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26/6/10

"Luz de agosto"

Portada de la primera edición británica de esta novela de Faulkner. (Light in August. London: Chatto and Windus, 1933).
"El hombre se reía; tendido en su cama, se reía:
- Palabra de honor. No hay quien pueda con una mujer. Porque, ¿sabes lo que creo? Creo que ella sólo quería viajar. Creo que no tenía la menor esperanza de encontrar al que decía que estaba siguiendo. Creo que no tenía la menor intención de hacerlo, aunque todavía no se lo había dicho a su acompañante. Creo que era la primera vez en su vida que se encontraba tan lejos de su casa, a una distancia demasiado grande para que pudiese regresar antes de la puesta del sol. Y que hasta entonces se las había arreglado muy bien, porque encontró a personas que se preocuparon por ella. Creo que, si se había decidido a ir un poco más lejos, a ver todas las tierras que pudiese, era porque sabía muy bien que, en cuanto se estableciese en algún sitio, probablemente sería para el resto de su vida. Eso es lo que yo creo. No había más que verla, allí, sentada en el camión, con el hombre a su lado, y el niño que no había dejado de mamar, que, durante casi dos millas, no había dejado de desayunar, como si fuese en tren, en un vagón restaurante, y ella dedicada a mirar a todos lados, a ver pasar los postes telegráficos y los cercados como si viese un desfile de circo. Y al cabo de un momento, dije: "Dentro de un momento estaremos en Saulsbury". Y ella dijo: ¿Qué?". Y yo dije:
- Saulsbury, Tennesse -y miré hacia atrás y le vi la cara. Y parecía que la tenía totalmente dispuesta a la sorpresa, y que sabía que, en cuanto la sorpresa llegase, le resultaría muy agradable. Y la sorpresa llegó, y ella se puso muy contenta, y entonces dijo:
- ¡Dios mío, Dios mío! ¡Cuánto camino se puede hacer! Sólo hace dos meses que salí de Alabama y ya estoy en Tennesse."

Luz de agosto, W. Faulkner (traducción de Enrique Sordo, editorial Alfaguara 2006)

4/4/10

El amor

¡James Mason! ¿Y a Nabokov le pareció bien? También puedo imaginarme a James Stewart de Humbert H., y de Lolita a Loles León.

"En la alegre ciudad de Lepingville le compré cuatro revistas de historietas, una caja de bombones, un paquete de compresas, dos Coca-Colas, un juego de manicura, un despertador de viaje con esfera luminosa, un anillo con un topacio auténtico, una raqueta de tenis, unos patines con botines incorporados, unos prismáticos, una radio portátil, chicle, un impermeable transparente, unas gafas de sol y algo más de ropa: pantalones cortos, varios vestidos. En el hotel pedimos habitaciones separadas, pero en mitad de la noche vino a la mía sollozando, e hicimos el amor sin prisas. Es que la pobre no tenía ningún sitio adónde ir, ¿comprenden?"

[Lolita, Vladimir Nabokov]

27/10/09

Las cocinas austríacas


"Di unos pasos hacia la ventana de la cocina, pero de antemano había sabido que por la ventana de la cocina no puedes ver nada, porque, como queda dicho, está sucia de arriba a abajo. Las ventanas de cocina austríacas están todas totalmente sucias y no se puede ver nada por ellas y como es natural, pensé, es la mayor de las ventajas no poder ver nada por ellas, porque si no, se vería directamente la catástrofe, el caos de la suciedad de las cocinas austríacas."

[Thomas Bernhard, El malogrado]

22/8/09

Una novela de Felisberto

Puede que tenga pinta de loco, pero cómo escribe...


Aunque hace semanas que terminé de leer esta novelita de Felisberto Hernández no se me va de la cabeza. La empecé a leer en el autobús, seguí en la playa ese día por la tarde y la acabé por la noche en la cama. Es corta, la leí despacio, saboreando cada frase, esa sencillez. La novela es un retrato, poco más o menos. El retratado es el profesor de armonía del propio Felisberto, que fue pianista antes que escritor. Y como en todo retrato el retratado es también el que observa y saca la foto. Felisberto es un Proust que no escribe en los márgenes ni amplía sus subordinadas con incisos entre guiones. Un Proust que escribiera como Baroja. Merece un artículo este autor. Tengo ganas de escribir sobre lo poco que llevo leído de él (sólo los relatos de Nadie encendía las lámparas y ésta novela titulada "Por los tiempos de Clemente Colling"). Por ahora os dejo aquí este fragmento:

"Mi entusiasmo y mi manía de ir demasiado temprano a los espectáculos, nos colocó en la puerta de la sala mucho antes de que la abrieran. Después, apoyado en la baranda de la tertulia, empezaba a sentir ese silencio de sueño que se hace antes de los conciertos cuando falta mucho para empezar; cuando lo hacen mucho más profundo los primeros cuchicheos y el chasquido seco de las primeras butacas; cuando se espera oír y sin embargo es más lo que se ve que lo se oye; cuando el espíritu, sin saberlo, espera trabajando; cuando trabaja casi como en el sueño, dejando venir cosas, esperándolas y observándolas con una distracción infantil y profunda; cuando se pronto se hace esfuerzo para suponer lo que vendrá y se mira por centésima vez el programa; cuando se repasa la vida de uno y se aventuran ilusiones; cuando uno siente la angustia de no estar colocado en ningún lugar de este mundo y se jura colocarse en alguno; cuando uno sueña con llamar la atención de los demás algún día y siente cierta tristeza y rencor porque ahora no la llama; cuando se pone histérico y sueña un porvenir que le adormece la piel de la cabeza y le insensibiliza el pelo; y que jamás lo confesaría a nadie porque se ve a sí mismo demasiado bien y es el secreto más retenido del que tiene algún pudor; porque tal vez sea lo más profundo del sentido estético de la vida; porque cuando no se sabe de lo que se es capaz, tampoco se sabe si su sueño es vanidad u orgullo." [pág. 38-39, Por los tiempos de Clermente Colling, Felisberto Hernández]

30/7/09

¿Quién eres?


"Los autores se presentan al pueblo por algún signo especial y externo; yo, el primero, por mi ser general, como Michel de Montaigne, no como gramático, poeta o jurista. Si el mundo se queja de que hablo de mí en exceso, yo me quejo de que él ni siquiera piensa en sí mismo. Pero ¿es razonable que, con una vida tan privada, pretenda ser conocido públicamente? ¿Es, asimismo, razonable que muestre al mundo, donde la costumbre y el artificio gozan de tanto crédito y autoridad, hechos naturales crudos y simples, y surgidos, además, de una naturaleza muy endeble? ¿Forjar libros sin ciencia, no es acaso como hacer una muralla sin piedra, o cosa semejante? Las fantasías musicales siguen la orientación de un arte, las mías la del azar. […] Para llevarla a cabo, sólo necesito aportar fidelidad. Aquí, la hay, la más sincera y pura que pueda encontrarse. Digo la verdad, no toda la que se me antoja, sino hasta donde me atrevo a decirla; y me atrevo un poco más al envejecer, pues parece que la costumbre concede a esta edad más libertad para parlotear, y más indiscreción para hablar de uno mismo. Aquí no puede suceder lo que veo ocurrir a menudo: que el artesano y su obra se oponen."

[Montaigne, Los ensayos, editorial Acantilado, pág. 1202-1203.]

16/7/09

Pues sí

"El artista no está hecho para razonar ni para clasificar silogismos, sino para crear una imagen del mundo; él no apela a la razón ajena, sino a la intuición ajena. Describe el mundo tal como lo siente, y espera que el receptor, al sentirlo de la misma manera, diga: sí, eso es, ésta es la realidad, y es más real de lo que hasta ahora he venido llamando realidad; aunque es probable que ninguno de los dos, ni el artista ni el receptor, sabrían probar lógicamente por qué precisamente esto es más real."

[W. Gombrowicz, Diario (1953-1969), ed. Seix Barral, septiembre 2005, pág. 246]

27/6/09

Recetario caníbal


Llega a mis manos de degenerado (pero sensible) un libro especial. Tiene poca lectura y mucho papel blanco, pero no es poesía; es un libro de recetas. Se titula Cocina caníbal, y lo escribió Roland Topor, ese polaco que valía para todo. El ejemplar que tengo lo edita Tropo editores. Se lo voy a regalar a uno de esos aficionados a la nueva cocina, que conozco y me lo agradecerá, pues si hay algo que caracteriza a los cocineros modernos es que les interesa tanto la cocina como los libros de cocina. O los libros de arte/cocina. A mí me parece muy bien.

Una muestra del interior de este recetario caníbal:

"Comensal azucarado

Coger un comensal de edad madura, diabético si es posible; hacer una incisión circular alrededor de su rabo y amputarle el trozo. Retirar las vísceras, arrancar los órganos sirviéndose de una cuchara de plata y cortarlos en dados gordos.

Espolvorear el interior del comensal con azúcar glas. Rellenarlo con fresas del bosque y frambuesas. Acompañarlo con una buena botella de orujo. Dejar enfriar seis horas y presentarlo sobre una sábana."

6/6/09

Semmelweis


"Mirabeau gritaba tan fuerte que Versalles tuvo miedo. Desde la Caída del Imperio Romano no se había abatido ninguna tormenta parecida sobre los hombres, y sus pasiones se elevaban hasta el cielo en olas temibles. La fuerza y el entusiasmo de veinte pueblos brotaban de Europa, destripándola. Por todas partes se movían los seres y las cosas. Aquí, tormentas de intereses, de vergüenzas y de orgullos; allá, conflictos oscuros, impenetrables; más allá, sublimes heroísmos. Todas las posibilidades humanas confundidas, desencadenadas, furiosas, ávidas de lo imposible, corrían por los caminos y las hondonadas del mundo. La muerte aullaba entre la espuma sangrante de sus legiones dispersas; desde el Nilo hasta Estocolmo y desde la Vendeé hasta Rusia, cien ejércitos invocaron al mismo tiempo cien razones para ser salvajes. Fronteras desfiguradas, fundadas en un inmenso reino del Frenesí, hombres que querían progreso y un progreso que quería hombres, he aquí las inmensas bodas que se celebraban. La humanidad se aburría, quemó algunos Dioses, cambió de vestuario y pagó a la Historia con unas cuantas glorias nuevas."

Semmelweis, Louis- Ferdinand Céline, Marbot Ediciones, 1ª edición marzo 2009.

De grandilocuencia y retórica cansina está lleno el patio, pero esta grandilocuencia, esta prosa de brazos alzados al cielo y escupitajo de medio lado, es única. Y lo raro ya no es que sea única, o perfectamente reconocible como la voz del rabioso Céline, sino que me siga pareciendo necesaria. Vuelvo a Céline como a desintoxicarme de las buenas formas, de los buenos sentimientos, de las buenas intenciones y sobre todo de la turba de maldecidores que veo por todas partes, tan graves y llorones, cagoenlamar.

Ah, este libro es la tesis doctoral en medicina de Céline (París, 1924). Habría que ver la cara que se les quedaría a los del tribunal al escucharla.

30/3/09

Experiencia


"Nuestro combate a favor de la responsabilidad está siendo librado contra un ser enmascarado. La máscara de los adultos es la 'experiencia' (Erfahrung). Es una máscara inexpresiva, impenetrable, siempre igual a sí misma. Todo lo han vivido ya estos adultos: juventud, ideales, esperanzas, mujeres. Todo resultó ser una ilusión. A menudo se encuentran acobardados o amargados. Probablemente tengan razón los adultos. ¿Qué podemos responderles? Aún no hemos experimentado nada.

Pero nosotros queremos intentar levantar la máscara: ¿Qué es lo que han experimentado estos adultos? ¿Qué quieren demostrar? Una cosa antes que nada: que también ellos han sido jóvenes, también han deseado lo que deseamos nosotros ahora, también dejaron de creer en sus padres y la vida les enseñó que estos tenían razón. Los adultos se sonríen con aire de superioridad: a nosotros también nos sucederá lo mismo. Desprecian de antemano los años vividos por nosotros y hacen de ellos un tiempo de dulce idiotez juvenil, un entusiasmo previo a la gran sobriedad de una vida seria. Y eso, bienintencionados e ilustrados. Conocemos otros pedagogos cuya amargura no nos permite gozar siquiera de los breves años juveniles. Con toda seriedad y dureza quieren colocarnos ya en la amarga tarea de la vida. Pero unos y otros desprecian y destrozan nuestros años y no dejan de sobrecoger nuestros sentimientos: tu juventud no es más que una breve noche (¡llénala de entusiasmo!); después de ella viene la hermosa 'experiencia', los años de compromisos, de pobreza intelectual y de carencia de entusiasmo: así es la vida. Así nos hablan los adultos; así viven ellos."

[La metafísica de la juventud, Walter Benjamin- Editorial Paidós 1993]


Por supuesto, juventud considerada (al menos así lo entiendo, o quiero entenderlo) como algo más allá de la cuestión de edad. Quizá una edad mental, una actitud básica.

Más adelante, en este texto, Benjamín concluye: "La experiencia carece de sentido y de espíritu sólo para aquellos que carecen de antemano tanto del uno como del otro. Sin duda, la experiencia resultará dolorosa para quien busque en ella, pero difícilmente le dejará sin esperanza."

11/3/09

Títulos


"Bergamín tenía el genio de los buenos títulos. Su sección de artículos en Sábado gráfico se llamaba Las cosas que no pasan y había compuesto un par de panfletos antimonárquicos bastante divertidos: La confusión reinante y Mi mundo no es de este reino. De vez en cuando fantaseaba acerca de las memorias que podría escribir –creo que ni lo intentó- y que debían dividirse en dos volúmenes: Ahora que lo pienso sería el primero; y el segundo, Lo que yo me figuraba."

(Mira por dónde, Autobiografía razonada. Fernando Savater, editorial Taurus, 2003)

La importancia del demonio y otras cosas sin importancia, La cabeza a pájaros, El cohete y la estrella, El arte del birbibirloque… La verdad es que Bergamín tiene títulos buenísimos.

12/2/09

Hoja de viaje

"Antes que haikus integrales, algunos de Issa parecen anotaciones hechas sin otro propósito que aquél de perpetuar un instante precioso, un instante en que el mundo simula detenerse para ofrecer una porción iluminada, virgen, de sí. Nada sobrenatural, sin embargo: aves, papalotes, insectos, copos de nieve, rayos de luna, flores, espantapájaros, objetos domésticos e instrumentos de labranza que, de improviso, acceden a que el poeta dé testimonio de su esencialidad y, con ella, en ocasiones, del diálogo secreto que muchos sostienen con algunos hombres y entre ellos mismos. Digo 'perpetuar un instante' y pienso, de inmediato, en instantáneas, en fotos. Algo de ellas, en lo que a fijar una imagen, una intuición se refiere, alienta en el haiku. Pero éste se propone algo más: incorporar una suerte de espejo doble, capaz de reflejar el milagro exterior y, simultáneamente, aquél que tiene lugar en el propio poeta al momento de tomar conciencia de él: milagro que, de hallar una recreación justa, acabará involucrando al lector, repitiéndose en él y, en circunstancias óptimas, cultivándole, volviéndole sensible a tales experiencias e incluso despertando en él una necesidad de ellas, una necesidad de poesía."

Fragmento de prólogo del libro Hoja de viaje, de Koyayashi Issa (Selección, versiones y prólogo de Orlando González Esteva), Pre-Textos, 2003.

29/12/08

Una hija sin pez plátano


Hace un par de semanas estuve tan enfrascado con la lectura de Franny y Zooey, que llevé a todas partes como un misal (pequeña edición de bolsillo Bruguera de 125 pesetas), y en los Nueve cuentos, que apenas tuve paciencia para seguir con alguna otra cosa que me esperaba en la mesilla. Hay libros que anulan a los demás, o los convierten en juegos efímeros y prescindibles. Aún con el recuerdo de estas "pequeñas películas en prosa" (como el mismo Salinger aludía a sus narraciones) encontré en la biblioteca un libro escrito por su hija, Margaret Salinger, titulado El guardián de los sueños. Para mí esta especie de autobiografía de hija de escritor famoso y oculto y un poco maldito tendría su interés si la mujer no se tomase tan en serio a sí misma. Es una autobiografía sentimental y hasta académica de la hija del escritor. Todas esas profundidades de niña sensible y sus traumas y datos sobre el misterioso papá Jerome o Jerry, del libro de Margaret, están narrados de tal forma que consigue que apenas nos interesen. A medias entre tesis doctoral y pajar pseudoproustiano. Para mí hay dos tipos de libros en cuanto a su forma de lectura (clasificación involuntaria por otra parte); los que leo como un periódico, para informarme o llegar al final, y los que leo como se supone que se lee la poesía, no sé, metido hasta el cogote en libro mientras se lee, y hasta después, mientras intento dormir o camino por la calle. En los relatos de Salinger cada frase es poética sin que sepamos muy bien por qué. Es información, descripción, diálogo, y además otra cosa. Es como una armonía interna de algo bello que funciona mejor y de tan bien que funciona apenas nos permite ver cómo es. Cada frase es un movimiento perfecto, real.

No he acabado el libro de la hija, así que a lo mejor coge vuelo de la mitad para adelante. De todas formas hay un fragmento que no está mal. Papuchi Salinger se va todos los días a las profundidades del bosque a escribir, y a eso del mediodía la hija de cinco años y una amiga le llevan la comida:

"Llamamos a la puerta. No sé por qué pero siempre me ponía un poco nerviosa al hacerlo. Papá abrió la puerta, sorprendido pero contento de vernos. Entramos y nos sentamos en el catre que ocupaba casi toda la pared, encima del que había estanterías con cosas muy chulas como latas de frutos secos salados o botes de cristal llenos de dinero o caramelos de menta. En la pared había muchos de mis dibujos. La estufa de leña estaba enfrente del catre. En un extremo, sostenido en el aire donde yo no alcanzaba, había una silla de un coche americano de cuero marrón que mi padre usaba de silla de trabajo. (Imagino que habría una plataforma debajo, pero yo no la veía y siempre pensé que el asiento flotaba en el aire). Me enseñó cómo se sentaba, con las piernas cruzadas en la posición del loto. Ni siquiera podía copiarle cuando tenía cinco años. Sobre la tabla de madera que le servía de escritorio había una máquina de escribir vieja, en la que escribía a dos dedos. Le encantaba la manera en la que la luz caía sobre el escritorio a través de un tragaluz. Alrededor del escritorio por todas partes había pegado unos papelitos amarillos con notas escritas en lápiz de punta blanda, estaban en la pantalla de la luz, en la pared, etc. Nunca me había dicho que no mirase las notas pero nunca las leí, incluso evitaba mirar en esa dirección para asegurarme de que no leía algo sin querer.

[…]

No sé por qué pero me gustaba que tuviera esa casa en el bosque. Me dio mucha pena que se construyera una de verdad, con un estudio que es meramente otro cuarto con estanterías, cuando se divorciaron. Sigue usando el mismo asiento de coche y la misma máquina de escribir. Al mudarse se llevó mis dibujos de párvulos y de primaria, cosas como Dido el Diente, que advertía sobre el riesgo de picar entre horas. Todos portegían su trabajo hasta que se quemaron junto con los perros, Daisy y Tillie, en un incendio en 1992."

El guardián de los sueños, Margaret A. Salinger, editorial Debate, febrero 2002.

8/12/08

Literatura y enfermedad


Un trozo de Bolaño. La enfermedad.
"De niño, grandes dolores de cabeza que hacían que mis padres se preguntaran si no tendría una enfermedad nerviosa y si no sería conveniente que emprendiera, lo más pronto posible, un largo viaje reparador. De adolescente, insomnio y problemas de índole sexual. De joven, pérdida de dientes que fui dejando, como las miguitas de pan de Hansel y Gretel, en diferentes países; mala alimentación que me provocaba acidez estomacal y luego una gastritis; abuso de la lectura que me obligó a llevar lentes; callos en los pies producto de largas caminatas sin ton ni son; infinidad de gripes y catarros mal curados. Era pobre, vivía en la intemperie y me consideraba un tipo con suerte porque, a fin de cuentas, no había enfermado de nada grave. Abusé del sexo pero nunca contraje una enfermedad venérea. Abusé de la lectura pero nunca quise ser un autor de éxito. Incluso la pérdida de dientes para mí era una especie de homenaje a Gary Snyder, cuya vida de vagabundo zen lo había hecho descuidar su dentadura. Pero todo llega. Los hijos llegan. Los libros llegan. La enfermedad llega. El fin del viaje llega."

(Literatura+ enfermedad= enfermedad, por Roberto Bolaño)

28/11/08

Fe

Habla un lector de manuscritos de una editorial (y un escritor muy bueno: Hikikomori-Alberto Olmos):

"--Mirad. No es el texto, no es la historia. Es otra cosa. Y esa es la magia de la literatura. Que la cosa no puede ser nombrada. Pero sí identificada, como un aroma, como un presentimiento. Tenemos obras que están bien, que están trabajadas, que acaban en un punto profesionalmente designado por el autor en una cuartilla manuscrita. Esas novelas son correctas. Correcto es mejor que malo. Pero, para mí, correcto es peor que malo; correcto es un límite, una barrera de la inteligencia. Hasta aquí puedo llegar. El que hace algo malo se ha equivocado, pero el que ha hecho algo correcto ha acertado, y por eso nunca va a hacer algo bueno. Pero el que lo hace mal, el que no consigue ni llamar al personaje con el mismo nombre durante todo el libro, ése, puede algún día acertar, y cuando acierte va a hacer un buen libro. Todo está dentro. Es la puta sangre. Es que eres escritor, no que quieres ser escritor. Es que impones tu obra, que es tu vida, que es tu dolor. Es que le hablas al lector cara a cara y no le das cuartel. Es que crees en la literatura, y que lo que haces no lo va a hacer nadie si tú no lo haces, y por eso has hecho un libro que nadie puede rechazar, porque la literatura es una fe."

24/11/08

“Outro desastre”


DE todo lo leído de Gonçalo M.Tavares este libro de relatos ("Agua, perro, caballo, cabeza") es lo que más me gusta. No sé si está traducido ya. Lo miro en google [Sí, está traducido en Argentina]. Os pongo entero este relato corto, que me gusta especialmente. Se titula Otro accidente ("Outro desastre"):

"Una vez sentí algo semejante. Tenía que pagar a un oculista. Llevaba el cheque ya cubierto. Llegué al lugar y me dijeron: Murió ayer, en un accidente de coche. Tenía el cheque con su nombre, y ahora estaba muerto. El primer pensamiento fue: si yo tengo un cheque para pagarle, no puede estar muerto. El segundo pensamiento, pasados unos segundos, fue: me quedo con el dinero. El tercer pensamiento fue: ¿Cómo es que tu cabeza fue capaz de tener ese segundo pensamiento? El cuarto fue: toda la gente piensa todas las hipótesis en una situación, también las hipótesis miserables.

Pero el señor tenía un padre aún vivo, y yo rompí el cheque viejo y escribí el nombre del padre en otro cheque –era casi el mismo, sólo cambiaba la primera palabra. Estábamos los dos en un restaurante de comida rápida, de pie. Y el padre de mi oculista, que había muerto en un accidente de coche dos días antes, estaba vestido de negro y estaba triste, hablaba poco, y miraba al suelo. Pero cogió el cheque."

[Traducción casera y a toda pastilla de un servidor. Las mayúsculas después de los dos puntos las pone o no, el autor, según le venga en gana].

Gonçalo M. Tavares, Água, câo, cavalo, cabeça (Ficçâo). Editorial Caminho, Lisboa (2006).

20/11/08

Principios

Vaya, me encuentro esta frase, ella sola (documento txt de esos), revolviendo en los sótanos del disco duro:

"No sé dónde debe comenzar una historia, pero desde luego no por el principio, ni sé dónde debe acabar, pero desde luego no por el final.” (R. L. Stevenson)

Y me acuerdo de otra cosa que leí hace un par de semanas en un libro de Peter Handke:

"Un mal principio es a menudo más fructífero que uno bueno. Y además, decía, para un libro de hoy sólo puede haber comienzos malos." (pág. 65, El año que pasé en la bahía de nadie, Alianza)

Estoy pensando cuál es el peor principio de novela o libro que haya leído ultimamente, pero todos me parecen muy buenos o interesantes; por ejemplo, la novela de Mario levrero La ciudad:

"La casa, al parecer, no había sido habitada ni abiertas sus puertas y ventanas durante años."

Con más tiempo, si me acuerdo de algún principio nefasto que haya leído lo copio.

PD: Bueno, el principio de Lolita nunca me ha gustado. Esa es la verdad. Ese principio ya me fastidia el libro. El principio de El buen soldado, en cambio, está muy bien (recomendado por A. Castellote); 

"Este es el relato más triste que nunca he oído." 

Me recuerda un poco al principio de la última novela de Cheever (¡Oh, esto parece el paraíso!) que leí hace poco: 

"Esta es una historia para leerla en la cama, en una vieja casa, en una noche de lluvia."

Qué bueno. Con un principio así el mundo deja de existir. En todo caso tengo claro que el buen principio se construye a posteriori, una vez leído el libro. Los grandes libros hacen grandes principios. La literatura, o mejor dicho, las librerías, están llenas de malas novelas con buenos principios. Pero nos damos la vuelta y ya lo hemos olvidado. Y buenas novelas con supuestos malos principios. Valle-Inclán se tiraba de las barbas al recordar el principio de El Quijote; todo le parecía mal de este, pero sobre todo le chirriaba el cuyo. Y tenía razón en parte. Pero es una razón que no vale nada; una razón de coleccionista de sellos. Un principio de manual sería el de Memorias de África; 

«Yo tenía una granja en Africa, al pie de las colinas de Ngong»

Pero sobre todo me quedo también (con Miguel Barquero) con el principio de La metamorfosis, de Kafka. Y otros dos; El pozo, de Onetti, su primera novela (como si fuera el primer párrafo de su vida), y el principio de El viaje al fin de la noche, de Celine: 

"La cosa empezó así. Yo nunca había dicho nada. Nada."

Y vaya si dijo, el tío, después. Pero bueno, yo había pensado en encontrar una gran mal principio.

27/10/08

El testamento

Nunca había leído la famosa nota. Es esta, sacada de un texto de Max Brod:

"Entre los papeles dejados por Franz Kafka no se ha encontrado ningún testamento. En su escritorio, entre muchos otros papeles, se halló una nota, doblada y escrita con tinta, dirigida a mí. Esta nota tiene el siguiente contenido:

Queridísimo Max, he aquí mi último ruego:

"Todo lo que se encuentre al morir yo (en cajones de libros, en armarios, en el escritorio, ya sea en mi casa o en la oficina o en cualquier otro lugar en que se te ocurra que pudiera haber papeles), me refiero a diarios, manuscritos, cartas, ya sean ajenas o propias, esbozos y toda cosa de este género, debe ser quemado sin leerse; también todos los escritos o notas que tú u otros tengan en su poder deben seguir el mismo camino; en cuanto a los que otras personas posean tendrás que reclamárselos en mi nombre. Si no quieren devolverte cartas mías, por lo menos procura que te prometan que han de quemarlas. Tu

FRANZ KAFKA.

Búsquedas más minuciosas revelaron la existencia de una hoja de papel amarillenta, visiblemente vieja y escrita a lápiz. Su contenido es el siguiente:

 Querido Max:

"Quizá ya esta vez no me levante. Después de este mes de fiebre pulmonar es muy probable que sobrevenga una inflamación seria de los pulmones; por más que lo escriba, ello no podrá evitarla, aunque sin embargo pueda ejercer cierta influencia.

He aquí pues mi última voluntad respecto de todo lo que escribí para el caso de que se produzca lo que preveo: de todo cuanto he escrito pueden conservarse sólo las siguientes obras: La condena, El proceso, La metamorfosis, En la colonia penitenciaria, Un médico rural, y el relato Artista del hambre. Los pocos ejemplares de Contemplación pueden también conservarse; no quiero dar a nadie el trabajo de destruirlos, mas no han de imprimirse de nuevo. Al decir que pueden conservarse esos cinco libros y el relato no quiero significar que tenga el deseo de que vuelvan a imprimirse para ser trasmitidos a la posteridad; por el contrario, si se perdieran por completo, ello respondería a mi verdadero deseo. Sólo que no puedo impedir a nadie, puesto que ya existen, que los conserve si así le place.

Pero todo lo demás escrito por mí (publicado en revistas, contenido en manuscritos o en cartas) sin excepción alguna, en la medida en que puedas obtenerlo mediante ruegos a las personas que lo poseen (tú conoces a la mayor parte de ellas; en general se trata de.. . ; no te olvides sobre todo de aquellos dos cuadernos que tiene ... ), todo esto, sin excepción, y preferiría que sin leer (sin embargo no te impido que lo hojees, aunque en verdad preferiría que no lo hicieras; en todo caso nadie más tiene derecho a mirarlos), ha de ser destruido y te ruego que lo hagas cuanto antes.

FRANZ".

16/10/08

El limbo


"Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, al autor no ha escrito para ustedes. Déjenlo de lado, que la literatura es bastante rica para ofrecerles algún autor digno de su atención, o indigno hoy de su atención y que leerán mañana."

Jorge Luis Borges, La poesía, del libro Siete noches, (tomado de O.C. III, Emecé 1996, pág. 257).

Pues sí lo he intentado varias veces con algunos autores, si es que me parecía que tenían algo que aportar. Me lo estoy perdiendo, pensaba. Iba al autor (por ejemplo, Onetti) y después al leerlo tenía que dejarlo. El mayor obstáculo con el que me encuentro al leer a alguien que no me gusta es el lenguaje. Lo que más me toca las narices es el estilo. Es como el que se te acerca mucho al hablar y le huele el aliento. La sensación es esa, y supongo que a algunos lo que amí me tira para atrás les olerá a rosas. Pero aún así siempre pienso que hay autores que merecen la pena (reconozco que tienen un mundo que me interesaría conocer) y que por ahora no son para mí, o quizá no lo sean nunca. Están, digamos, en el limbo, como los niños sin bautizar. De los de ahora, por ejemplo, están en mi limbo particular Bolaño (lo único, a pesar de que lo intenté, que me interesan son sus artículos recopilados en Entre paréntesis) y Javier Marías, que me parece uno de los mejores articulistas (aunque coja a veces ese cabreo de presidente de comunidad de vecinos), y en cambio no me gustan sus novelas. Como diría el suicida; "Tanto abrochar y desabrochar". 

A lo mejor también tienen ellos un poco de culpa, qué cojones.

9/10/08

Hombres famosos


"Annie Mae contempla el techo y está cansada y soñolienta como si hubiera pasado la noche bajo un peso apenas soportable: y mientras mira en la oscuridad, junto a su marido, el techo se hace visible y, mirándola a los ojos, el peso del día. No ha pasado un solo día desde que era una muchacha sin sentir esta fatiga extrema, como un peso en todo el cuerpo, y no pasará nunca ninguno; y es de aquella especie que, por una cuestión glandular, parecen cansarse en lugar de renovarse con el sueño, y para la que el acto de levantarse es un dolor casi insoportable. Pero cuando el techo se hace visible ya no hay otro remedio y se retuerce para levantarse y se pone un vestido por la cabeza, cruza descalza el porche hasta la palangana, saca dos cucharones de agua del cubo, llena sus manos ahuecadas y hunde la cara en ellas, con un súbito estremecimiento que la obliga a enderezarse; se seca con el saco de harina partido que cuelga de un clavo; y ahora es capaz de estar viva, de trabajar:

Su primer trabajo es hacer fuego y cocer galletas, huevos, carne y café:"

Elogiemos ahora a hombres famosos, James Agee y Walker Evans, editorial Blacklist.

15/8/08

El niño y el ladrón

"Quería leerte dos textos hasídicos que de algún modo me recuerdan tu trabajo. El primero dice que en el servicio a Dios, uno puede aprender tres cosas de un niño y siete de un ladrón: <De un niño puedes aprender a (1) ser siempre feliz; (2) no estar nunca ocioso; (3) llorar por todo lo que quieres. De un ladrón deberías aprender a (1) trabajar de noche; (2) intentarlo la noche siguiente si la anterior no conseguiste lo que querías; (3) amar a los compañeros de trabajo al igual que los ladrones se aman entre sí; (4) estar dispuesto a arriesgar la propia vida aunque sea por una pequeñez; (5) no darle demasiado valor a las cosas aunque uno haya arriesgado la vida tras ellas –así como un ladrón revendería un artículo robado por una parte mínima de su valor real-; (6) soportar todo tipo de palizas y torturas para seguir siendo quien eres; (7) creer que tu trabajo vale la pena y renunciar a cambiarlo>."

Jonathan Cott entrevistando a Bob Dylan para la revista Rolling Stone, 1978. (Dylan por Dylan, 31 entrevistas memorables, editorial Global rhythm, 2008).