13/6/07

Doem-me a cabeça e o universo

Un 13 de junio como hoy, pero de 1888, nació Fernando Pessoa. Es de los pocos escritores que recuerdo la fecha de nacimiento exacta. Por supuesto, Pessoa era un mundo aparte, que tomaba la forma de poeta a veces y ensayista, o narrador, o crítico. Más que escritor era un precipicio; un precipicio engrasado, o el hueco de un ascensor sin ascensor. La mayoría de las lecturas que nos llevan al infierno son en ascensor. En Pessoa damos un paso adelante y... ya estamos cayendo, sin apretar ningún botón.

El Livro do desassossego siempre me ha sentado muy mal. Por eso apenas lo frecuento, porque me desordena el alma, o esas sustancias químicas que la sustituyen ahora, lo que a fin de cuentas viene a ser lo mismo, más o menos. El caso es que salía uno a la calle acojonado, viéndolo todo como por primera vez, sospechando hasta de los chuchos, y mi novia me decía que estaba muy raro, que bebiese más. Ahora está uno más curtido e insensibilizado y ya no me haría el efecto que tenía cuando era un chaval. Como en aquella canción de Golpes bajos:
No mires a los ojos de la gente
me dan miedo, mienten siempre
No salgas a la calle cuando hay gente
¿Y si no vuelves? ¿Y si te pierdes?
Puede que sea un crimen poner aquí, en este pequeño recuerdo del nacimiento de Pessoa, unos versos de Coppini, pero qué más da. Pessoa ya tiene estatua, en el café A Brasileira, en el Chiado, donde los poetas y los profundos en general posan para una foto colgados del cuello de la estatua como chimpancés poniendo unas caras de estar pensando en algo terrible. Llevó la vida más triste que nadie pueda tirarse a la cara. Sólo, pobre, borracho, lúcido y portugués. Al igual que los gallegos, los portugueses llevan el sello de la melancolía tatuado en una teta, en el pecho quiero decir; es como un sello de discoteca incómodo que hemos de ir borrando para hacernos la vida menos indigesta. Y casi nunca puede borrarse del todo; antes aún es más fácil borrarse un tatuaje con saliva.

Dejó un baúl lleno de papeles, y según se van sacando y entendiendo se van haciendo libros. Era un misterio este tipo, que además era varios tipos, todos atrapados en el mismo cuerpo menudo y estropeado. Pego un fragmento del Livro:
"Era a ocasião de estar alegre. Mas pesava-me qualquer coisa, uma ânsia desconhecida, um desejo sem definição, nem até reles. Tardava-me, talvez, a sensação de estar vivo. E quanto me debrucei da janela altíssima, sobre a rua para onde olhei sem vê-la, senti-me de repente um daqueles trapos húmidos de limpar coisas sujas, que se levam para a janela para secar, mas se esquecem, enrodilhados, no parapeito que mancham lentamentamente."
Hay una frase muy atinada de Pessoa sobre sí mismo: "Doem-me a cabeça e o universo."

8 comentarios:

conde-duque dijo...

Pues a mí no me deprime tanto el Libro del desasosiego. Supongo que depende del estado de ánimo de uno, pero en principio me pasa como con Cioran: lo leo como quien va de safari por una ciudad apocalíptica (en este caso, la mítica Lisboa de principios de siglo). Me encanta ese aforismo: "El corazón, si pudiese pensar, se pararía". Cuando era un postadolescente triste y pesimista, estos tipos me salvaban de toda idea de suicidio, o casi. Me daban apoyo. Eran de los míos.
No te olvides de seguir indagando en su vertiente esotérica-criminalista, que aquí yo sigo con Conan Doyle. Ritmo muy lento, pero seguro.

francisco aranguren dijo...

En general estoy de acuerdo: "Pessoa es un precipicio". Es tan triste (y bello) como un fado, como Lisboa. Sí. Aunque creo que "El banquero anarquista", por ejemplo, es menos pessoado. Es curioso viajar a la cercana capital de Portugal y recorrer los sitios donde comía, donde compraba sus libros, su casa, el balcón desde el que miraba a su vecina...su famoso retrato en el Museo. Pessoa se ha convertido en un reclamo turístico también, para quienes, pertrechados con sus libros, se sientan en los cafés a leer sus poemas. Como en Pamplona el mes que viene, cuando empiezan a llegar el dia seis los jóvenes americanos, sin un duro en los bolsillos, pero con su Fiesta bajo el brazo, dispuestos a seguir las peripecias de Hemingway.

Alfonso dijo...

No voy a añadir nada a lo que decís de Pessoa con tan buen tino, porque las palabras se me quedan en algún órgano interior cuando lo leo (quizás en el órgano que lleva escrito "Lisboa" en algún lado), pero sí os recomiendo una web del gobierno brasileño, http://www.dominiopublico.gov.br/pesquisa/PesquisaObraForm.do, desde la que os podéis descargar bastantes obras de Pessoa en pdf y en portugués (también hay otras obras en portugués y en otras lenguas, sólo hay que pasar un ratito para encontrar algo bueno). Por cierto, que parece que esta web la quieren cerrar porque tiene poco uso...
Un saludo

Azófar dijo...

Buena entrada. A mí el Livro do desassossego de Bernardo Soares me gustó hace unos años, pero me pareció bastante irregular, como mucho de lo que he leído hasta ahora de él. Me quedo con fragmentos y poemas sueltos de Pessoa y Álvaro de Campos (Reis y Caeiro me agradan bastante menos, y de heterónimos menores no he leído nada).
En general en Pessoa hay algo de esotérico que me espanta (en el sentido español de la palabra). Quizá, al margen de partes excelentes de su obra, el propio personaje que supo construir sobre sí mismo sea lo más atractivo, su juego con la alteridad y la saudade, etcétera. Y sí, Pessoa es también el tipo ese de bronce que hay en A Brasileira (frente a la más interesante escultura de Chiado) en el que los turistas se hacen la foto.
Un sitio interesante, ya que habláis de Pessoa (creo que me voy a ahorrar una entrada en mi blog, Mabalot), es la Casa de Fernando Pessoa, ubicada en una de las muchas casas en que vivió: http://www.casafernandopessoa.com
Salud

Mabalot dijo...

Pessoa era una excepción en esto del apoyo que proporciona un Cioran (con el que disfruto, de esa hiel...)o uno bastante amargado, Bernhard, Celine... Pessoa tenía ese efecto extraño en mí, de joderme el ánimo, aunque lo leía mucho, quizá por puro masoquismo. Y ese aforismo me encanta también, Conde; estuve a punto de ponerlo.Sigo indagando. Quizá cuelgue aquí un fragmento de garcía Martín que alude al tema, aunque no estoy tan seguro que ese asunto concreto de más de sí.

Sí, Francisco (bienvenido, ya pasaré por tus blogs, que desconocía y que parecen muy interesantes) en el lado famosete y turístico de Pessoa no quería entrar demasiado; es gracioso, y en el fondo cae todo el mundo. Claro que interesa conocer esos barrios y calles de un autor que admiramos, pero sin pasarse de rosca. Mitifiquemos más un libro, y ni eso, que un autor. No sé qué me da, de insano, y de ridículo. Gracias, Francisco. Un saludo.

Gracias, Alfonso, pasaremos por ahí a ver si no la cerraron. Un saludo.

Azófar; te esperaba. La avanzadilla en Lisboa. El Livro do desassossego no es un libro, a pesar de su nombre. Es un mantel de cuadros, una persiana, pero no un libro; son fragmentos dispersos encontrados en una servilleta, una factura, a parte de atrás de una carta comercial; es decir, tenía la intención de hacer un libro, sí, pero está muy lejos de serlo, no porque no esté acabado, que también, sino porque eso nunca se acaba, es paradójico, y nunca se convierte en libro. Es en sí mismo un anti-libro. Y claro, depende por donde lo cojas es una cosa o la conttraria.
Entiendo lo que dices del esoterismo. Entronca un poco con el decadentismo y esoterismo de Poe, con el que tan relacionado estaba Pessoa, o alguno de los Pessoas.
Sabes, la casa de Pessoa la conozco por fuera; nunca pude entrar, me coincidió mal, supongo, y estaba cerrada.
La próxima vez no me la pierdo.
Azófar, un saludo.

Portorosa dijo...

Para mí, ese no-libro es uno de los libros que más me han gustado/impresionado/deslumbrado/desanimado en mi vida, una obra maestra de la literatura, y aun del pensamiento, universal.

Toma.

Un abrazo a todos.

Mabalot dijo...

Sí, Porto. Pero no es un libro que desanime; yo no querría escribirlo, solo por no tener que pasarlas putas ni un 5% de lo que las pasó putas este tipo.

Si se da el caso cada uno escribe sus libros, los que le tocan a cada uno, los que salen de la vida de cada uno. De la tuya, de la mía... Yo con leerlo me basta, y aún así ya ve que en determinada época me tocaba bastante la moral. Es descarnado, y desgarrado, en ese sentido tan cristiano, de torturado, con un YO omnipresente clavándose agujas...

El problema de Pessoa es que no se pudo librar de sí mismo ni un minuto, ni siquiera cuando escribía, o sobre todo cuando escribía. Beber, en cambio, algo le ayudaría a calmar a la fiera...

Portorosa dijo...

No sé si desanimado expresa bien lo que quería decir. Digamos que te pone delante, con toda la lucidez, toda la tristeza de una vida sin alegrías.

Un abrazo.