1/6/07

La teoría del tocho

"La cosa en sí" es el tomo 14 de Salón de pasos perdidos (Una novela en marcha), los diarios de Andrés Trapiello. Y con él estoy; setecientas y pico páginas, aunque el tomo engaña un poco, pues acostumbrados al papel de antes, más grueso, pensamos que este tomo es menos voluminoso, y no. Papel más fino, para que de seguir este ritmo (ojalá) sea viable meter la obra completa de Trapiello en una vivienda, como el que no se compra una nevera más grande por no cogerle en la cocina.

Si bien a veces se habla del libro tocho como de una perrería del autor para con el mundo, y que lo bueno breve dos veces bueno, hay que decir, tengo que decir, que el tocho, lo tocho, la cosa en sí tocho, es siempre relativa; hay tochitos (tochos reales) de cien páginas en los que uno se arrastra como por el fango, con los pantalones mojados, y en sueños, que es cuando menos se alcanza lo que perseguimos y cuando más desesperación causa, y otros tochos (tochos aparentes), que se leen como con prisa, como si el autobús se nos escapara a la vuelta de cada página. Y este tomo, como todos los que he leído, creo que todos, es de estos últimos, un tocho aparente, y un peligro, que nos roba el tiempo de sueño, de estudio, de trabajo y hasta de váter.

Por ejemplo, ayer, en un respiro que me tomo de vez en cuando en el váter, asistí al funeral de Carmen Martín Gaite (que es una C), y vi a Sánchez Ferlosio (una F), con la camisa por fuera y una corbata negra "que parecía el banderín de un barco pirata, como un guiñapo que le caía en el pecho", y bueno, se siente uno raro, sobre todo en el váter, leyendo un entierro y metiendo la cabeza en la vida de una persona viva, que en el momento que leemos seguirá haciendo más o menos lo que nos cuenta. Nos vemos a nosotros mismos como en un globo vaporoso flotando sobre la cabeza de Trapiello y observando como lechuzas sus movimientos y sus conversaciones y su intimidad. Un poco como la vecina loca que espía a todo el mundo a través de la mirilla de la puerta y se pasa el día y la noche en la ventana, observando al personal.

El rastro de Madrid sale tanto en estos diarios como su casa, sino más. Si Spielberg quisiese llevar estos diarios a la pantalla grande mucho rastro iba a tener que sacar. Es la parte que más recuerda a Ramón, y a uno de sus mejores libros, El rastro.
Y ya entrando en "La cosa en sí" diré que lo disfruto como todos los anteriores, pues es siempre el mismo libro el que escribe Trapiello, y es el mismo libro el que queremos leer. Las críticas podrían ser intercambiables, sino se entra en detalles o pasajes concretos; lo que se dice para el tercero se dice para éste. Quizá alguna que otra entrada (pocas) en las que se mete en camisas de once varas filosóficas (su mujer empieza a estudiar filosofía) y se lee con menos gusto, pero en general estamos ante un maestro del retrato, muy bien aprendido de Solana, y de Baroja, de Galdós, y del relato, pues así podemos leer muchas de sus entradas, como relatos magníficos.

No aburren los rifirrafes literarios porque la mala baba se convierte en prosa de primera y porque le salen casi sin querer, creemos, unas venganzas divertidas y hasta bienhumoradas. Un tono entre malvado y festivo, del que casi siempre carecen en sus críticas los que odian al personaje Trapiello. Mientras él sufrirá como un niño al que le llaman feo, una mala crítica, nosotros nos lo pasamos bomba. Los premios literarios y los recitales de poesía son a Trapiello lo que los conventos, curas y monjas a Solana, el resorte que provoca los mejores pasajes, los más tronchantes y satíricos. Ahora, no querer ver lo que cuenta no hace sino confirmar los retratos que se hacen del mundillo literario, donde la estupidez más ridícula está tan presente, afortunadamente, pues así es mucho más fácil no tomarse en serio nada ni a casi nadie.

De ahí ese odio cerril que le profesan a este hombre algunos, cosa un tanto exagerada, y que me parece tiene que ver con la importancia que el mismo Trapiello le da a sus "enemigos", volviendo a ellos con más frecuencia de la que haría falta, y que seguro no disgusta a más de uno, cabreados insignificantes y galopantes que colman sus aspiraciones vitales siendo el blanco de sus dardos, o de los dardos de alguien. Dirán a sus nietos con un volumen de estos diarios; mira este que ponen aquí a parir soy yo.

Y para acabar la crónica de esta lectura en proceso recordaré una cosa que no se tiene muy en cuenta cuando se habla de Trapiello. Tiene el tío mucho talento para los títulos. Quizá "La cosa en sí" sea uno de los menos afortunados, pero el resto son muy buenos. Por ejemplo, ayer me topé en este diario con el título de un proyecto, o libro acabado (pero que no publicó todavía) y cuyo título será "Lances de libros viejos". Con ese título no puede ser malo el libro, sea lo que sea.

11 comentarios:

Edmundo Busoni dijo...

Señor Mabalot:

le planto el enlace a dos conferencias que su admirado Andrés Trapiello García impartió este invierno en Madrid. Para mi gusto son bastante plomizas (como todo lo que sale de la pluma de este diarista), pero estoy seguro de que Ud. y la distinguida concurrencia de este blog sabrán disfrutar de ellas:

http://www.march.es/conferencias/anteriores/Buscar.asp?IdParticipante=3298

Y por cierto, que el señorito Trapiello exagera bastante en el prólogo de "La cosa en sí" acerca de la tesis sobre su obra que frustró Santos Sanz en la Universidad Complutense. Bien sabe Andrés Trapiello que Eduardo Martínez Rico tiene publicado un artículo sobre sus diarios en:

http://www.ub.es/ebfil/ueb/memoria6.htm

Santos Sanz Villanueva desaconsejó al incauto doctorando escribir una tesis doctoral sobre un tema del que ya había tesina. Sin duda Trapiello piensa que su obra es merecedora de que infinidad de doctorandos se vuelquen sobre ella. Afortunadamente, hay directores de tesis que piensan lo contrario.

Un saludo.

conde-duque dijo...

Genial como siempre, Mabalot. Hasta yo, de natural antitochos, podría asumir tu teoría del tocho sin rechistar. Si fuesen todos como los diarios de A.T., una continuación del río de la vida (se para nuestra vida, pero vivimos mucho más leyéndolos).
Por supuesto, Trapiello es un maestro del retrato y del relato.
Y sí, el Salón de pasos perdidos es un peligro, un peligro gozoso, "que nos roba el tiempo de sueño, de estudio, de trabajo y hasta de váter."
Quizá no tengo tan claro que los mejores pasajes sean sobre el mundillo literario. Aunque a veces tiene mucha gracia y es divertido, otras -para mí- se demora demasiado (todo depende de lo que te interese el mundillo).
Un saludo.

Mabalot dijo...

Lo raro sería que Trapiello, o cualquier otro que dedica su vida a algo no quiera que se le reconozcan de la manera que sea lo que hace. Hasta el que limpia los ventanales de un rascacielos quiere que le digan; coño, qué bien se ve el horizonte ahora, y qué cojones tienes de colgarte de tanta altura.

Qué puede aburrir; sí. Yo no me leo el cien por cien de sus diarios; 14 tomos por quinientas páginas de media hacen una cifra escalofriante. Alguna cosa nos saltamos. A fuerza de correr por las páginas sabe uno cuando puede saltarse algo sin riesgo de perder cosa "importante". Y que puede aburrir en una conferencia, también me lo creo; en una conferencia aburre casi todo el mundo, hasta el bufón que come mierda de perro para que despierte el personal y se horrorice.

Sr. Busoni, este Trapiello, le guste o no (y sigo pensando que le tiene tanta tirria por algún tema personal, ajeno a lo literario estrictamente), es un gran escritor. Qué "Salón de pasos perdidos" es la gran novela de estos tiempos y que va a quedar como quedan y se leen la obra de Baroja, por ejemplo, pues sospecho que sí, y yo no gano nada con ello, a no ser el buen rato, muy buenos ratos, de lectura que me proporcionan sus diarios. Sus novelas; ahí ya me interesa menos, qué se le va a hacer.

En esto de los libros soy un egoísta total; el que no me aporta, placer de lectura o información (y a poder ser ambas al mismo tiempo), lo mando al cuerno. No le debo nada a Trapiello, ni dinero ni favores, y solo me atengo a defender lo que me parece una gran lectura, en este caso sus diarios. Ahora, entiendo que si alguien se sintió ofendido por alguna cosa que pudo escribir o hacer, entiendo, digo, que se le tome manía, pero sinceramente no veo que este tipo suelte espuma todo el rato en sus libros, como a veces se da entender.

Es más ,me sorprende que tenga tantos enemigos. Una cosa se concluye de esto; lo lee todo dios. Unos por el gusto de leerlo; otros por ver si sale bien retratado, y los de más allá por saber qué "maldades" soltará está vez de ellos en esos tomos.

Gracias por los enlaces y el comentario, Sr. Busoni, y, sus razones tendrá sobre este caso, pero le animo a que se desfogue en su blog sobre Trapiello. Aunque solo sea por el supuesto efecto catártico que produce la escritura.

Un saludo.

Mabalot dijo...

No, Conde, no, quizá me explico mal; los mejores pasajes no son los del mundillo, a veces son bastante aburridos; pero cuando se viste de Solana y empieza a retratar el ambiente ese y los peleles que leen sus poemas o exponen sus cacas contemporáneas, lo hace con una gracia que sobresale sobre otras partes del libro.

Sabemos que hay mucho tío ridículo en esto de la literatura, por eso que cuando les saca brillo nos mondamos. Aún siendo el mismo, claro, me parece que Trapiello podría ser solanesco en las descripciones del mundillo literario, a eso me refería, barojiano en sus paseos y en el encogerse de hombros ante las chorradas literarias (tipo poeta mística y artista de perilla), ramoniano en sus paseos y descripciones del rastro, de objetos... y galdosiano en el fondo siempre, en su huida hacia adelante, en la prosa natural como la respiración.
Mézclese según arte, que dice el tío.

conde-duque dijo...

Ah, vale, ahora sí capisco.
Muy buen resumen: solanesco con los otros escritores, barojiano en sus paseos, ramoniano por el rastro... y galdosiano en el fondo siempre. Sí, y juanramoniano cuando se pone a buscar poesías en mitad del campo (Las Viñas).
PD: todavía no he catado la cosa en sí. Culpa de Berkeley y de la Biblioteca.

Mabalot dijo...

Verdad; juanramoniano en Las Viñas.

Sí, la verdad es que se toma más en serio la filosofía, o la quiere tener más en cuenta, aunque sospecho que la errata con Berkeley es uno de esos errores que delatan casi simbólicamente algo más. Ahora no puede uno meterse como un elefante en una chatarrería en el cuartucho hermético de la filosofía, a opinar de esto y lo otro como quien habla de fútbol; es posible que antes un Baroja pudiese entrar en estas cosas, porque era entrar en Nietzsche, Shopenhauer, y hasta en Hegel, pero ya no metía la cabeza en un Kant y así, porque no acababa de entenderlo (lo dijo) y se abstenía. Ahora la filosofía está más en las estepas, en las alturas, y parece no querer dejarse alcanzar por el que la busca y no es un profesional. No sé; eso me parece.

Puedes coger este libro en Caja Madrid; Obra Social CM. No hace falta tener ninguna cuenta, solo sacar el carnet de estas biobliotecas. El tomo que tengo yo lo trajeron es dos días desde Vallecas, el único que hay. Cuando lo devuelva volverá a Vallecas. Ya sabes, date de alta ahí...

conde-duque dijo...

Bueno, es que cuando Baroja se pone a filosofar (aunque sea de Nietzsche o Schopenhauer) dice algunas tonterías tremendas. Cuando no son burradas, son simplezas. Alguna vez también acierta, pero pocas.
"El árbol de la ciencia", que es quizás su obra más reconocida (y que está claro que es una buena novela), a mí siempre me ha molestado un poquito por esta razón (utiliza -a veces malentiende e incluso manipula- a estos filósofos, sobre todo a Nietzsche). Quizá lo leyeron en malas traducciones, no sé.

No me he enterado en qué consiste eso de Obra Caja Madrid. ¿Desde Vallecas te la mandan?

Mabalot dijo...

Sí, no te falta razón. También es verdad que cuando acierta lo dicho queda muy bien dicho, más en el suelo; lo teórico elevado desciende a la calle, a la taberna, y a veces sin faltar a la idea.

Hacen gracia esas simplezas, aunque a ti te molestaran por lo que te tocaba.

Decía que te dieras de alta como socio en la Red de bibliotecas Caja Madrid; y solicitas el libro de Trapiello.

Aquí el libro, cogido por mí:
http://bibliotecas.obrasocialcajamadrid.es/search*spi/Ytrapiello&SORT=D&submit=/Ytrapiello&SORT=D/1%2C37%2C37%2CB/frameset&FF=Ytrapiello&SORT=D&submit=&3%2C3%2C

zbelnu dijo...

Debo confesar que ese escritor no es "my cup of tea", ni siquiera como articulista. Pero me encanta la foto que has puesto. BTW, muchísimas gracias por tirarme flores al descapotable, pero uf... espero que al menos fuera un coche viejo.

conde-duque dijo...

Mabalot, yo creo que el mejor título para el nuevo blog sería el de tu post de Azorín: "A trancas y barrancas" (yo nunca digo "a trancas y a barrancas", ¿por ahí cómo lo decís?). De todas formas, seguiré pensando.

Mabalot dijo...

Buenas, zbelnu, que siempre me suena (lo siento) a belcebú, no sé porqué. Nada tiene que ver contigo, es la abreviatura y cierto mecanismo mental averiado o fantasioso.

Conde; pues título cojonudo. Y además sacado de Azorín. Aquí decimos, y la forma oficial creo que es "A trancas y barrancas". Si se te ocurre otra cosa, adelante. Ahora había que calibrar el subtítulo; pero puede ser una cita de Solana, o algo que nos vaya bien. A ver si nos echa una mano CaSTELLOTE con el manifiesto, por lo menos apuntándonos algunas cosas que no haya que olvidar.