19/1/08

El tipo de barba blanca

Cierto día de Marzo del año 2005 uno estaba en Narita, el aeropuerto internacional de Tokio. Volvía a Europa después de unas semanas oyendo japonés de la mañana a la noche. Ya casi me había acostumbrado a no entender nada de nada, incluso ya empezaba a familiarizarme con algunas combinaciones de sonidos. Lo que no consiga la costumbre... Mientras la familia deambulaba por las galerías comerciales infinitas observando con detenimiento platos de cera que imitaban a la perfección a sus homólogos comestibles, me fijé que alguna gente se acercaban a la baranda que daba a la planta inferior, una galería enorme donde se situaban las terminales. Señalaban abajo. Entre el montón de personas con sus carritos de maletas había un buen jaleo de fotógrafos y cámaras y curiosos rodeando a un barbudo de visera que se agitaba mucho y parecía estar de mal humor. No me hizo falta pronunciar a alguna oreja de los alrededores el Eskiusmi, ju-is-ji? inglés o el Sumimasen, dare-desuka japonés; Bobby Fisher escuché que alguien pronunciaba. Aquel barbudo era Bobby Fisher. Le había perdido la pista con algo que había dicho del atentado de las Torres Gemelas y me lo imaginaba en ese limbo de tarados de división de honor en el que muy de vez en cuando ingresa alguna celebridad. Una antesala, más bien puñetera, del que pasará de vivo a mito.

Hasta desde arriba veía a un tipo grande, poderoso, desgarbado. Una barba blanca que no le disminuía el aspecto de adolescente con artrosis que todo yanqui mayor suele tener. Recuerdo unas sandalias y los faldones de una camisa de tela vaquera saliendo por debajo del jersey. Después me enteraría que llevaba ocho meses detenido en Japón y temiendo ser deportado a EEUU, que lo querían cazar por jugar al ajedrez en Yugoslavia, cuando no se podía porque era época de genocidios, bombardeos y cosas así. En el momento que lo veía debía estar cagándose en el presidente de Japón al que llamaba criminal, etcétera. Con razón; a Japón le salieron tantos chapuceros corruptos como primeros ministros que ya parece un país latino. A Fisher le salvaron los islandeses que le proporcionaron la nacionalidad y la posibilidad de salir del país del sol naciente camino de otro lugar que no fuera la cárcel allá en su país de origen. Islandia, digamos, que lo adoptó, como esa profesora valiente y decidida que se crece con el alumno conflictivo.

Había ganado el campeonato del mundo de ajedrez en 1972 (en Reikiavick) contra Spassky, dejando a los soviéticos bien jodidos y en plena guerra fría, y sobre todo, más importante todavía, se había ganado a la afición, que veían en los ajedrecistas a unos tipos grises y aburridos que era difícil distinguir de las banquetas en las que sentaban a pensar.

Un cerebro humano, por fin. Un cerebro con sentimientos, lleno de miedos, de arrebatos. Un cerebro con cagalera a veces. El ajedrez se humanizaba. Después vendría Deep Blue, la tostadora ajedrecista. Me recuerda a Glen Gould, otro que también estaba en las alturas y que tuvo vértigos. Como diría el borrachín de Bukowski; “Qué fácil ser poeta y qué difícil ser hombre”.

11 comentarios:

conde-duque dijo...

Todo un personaje, este Fisher.
Creo recordar que había una peli muy mala sobre su vida, ¿no?
Muy buen retrato, como siempre.
"El aspecto de adolescente con artrosis que todo yanqui mayopr suele tener": lo has clavado.
Boas noites.

Mabalot dijo...

Muy mala, creo recordar yo también. Parece el típico caso de genio de algo que es un absoluto inocente para el resto de las cosas de la vida. Inocente, ignorante...

M. dijo...

Qué pasada Fischer... No entiendo papa de ajedrez, pero le sigo la pista precisamente desde ese momento en que tú lo viste, cuando deambulaba de país en país evitando la extradición a Estados Unidos. Desde entonces hasta hoy publicó Leontxo García en El País dos o tres reportajes memorables sobre él (lo llegó a conocer, lo trató, pero nunca le dio la entrevista soñada). Me atrajo el personaje, y leí bastante sobre él. Exacto lo que dices de él, Mabalot: un genio absoluto despojado de un manual de instrucciones, aun básico, para la vida. Saludos

Mabalot dijo...

Rafael Reig:
"Bobby Fischer estaba como una cabra, pero era el mejor jugador de ajedrez vivo. Confirma la idea de Unamuno que, cuando le preguntaban si el ajedrez desarrollaba la inteligencia, decía que sí, sin duda: pero sólo desarrolla la inteligencia para jugar al ajedrez. En todo lo demás, Bobby era un mentecato colosal. Sus partidas, en cambio, son imperecederas."

Es un gran artículo el de Reig. Al parecer, por una vez leo algunos comentarios de un artículo del periódico, ponen a parar a Reig. Qué susceptibilidad...

Un saludo, manuel.

Aquí el art.:
http://www.publico.es/038547/whisky/memoria/bobby/fischer/ajedrez

conde-duque dijo...

Leí esta mañana el artículo de Reig (enlazado desde su blog) y enseguida le comenté (en su blog) lo genial que me parecía. De verdad que me parece de los mejores homenajes que he leído en mi vida.
Cada vez me gusta más como escribe este hombre. Es más, su blog, que trata supuestamente de menudencias y cosas sin importancia, me parece de lo mejorcito que se puede leer en Internet ahora. Frente a tanto cursi o escritor pedante hablando, este tío hablando de su hija o de unas cañas es una gozada. La vida en directo. Y mucho menos superficial de lo que aparenta.
Por lo que has dicho tú, he ido ahora a leer los comentarios al artículo y la verdad es que lo flipo. La única conclusión que puedo sacar es que la gente es rematadamente imbécil, no se enteran de nada...

Mabalot dijo...

El artículo de Reig está muy bien (hasta me parece que escribió un libro sobre él, una especie de biografía). Habla desde el conocimiento y con emoción. Sigo pensando que el sabe sentir sabe decir. A lo que iba; lo alucinante del asunto es lo que te comentaba, la gente diciendo unas estupideces tremendas en los comentarios, poniéndolo a parar cuando es evidente que el artículo homenaje no puede ser más cariñoso y admirativo.

También creo que quedarnos con que son imbéciles no me sirve como explicación; si acaso no somos más listos que nuestros padres, pero tampoco más imbéciles, al menos en general. Digamos que parece una exageración de lo políticamente correcto; una especie de pesadilla kafkiana producto de esas leyes no escritas que nos dicen ahora lo que está bien y lo que está mal.

Lo cursi tonto parece el estado del ser ahora mismo. Deberías escribir, filósofo, algo sobre este humano ultrarrespetuoso censor que aflora por todas partes.

O será que nos hemos vuelto imbéciles, así, sin más...

Mabalot dijo...

Sigo poniendo parar donde era parir: PARIR...

Miguel Sanfeliu dijo...

Sin duda, un genio. Un ser excepcional. Sus partidas son obras de arte.
También era un excéntrico.
Y estoy de acuerdo con lo que decís del blog de Reig.
Saludos.

Miguel Sanfeliu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Portorosa dijo...

No me ha gustado menos este post que el artículo de Reig, Maba, te lo digo en serio.

Un abrazo.

Mabalot dijo...

Gracias, Porto. Para mí es un placer que me leas, y no digamos si te gusta lo que teje uno aquí.

Un abrazo.