito el día anterior nos parece una caca. Pero si lo escrito hasta ese punto está bien, o incluso muy bien (sí, hasta los mediocres tenemos algún día bueno), entonces uno se acojona un poco y no sabe cómo seguir. Hablo de una novela, o un relato. ¿Cómo atreverse a estropear algo que hasta ese momento estaba bien? En fin, esas dudas idiotas. Me acuerdo a veces de una frase del cantante Raphael (un dios para mí): "Cuando entro en el escenario, al principio, tengo miedo, y ese miedo, según avanza la actuación, se va transformando en ira y pasión". Desde que lo vi en directo en Riazor me creo la frase. Es literal. El tipo es un tornado. Pocas veces en directo vi nada más auténtico. Sólo faltó que al final cayera fulminado por un rayo al cantar la última nota de la última canción, justo cuando se pagaran las luces. Hubiera sido perfectamente coherente con el resto del concierto. Nosotros, tan indies, alternamos, durante las tres horas que duró, la carcajada estupefacta con el asombro emocionado. No nos creíamos lo que estábamos viendo. Cautivados quedamos, para nuestra sorpresa.

Volviendo al tema. Ya no tengo tema. Supongo que no hay que darle muchas vueltas a estas cosas.

***

Vuelve ella de trabajar y escucho cómo sube alguna persiana. Debería entrar y darme unas bofetadas porque miro la pantalla hipnotizado. Ya es la hora de comer. De fondo siempre ladra un perro. Una vida así, qué desperdicio. La pantalla en blanco y un chucho ladrando en alguna parte.

Escribo con la persiana de este cuarto bajada. Escribo con la persiana bajada porque me parece que si las subiera en cualquier momento al volver la cabeza hacia la ventana podría ver a un tipo mirándome con los ojos muy abiertos, apoyado en la repisa. Un tipo fatal, un testigo de mi inutilidad. Es improbable, pero los temores no funcionan como un cálculo de probabilidades.

El otro día se me ocurrió un título para este diario. Antes de publicar En busca del tiempo perdido (título provisional de un proyecto) soy un escritor antes de nacer. Un escritor de ultracuna, como diría Unamuno. Citar a Unamuno desanimará a todo posmoderno. Qué se le va a hacer.

Estoy salivando, tengo hambre, son las dos y pico.