15/11/09

Invierno

Cuando llega el momento de los aplausos cada uno se aplaude a sí mismo, por todo lo que se ha pensado mientras el solista tocaba el piano.

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Llovía tanto y tan torcido y con tan mala leche que todo el mundo chorreaba y las mujeres parecían embadurnadas de pegamento en los escotes. Y con la piel de gallina y los labios morados.

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No está permitido eructar ni tirarse pedos pero en cambio el que más y el que menos se pasa medio concierto tosiendo como un tuberculoso y es el mismo individuo el que insiste una y otra vez en toser hasta el último esputo, el que se erige gran tosedor de la noche, convenciendo a una docena de tosedores más que le hacen coro de fondo. Por eso podemos decir que los cuarenta euros del concierto nos dan la posibilidad de asistir a dos conciertos; uno en el escenario, donde un japonés con flequillo de pianista toca el piano con el misterio con el que se gritan las ballenas, y otro, que proviene de la oscuridad de la zona de butacas, donde un solista tosedor (que alcanza momentos grandiosos con sus ladridos de pulmón y bronquios encharcados de nicotina y moco), repasa un repertorio que ya hemos oído antes pero nunca con esa potencia estremecedora y ese desgarro de tejidos imaginarios, seguido por ese coro griego de tosedores que desde distintas partes del universo de butacas elevan si cabe un poco más todo el dramatismo de la representación.

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Nada más comprobar que el pianista no vuelve a salir para doblar el espinazo ante los aplausos ni para seguir tocando, muchos corren al baño evitando ver a nadie conocido por el camino. Cuando vuelven traen un aire de indiferencia extraño, como si conociesen el futuro de todos nosotros y les diese un poco igual.

7 comentarios:

BB dijo...

Simplemente, genial.
Yo,abonada, recalcitrante, a esos
dos conciertos que describes
tan bien, me pregunto: por qué
se guardarán sus catarros para
estrenarlos en el teatro?
Y, ciertamente, se aplauden a sí
mismos por haber soportado tanto
rato ese suplicio al que, malamente, se someten...
Un abrazo
BB

conde-duque dijo...

Ladridos de pulmón y bronquios encharcados de nicotina y moco... Puaggg, muy gráfico.
Tendrías que hacer algo con el tema del mundo de los conciertos. Ya te he leído varios y son buenísimos.
Una novela o algo. Cada personaje de la orquesta, el director, el público con sus "tipos" (el tosedor, el sabihondo...), etc. Te podría salir una galería de retratos espectacular.

Miguel Baquero dijo...

Que le dé alguién un caramelito de limón al puñetero tosedor

Portorosa dijo...

¡Qué va, el caramelito es peor! Que yo no sé por qué la gente va a los conciertos y las conferencias a comer caramelos. ¡Seguro que en todo el día no toman ninguno, y luego allí...!

Maba, hacía mucho que no venía. Tanto, que no recordaba lo bien que escribes :)

Un abrazo.

M. dijo...

"Cuando llega el momento de los aplausos cada uno se aplaude a sí mismo, por todo lo que se ha pensado mientras el solista tocaba el piano".

Acojonante.

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Unas botellas antes de Navidad? Estoy regenerado, no temas. Llevo sin pisar el bar casi una semana.

Mabalot dijo...

Gracias BB. Supongo que los acatarrados podrían justificarse diciendo que el tiempo era de perros. Pero da igual; en verano también se presume mucho de tos. La tos da cierto aire de mala vida, de bohemia, de escaso cuidado en la salud, casi de despreocupación generosa. Toser está de moda.

Casi prefiero a los que van a merendar al cine.

Saludos a todos. Abrazos. Mil gracias por los generosos comentarios.

Manuel; no me creo que estés regenerado, pero da igual. O quizá mejor. Nos tomamos algo. Si vienes por aquí algún día dame un toque. Si bajo yo a P. te aviso.

BB dijo...

M: ni que estuvieras describiendo
a la Mimi, o a Violeta, que tanto
tosieron...
Tampoco me gustan los que meriendan. Ese crujir de las
cubiertas de golosinas, o de
dientes...ufff!!!
Besos
BB