18/12/06

¡Figuraos! ¡la centrifugación de los odios!


Algunos dirán; esta es la historia de un blablabeante. De un pedazo de nazi, de un antisemita, de un cerdo que no se lavaba, de un mujeriego, de un escritor, de un histérico, de un médico/ letrina. Pues sí. Puede ser, yo sé tanto como ustedes, lo que sabe todo el mundo; todo el mundo es ese tipo al que paramos por la calle y le preguntamos algo, desesperados, agarrándolo de las solapas de su gabardina, hijoputa, qué dice, diga, y nos mira con horror y no dice nada. Se calla. Ese es todo el mundo.
Louis Ferdinand Destouches tenía una madre que se llamaba Céline, y se lo robó, el nombre. Es otro escritor cabreado. Al lado de éste Bukowski es Papá Noel. Tuve una época en la que leí a casi todos los cabreados; coincide con ese momento (que cada quién lo planté en los años que quiera) en la que uno aún se mata a pajas y ya sabe que algún día la palmará, o que su mamá la palmará, que es peor.
En esta foto parece que le duele la cabeza, tiene migrañas, zumbidos en el oído, le duele la guerra. Está hasta los mismísimos de todo y de todos. En esta foto de arriba ya fue pecho lobo del nazismo en le France, y ahora es un apestado; ¡Capullo! ¡maleta! ¡payaso!. Antisemita, me cago en todo lo que se menea. Pero el jodío también fue un niño, como casi todo el mundo; un niño bueno, que hizo la primera comunión, hijo de un comerciante, buena gente, sufrientes, vivientes.

Después fue a la guerra, la primera gran guerra; fue porque le dio la gana, voluntario. Lo lesionaron, volvió hecho una caca, un héroe, y como a todos los héroes de guerras lo mandaron a freír espárragos después de colgarle las medallas de la risa. Deja de dar la lata, retorcido.

Ahí lo tenemos, vendado, como si se le fuese a caer la mandíbula, pero satisfecho, orgulloso. Los tengo cuadrados, estará pensando. Estudió medicina después y viajó un poco a cuenta de la Sociedad de Naciones. Volvió, horrorizado, el extranjero huele a mierda; trabaja de médico en Clichy. Todas las notas biográficas hablan de un médico de pobres. Lo que viene a decir que no ganaba para comprarse un chalet en la Cote d'Azur. Era un médico de pobres; esto queda tan chulo en su curriculum literario, pero el lamparón de su apoyo abierto a Vichy tapa éste y otros méritos más estrictamente literarios. Se convierte en al paradigma del escritor capullo; puto nazi. Leí que los de la Resistencia quisieron acabar con él, pero no se atrevieron; ya era Céline, el escritor de Viaje al fin de la noche. Conspiraban en el piso de abajo; estaban preparando el golpe: no se atrevieron. Tuvieron miedo de la posteridad; que les acusara por los siglos de los siglos que se habían cargado a un genio. No fuera que la historia lo convirtiera en un genio, menudo remordimiento; no es lo misma duda que plantea matar a un campesino, al que nadie va a echar de menos, y menos la historia, a la que siempre se la sudó bastante el miserable, a no ser que se mueva en rebaño, que entonces sí da para anotar hazañas y revoluciones.
Y publica su primera gran novela, Viaje al fin de la noche (1924):
"La raza, eso que tú llamas raza, no es más que un gran revoltijo de infelices de mi estilo, legañosos, piojosos, muertos de miedo, venidos de los cuatro lados del mundo y que han llegado aquí vencidos, perseguidos por el hambre, la peste, los tumores y el frío. No podían ir más lejos a causa del mar. Eso es Francia, y ésos son los franceses."

La gente vomita por las calles; el libro sienta mal, Francia, la finolis, la elevada Francia se extraña; un patriota cabreadísimo, un resentido. ¿Qué mosca le pica a ese? Metáfora de lo que se cuece; la segunda hecatombe mundial al acecho.
Céline es un médico que escribe, no un escritor licenciado en medicina, como Baroja. Es un insomne: “A mí lo que me atormenta es el sueño. Si hubiera dormido siempre bien, no habría escrito una línea....”.
Escribió esta novela antes de ser un nazi, antes de no lavarse, antes incluso de dejar de ser francés, antes de pirarse a Dinamarca a que les pasara el cabreo a los gabachos. Después se descuajaringó, él y su prosa; su prosa llena de tics, desgajada, hecha jirones, buena, y él también lleno de tics, chiscándonos un ojo sin querer, como un tonto de pueblo. Es el tonto del pueblo; es un sentimental de mal humor.

Escribe más libros, a cada cual, ya digo, más descompuesto, como si en vez de escribir gritase por la ventana de un patio de luces; “Hay que ser el Judas en jefe, la vergüenza de la Butte, como yo, el exterminador de París, ¡para conocer el secreto de los odios! ¡Todos los reniegos! Yo escribí todo lo que hacía falta, ¡di todo lo que podía! ¡juventud, sangre, tipotiétimas! ¡más que todos los cafés sarasas! ¡que todos los teatros a base de consoladores y miel!”.

En esta foto de arriba parece un asesino en serie de la yanquilandia profunda; acaba de enterrar a una víctima después de comerse sus vísceras crudas. Es un moralista en serie; o eso dicen de él, un moralista francés; un moralista sin moral; yo qué sé qué es la moral, ni idea, no es por hacerme el difícil, no, me suena, pero no tengo maldita idea, ¿ser buena gente?; Céline: “La moral de la humanidad, a mí me la trae floja, como a todo el mundo, por cierto”.
Pero blablablá no se la traía floja la humanidad, sino no hubiese escrito una palabra, precisamente.

Murió en el 61, supongo que jodido; su mujer cuenta en un libro que cuando Céline se enteró de lo que habían hecho los nazis a sus odiados judíos se puso malo: “Cuando él supo lo que realmente había pasado en los campos de concentración, se sintió horrorizado. Pero nunca pudo decir: "Lo lamento, estoy arrepentido”.

A él le gustaban los chuchos.

Posdata; A Bukowski, el hombre feliz, le encontraron también unas gracias nazis de juventud; pero este se iría con el que tuviese más grande la botella. Lo idiota es el jaleo que se formó hace poco por el aburrido caso Grass, que de joven, aún imberbe, se vistió unos meses el uniforme de la SS. Qué inmoralidad; tendría que haberse hecho el harakiri, qué cojones seguir viviendo después de tal cosa. Nadie se rasga las vestiduras, no lo hagan ahora, que hace frío, con el simpático Neruda y el marinero en tierra Alberti, ambos estalinistas sensibles y con homenajes en verso a la bigotuda musa. Nunca se les vio horrorizados con las gamberradas del jefe. Salud; acabo con una celiniada: "¡Ah, compañero! ¡Este mundo, te lo aseguro, no es sino una inmensa empresa para cachondearse del mundo!".

8 comentarios:

lugrumante dijo...

Parlez vous français? En http://www.ubu.com/film/celine.html hay una entrevista y un documental sobre Céline.

Mabalot dijo...

Merci, colega. Encontré yo también unas entrevistas, creo que la primera es una de ellas, pero había otra diferente; no sé dónde las tengo; cuando las encuentre las cuelgo aquí.
De francés ni flores; en el primer documental se habla bastante despacio, y sino que me traduzca K, si quiere...

M dijo...

Al principio Cèline me interesó como me interesaron muchos: me acerqué a la figura, fascinante, del autor, sin pisar su obra (práctica común del diletante) Quiero decir que leí artículos y probablemente alguna otra biografía de él, sin ganas de adentrarme en el final de la noche, por ejemplo. Hasta que cayó en mis manos un libro gordo titulado Cartas desde la cárcel, que leí no hace mucho, probablemente el año pasado. De esos cabreados de los que hablas, me gusta (¡muchísimo!) Thomas Bhernard.

conde-duque dijo...

Nunca me he atrevido a zambullirme en Celine. No me inspira confianza (literariamente hablando, no por filonazi...). Pero nunca digas nunca jamás ni de este agua no beberé. Hay que intentar bebérselo todo. Hasta el agua de los floreros.
Me ha gustado esta "Historia de Celine contada por Mabalot".

Apostillas literarias dijo...

Que pases bonitas fiestas decembrinas en compañía de tus seres queridos. Que 2007 sea un año de salud, amor y realizaciones.

Un abrazo
Magda

Mabalot dijo...

Ya que estáis por aquí aprovecho para felicitaros las fiestas a todos; Lugrumante, Manuel, Conde-Duque, Magda, y a los que faltan, a los que asomen por aquí la narizota. Que os riáis mucho (cada uno que se busque la forma).
Manuel, hay épocas, si yo descubriese ahora a Céline probablemente no tendría ganas de leerlo, creo; por lo menos el Celine último, bastante ilegible; necesita un lector paciente, muy paciente.
El Viaje al fin de la noche, se me olvidaba comentarlo, está traducido al castellano por una gran escritora, la traducción no sé si es buena o mala, pero el libro está muy bien escrito; se llamaba Carmen Kurtz, escritora de libros infantiles. Vaya cosas que tiene la vida; una escritora de libros infantiles traduciendo a Celine.
Conde-Duque, muy amable; lo de los floreros me hace gracia; seguro que siempre hay una copa de algo bueno antes de llegar a los floreros; que beba de los floreros el perro, con perdón para los chuchos. Salud, Chin chin.
Magda, muchas gracias; seguiré por aquí antes de que acabe el año. En todo caso, feliz año a todos: perfecto así; salud, amor, y realizaciones (sexuales y de todo tipo).

m dijo...

Jejeje, me ha hecho mucha gracia lo de la narizota. Un día de estos te paso una foto mía. Felices fiestas a vosotros también. Como dijo aquel Woody Allen único, vestido de bufón en el primer corto de Todo lo que necesitas saber sobre sexo...: Salud, dinero y amor (con voz cantarina)

Mabalot dijo...

No será para tanto, don elefante. Un saludo y felices fiestas...