1/2/14
El otro marqués
Desayuno con la muerte de Aragonés. La muerte en los periódicos nunca acaba de ser del todo real, al menos de la gente que no has conocido ni visto nunca. Supongo que Aragonés caía bien a todos. Bueno, menos a Romario, al que en su día le dirigió aquella frase maravillosa que hoy se recordará bastante: "Míreme a los ojitos". Romario, esquivo, sería más de fijarse en las patillas. Ha sido, Romario, el jugador del mundo que más ha hecho con menos kilómetros de carrera. Seguro que hay alguien en la TVG que tiene la estadística. En el Camp Nou tuvo su parcelita de siete metros cuadrados y allí fue feliz, rompiendo caderas y metiendo goles sin fatigarse. En el Valencia ya no era lo mismo; el fútbol era correr. La hermosa estampida del contraataque, es verdad. Una suerte de eyaculación precoz futbolística, pero siempre hay alguien al que no le importa esperar una hora de partido para ver una de esas incursiones. Aragonés se adaptó a lo que tuvo; cuando hubo toque ordenó tocar y cuando no lo tuvo, antes de esa primera selección campeona, ordenó correr. Ahora que pienso en la cara de Aragonés recuerdo que se habían reído mucho de él cuando lo pillaron con un dedo dentro de su nariz, como desatascando un partido que no había otra forma de desatascar. Empezaba a haber más cámaras en los campos de fútbol que futbolistas y sólo un muñeco de cera hubiese resistido impasible y digno tal exposición. Que yo sepa se murió sin que le nombraran marqués.
24/1/14
En el nombre de hoy
Cómo pasa el tiempo. Esto se dice mucho al encontrar a un viejo amigo; acompaña al gesto de dar palmadas en la espalda. Pues esto me he dicho al comprobar la fecha de la última entrada aquí, e incluso estuve a punto de darme unas palmadas en la espalda. A diferencia de un jardín un blog, a primera vista, no parece un lugar abandonado. Todo está o parece en su sitio; si alguien ha abierto la página y leído aquí o allá no se nota. Es la fecha la que canta y el blog abandonado parece un poco el blog de un muerto, como una bolsa vieja de papeles encontrada en un rastro, cartas a no se sabe quién y de ya no se sabe quién. Sin duda, el autor se fue con la música a otra parte. O a ninguna parte, que es un lugar estupendo para escribir, y no porque no haya nadie, al contrario. Tenía hoy el día un aspecto muy rumano, como de país del este tras un largo invierno y una larga dictadura. Me basta la visión de unos cuantos ojerosos sin afeitar caminando bajo esta lluvia invisible para imaginarme la película. Y vuelvo de la tienda recordando vagamente unos versos de Gil de Biedma que al llegar a casa busco.
A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.
(Apología y petición, Jaime Gil de Biedma)
Feliz año 14 (a buenas horas) a todos.
18/10/13
Taxonomías literarias; el escritor soltero
[...]
Como buscaba un soltero destacado de la literatura, o la soltería misma hecha literatura, para iniciar una serie de taxonomías literarias al margen de las más ortodoxas (y no menos disparatadas que las que se me puedan ocurrir), podría haber sacado de la chistera docenas de escritores solteros que lo fueron descaradamente. Ejemplos hay de sobra. Pero no se trataba de eso; buscaba el ejemplo paradigmático, el modelo supremo. Siempre dentro de unos referentes propios. Alguien para quien la posibilidad del matrimonio fuese un asunto central en su vida y obra.
¿Existe una literatura de solteros, y a su vez, otra de casados? Es el tipo de preguntas que no tienen respuesta, y también da igual que no la tengan. Las mejores preguntas nunca tienen respuesta. Siempre me han parecido un poco ridículas las clasificaciones literarias. Incluso las de género, qué se le va a hacer. Eugenio D’Ors en una de sus glosas pasaba por encima de todas las clasificaciones literarias para quedarse con la que divide a los escritores en dos grupos; responsables e irresponsables. Cosa moral, por supuesto. Y, mudando la terminología a su gusto, habla de «edificantes y corrosivos». Como ejemplo de lo primero, aunque «avieso», señala a Nietzsche; de lo segundo, a Leon Bloy. Entiendo, arremeter contra Bloy justifica cualquier invención taxonómica. Según D’Ors, «los escritores que no sirven para nuestra edificación no son verdaderos autores»2.
23/8/13
Nuestro chino
Sobre Sylvia Plath y su muerte habla Cunqueiro en un artículo. No parece partidario Cunqueiro de zanjar la vida metiendo la cabeza en el horno. Tampoco parece muy conforme con su poesía. "Demasiados poemas, quizá, para tan breve vida". Y, "de una mujer de treinta y un años, que nunca había sabido estar quieta". Resulta hasta gracioso que toda esa mística de la poeta y su horno quede plasmada en esa perífrasis verbal. Como yo digo, Cunqueiro es un sabio chino, un viejo poeta de largos bigotes blancos que caza moscas con unos palillos.
8/8/13
Brazos
Uno de mis viejos temores es verme ante una audiencia a la que tengo que contar algo y en lugar de pronunciar palabras sólo emito cacareos. Como una gallina. Las pocas veces que he tenido que hacerlo, dando clase o hablando en una reunión con desconocidos muy engominados, nunca he conseguido librarme de ese temor. Me dicen, imagina que está todo el mundo desnudo. Y tengo que decir que eso no me sirve porque yo siempre imagino a todo el mundo desnudo (dentro de un razonable límite) y ya me acostumbré a ese tipo de imaginaciones. Afortunadamente, apenas tengo que decir nada en público y ese miedo lo entierro rápido si no hay un peligro cercano. En eso somos como esos mafiosos o asesinos que sacan un cuerpo del maletero y lo entierran en un bosque, después de cavar mucho. Pero el miedo siempre vuelve por mucho que lo enterremos. Sobre este tema escribió muy bien Felisberto Hernández, pianista, y como tal describió mejor que nadie ese temor y ese nerviosismo antes de un concierto.
Rescato este fragmento que acabo de encontrarme:
Rescato este fragmento que acabo de encontrarme:
"No sé por qué recuerdo tanto un instante del mediodía en que yo comía lechuga y miraba el brazo de mi hermano que venía a quedar al lado del mío. Aquél era el brazo de un hombre que ese día no daría ningún concierto ni tendría ninguna responsabilidad; en cambio mi brazo no estaba libre y quién sabe cómo lo miraría yo unas cuantas horas después."
7/8/13
Camba, puñetas
Después de Haciendo de República no he vuelto a leer un artículo de Camba. Y ayer, ojeando una de sus mejores recopilaciones de artículos he vuelto a sonreír, aunque no tardé en hartarme. Pero, ¿de qué me había hartado? ¿cómo puede uno perder el gusto por ese fino humor de Camba?
Hoy, buscando otra cosa en ese Cuadernos (1957-1972) de Cioran, encuentro esta nota:
Hoy, buscando otra cosa en ese Cuadernos (1957-1972) de Cioran, encuentro esta nota:
"No conozco nada más insoportable que la ironía continua, sin fallo, sin descanso, que no te deja tiempo para respirar y menos aún para reflexionar, la ironía, que debería ser delicada y ocasional... ¡vuelta grosera, es decir, automática! Incluso ella está destinada a degenerar, a seguir la ley común."Claro que la ironía de Camba acaba irritando como la amargura continua de Cioran acaba divirtiendo.
1/8/13
No pisar
Qué sabré yo, qué sabrá el vecino de seguridad ferroviaria. Pobres imbéciles, quiénes somos nosotros para opinar sobre asuntos de ingenieros y de técnicos. Opinar es una cochinada. Esta frase quizá sea de Breton, el surrealista. En realidad casi nadie opina, al menos en la calle. Se cuentan cosas; todo el mundo es amigo o primo de una víctima o de un héroe. Si una ciudad es pequeña se hace más pequeña todavía ahora. Leo la entrevista a Julio Gómez-Pomar, el presidente de Renfe. Yo no sabía ni que existía, este señor; y sí, existe. De todas formas no parece ir mucho con él el descarrilamiento de Santiago. No quiero ser injusto, demagogo. Bueno, un poco sí que quiero ser injusto, qué narices. Escribir sobre lo que pasó estos días en Santiago es como estar ante uno de esos jardines públicos en los que hay un cartel de No pisar. La muerte es muy delicada. Estará desolado, ese hombre que preside Renfe. Bajo ese barniz hermoso, moreno marqués (a otros el moreno los devuelve a la caverna, como si el sol de unos y de otros no fuese el mismo; es que no es el mismo, claro), habrá un hombre que sufre en silencio la desgraciada muerte de todos esas personas en uno de sus trenes. Pero. El tren descacharrado en cambio era más del que lo conducía. Allá él y sus despistes.
Titular de la entrevista, era éste: "El tren accidentado y el AVE son igual de seguros, pero cada uno con un sistema”. Ok. Cada uno con un sistema. También dijo: "No hay ningún elemento para poner en duda que son sistemas seguros". Ok, si lo dice él, pues no lo habrá. Lo mejor es no encanallarse. A fin de cuentas no se despista un maquinista todos los días en una curva peligrosa. Hay que convivir con la remota posibilidad del despiste. El sistema lo tendrá todo bien atado, menos un par de cosillas muy improbables, como ese despiste del todo inoportuno.
El mejor artículo, esta carta al director en El País.
Titular de la entrevista, era éste: "El tren accidentado y el AVE son igual de seguros, pero cada uno con un sistema”. Ok. Cada uno con un sistema. También dijo: "No hay ningún elemento para poner en duda que son sistemas seguros". Ok, si lo dice él, pues no lo habrá. Lo mejor es no encanallarse. A fin de cuentas no se despista un maquinista todos los días en una curva peligrosa. Hay que convivir con la remota posibilidad del despiste. El sistema lo tendrá todo bien atado, menos un par de cosillas muy improbables, como ese despiste del todo inoportuno.
El mejor artículo, esta carta al director en El País.
El presi de Toyota, poniendo el cuello por si alguien quiere sacar la katana.
27/7/13
Variaciones sobre un poeta gallego
Precisamente porque Manuel Antonio (Rianxo, 1900- 1930), poeta gallego, ha tenido una vida tan razonablemente fotogénica cuesta encontrar al individuo tangible tras esos intentos por hacerse una biografía.
Variaciones sobre un poeta gallego, en Jot Down.
25/7/13
Vidas queridas
Ayer por la tarde me trajeron este libro; Sobre la inutilidad de la poesía, de César Antonio Molina. Efectivamente, qué inutilidad, ahora. O quizá no. De todas formas no leía poesía, ayer, por la tarde, casi de noche, cuando me llamaron. Oye, que se suspende todo. No jodas. Un tren, un accidente, un atentado. Imagino la plaza del Obradoiro llena de gente. Me dicen un tren pero imagino la plaza del Obradoiro llena de gente. Es lo que tiene haber crecido comiendo con la televisión de la cocina dando las carnicerías etarras. La niña hace origami, ese aburrimiento tan japonés, esperando los petardos de la noche. En japonés fuegos artificiales se dice flores de fuego. Se traduciría así, digo. No está mal. Dejo el tomo de la Munro (Mi vida querida, se titula) y busco en los periódicos digitales la noticia. Ya despegaba la noticia. Media hora, como mucho, y ya hay gente contando algo. En Público.es se habla de accidente de tren y de Aníbal Malvar, escritor gallego, columnista de ese mismo diario, que iba en ese tren. Está bien, al parecer. Después vamos a la tele. Empieza el goteo de muertos. El tren está muy feo, pero tan cerca nada muy malo puede suceder. Eso me lo dice la voz de la experiencia; las cosas muy malas siempre pasan muy lejos, en Nueva York, en Madrid, en Vietnam, qué sé yo. Las piezas del accidente desplegadas, vemos, y para siempre. Esos vagones. En la televisión de Galicia empieza la repetición, una y otra vez, de las imágenes grabadas, al menos mientras no haya otras. En una de estas sale un tipo que se parece al escritor Malvar, y que será él, en lo alto del camino paralelo a las vías del tren: lleva una maleta pequeña con ruedas, la ropa muy sucia, parece recién salido de una mina. Unas señoras le gritan algo: dice que está bien. Confusión. Van sacando personas de los vagones. Personas sobre tablas, como puertas que se usan de camilla. No quitamos la vista de la televisión, parece fundamental que observemos todo eso. Una chica, la cámara desde arriba sigue los movimientos de los dos o tres o cuatro rescatadores, no sabemos, sólo vemos a la chica sobre esa tabla. La sacan poco a poco por una ventanuco de un vagón. Además de sucia la ropa, y puede que manchones oscuros en las piernas, que pueden ser sangre, parece bien. Tiene el pelo corto, es joven, la dejan en la cuneta, con cuidado. No se mueve, está herida. Cerca de ella una manta grande cubre un cuerpo. Con lo que sobra de manta le tapan la cabeza a la chica. Aparece otra manta y ya la cubre toda. Esa vida se nos fue delante de las narices, a nosotros. A cualquiera que mirase la televisión en ese momento. Salimos a donar sangre y todo el mundo ha salido a donar sangre. Qué otra cosa podemos hacer, además de mirar en la televisión pies saliendo por debajo de esas mantas. Qué hacer. Y cómo arreglar todo eso, esas vidas.
1/7/13
El punto imaginario
Polaroid de Tarkovski. Hace un par de años hicieron una exposición con unas cuantes en el Seoane de Coruña.
Zona, de Geoff Dyer. A modo de subtítulo lo siguiente: Un libro sobre una película sobre un viaje a una habitación. Es el más difícil todavía, el salto mortal circense. El Ulises de Joyce; un tipo de desayuna tripas y sale a dar una vuelta. Proust; a un asmático le sirven un té con magdalenas. Pero bueno, de algo hay que vivir; unos escriben libros en los que nadie (los personajes, se entiende) se aburre ni un minuto y otros escribimos lo que podemos. Dyer, no teniendo grandes cosas que contar seguramente de sí mismo ni de nadie nos cuenta una película. La película, para colmo, es de Tarkovski. En cine, Tarkovski, es la mirada fija en un punto imaginario. El punto imaginario lo mismo puede ser una mancha en la pared, una tubería oxidada o la cabeza de un caballo comiendo. Nos hacemos una idea. Una vida en el campo; el reloj es el sol. Tarkovski no es un urbanita, precisamente. Hay que ser joven para amoldarse al tempo Tarkovski. Después todo son picores, todo es ir a alguna parte y venir y volver a ir, y hacer y dejar hecho para mañana. Mi querido Claudio Rodríguez: "Heme aquí bajo el cielo, / bajo el que tengo que ganar dinero".
Tarkovski está salvado. Calcetó su cine con imágenes sagradas; eran sagradas porque para él eran sagradas. Con eso basta, o eso es todo. Lo de Dyer no es una elección cualquiera; es casi una poética, y sin ponerse muy estupendo. Lo mejor del libro, claro, son sus incursiones en lo autobiográfico. "Los conceptos pasan, las formas permanecen", decía J.R. Ribeyro.
18/6/13
Notas de invierno en junio
Se me queda pequeña la ciudad, y he de cerrar el paraguas para atravesar algunas calles.
***
Ponemos un cactus al lado del ordenador para que nos sirva de ejemplo, aunque no sepamos muy bien de qué.
***
Sí, lo verdaderamente importante no sale en los periódicos. Pero todas las mañanas corro a leerlos, no vaya ser que olvide que lo verdaderamente importante no sale en los periódicos.
***
Viejo casino de pueblo, hasta con pianista de ojos saltones. Toca su música y ésta, en lugar de elevarse y perderse entre las lámparas, va por las mesas tirándonos de las orejas, como un niño maleducado.
15/6/13
Obligatorio el asesinato
Ideología oficial de columnista; ex socialdemócrata.
Y si se plagia, efectivamente, es obligatorio el asesinato. Por ejemplo, a Valle, tantos castizos después, y ninguno ha podido con él.
***
Detestamos sobre todo en alguien a sus plagiarios, quiero decir admiradores. El tono X, la voz de ese alguien, acaparada como un disfraz por sus admiradores denota todo lo que ésta tiene de fantasía retórica, de maquillaje coqueto y odioso. Entonces, son sus admiradores los primeros síntomas de una decadencia.
***
La admiración, en literatura (y supongo que en otras artes), es como el enamoramiento, y perdón si suena cursi: el juego emocional se le parece, a grandes rasgos. Esos picos; extremos en lo alto y en lo bajo. Algunos pueden estar enamorados toda la vida pero eso es complicado y la aceptación de la propia vacuidad; si se manejan ciertas ambiciones la admiración suele convertirse en odio, en ataque. Hay tantos casos. Me acordaba de una entrevista que le hizo Espada a Umbral y que tenía por ahí, en un email; hablo del caso de Umbral y Marsé. Umbral gana el Cervantes; en la entrevista Espada, frío y preciso, deja a la intemperie lo que tiene de tosco y simplón el personaje. O, simplemente, lo que el personaje tiene bajo el personaje. Ahí está el periodista.P. Aquí, en el periódico de hoy, viene Marsé, Juan Marsé, que dice.... Esto: "Este premio es la culminación de la prosa sonajero en el mundo madrileño. Que suene, pero a mi me interesa la imaginación creadora al servicio de la ficción literaria, no los fuegos artificiales de la lengua y mucho menos ese manierismo castizo y ese tan celebrado tintineo verbal del desmesurado ego del señor Umbral, un pozo de vanidad que ofende la memoria de la tradición novelística española".Sí, lo importante es el respeto. Un respeto hondo, íntimo, como quien dice, más allá de ese respeto educado que aireamos ante los mayores.
R. Muy bien. Espere usted. Ahora vuelvo.
P. Sí, claro...
R. ...Aquí está... El tintineo... Ya verá el tintineo. Esto es una edición de Si te dicen que caí. Está dedicada. Dice: "Para Paco Umbral, el amigo, el escritor, el niño que fue, conmigo, de la postguerra, y del cual he robado estampas e imágenes, de su amigo, con un abrazo. Juan Marsé, Barça, diciembre 1974". Le voy a hacer una fotocopia porque sería interesante que la reprodujera en el periódico, con su grafía. Para que se vea bien el manuscrito. Entonces... ¿qué le ha pasado a Marsé que ya no me roba sino que me insulta? El sabrá. Porque si yo tintineo ahora, también tintineaba hace veinticinco años.
P. No hay duda.
R. Pues eso. Yo respeto mucho a Marsé. Me parece un gran novelista. Siempre he hablado bien de sus libros y he escrito bien de sus libros. ¿Qué le ha pasado? El sabrá. Tal vez es que no llegó ni a las votaciones del Cervantes.
Y si se plagia, efectivamente, es obligatorio el asesinato. Por ejemplo, a Valle, tantos castizos después, y ninguno ha podido con él.
14/6/13
Iberia
Con el café un artículo de Luis Antonio de Villena sobre Pessoa y su iberismo, al hilo del libro en Pre-Textos. Curioso. Es una relación, cuanto menos, extraña, la de Portugal y Galicia, como dos hermanos a los que la vida ha separado y ya no tienen nada que decirse.
Para Pessoa España engloba bajo la hegemonía de Castilla (entiéndase el antiguo reino de Castilla, o mejor aún, todas las zonas que hoy hablan castellano) a dos naciones más, Cataluña (singularmente) y Galicia. En un primer estadio de sus reflexiones Pessoa cree que en la Confederación ibérica que busca, en la Iberia global que nunca pierde de vista, Galicia debiera unirse a Portugal. Sin embargo pronto se da cuenta de que Galicia ya no es Portugal y que, consecuentemente –tras siglos de distancia– Galicia está tan cerca de Castilla como de Portugal. Y dice: «Nadie que sea verdaderamente portugués quiere para nada Galicia. No queremos que Galicia sea parte de Portugal, o que Galicia y Portugal sean un solo país». Y más adelante: «Sería –Galicia– un cuerpo extraño que perturbaría por exceso la gran virtud portuguesa, que es la formidable unidad de nuestra nación»
9/6/13
Recordando a doña Virtudes
Me gusta mucho esto que dice Jonas Trueba de sí mismo: “No me considero muy virtuoso ni haciendo cine ni como autor de libros”.
Sólo tolero a los virtuosos en los deportes (que son lo contrario que el arte), e incluso en estos casos prefiero siempre a los virtuosos más pedestres, como fuerzas de la naturaleza que no han aprendido del todo a hacerlo bien. O mejor dicho, a hacerlo correctamente. Lo perfecto, siempre odioso.
Y no por envidia. Es una cuestión fundamental.
En un volumen de artículos de Proust me encuentro estas primeras frases: "Saint-Saëns tocó ayer, en el Conservatorio, la parte de piano del Concierto de Mozart. A la salida se veía a mucha gente decepcionada". Proust se pregunta el porqué de tal decepción. ¿Habrá tocado mal Saint-Saëns? No; es justo lo contrario: "la razón es ésta: que la ejecución era realmente bella." Y añade: "La verdadera belleza es lo único que no puede responder a las expectativas de una imaginación novelesca."
Claro que a quién le importa la verdadera belleza pudiendo ver un ataque epiléptico en el escenario, o en la página, o en la pantalla. Lo destacable es el talento que lo parece. El talento virtuoso es como un subrayador fluorescente, y no deja de señalarnos todo el tiempo lo que sabe hacer.
Sólo tolero a los virtuosos en los deportes (que son lo contrario que el arte), e incluso en estos casos prefiero siempre a los virtuosos más pedestres, como fuerzas de la naturaleza que no han aprendido del todo a hacerlo bien. O mejor dicho, a hacerlo correctamente. Lo perfecto, siempre odioso.
Y no por envidia. Es una cuestión fundamental.
En un volumen de artículos de Proust me encuentro estas primeras frases: "Saint-Saëns tocó ayer, en el Conservatorio, la parte de piano del Concierto de Mozart. A la salida se veía a mucha gente decepcionada". Proust se pregunta el porqué de tal decepción. ¿Habrá tocado mal Saint-Saëns? No; es justo lo contrario: "la razón es ésta: que la ejecución era realmente bella." Y añade: "La verdadera belleza es lo único que no puede responder a las expectativas de una imaginación novelesca."
Claro que a quién le importa la verdadera belleza pudiendo ver un ataque epiléptico en el escenario, o en la página, o en la pantalla. Lo destacable es el talento que lo parece. El talento virtuoso es como un subrayador fluorescente, y no deja de señalarnos todo el tiempo lo que sabe hacer.
7/6/13
Relaciones ultralejanas
SÓLO me interesan las ficciones que pueden competir con el periódico... en fantasías.
QUÉ dirán de estos años dentro de unas décadas: quizá eso que escribía Renard en su diario: "No la edad de oro, sino la edad del oro."
MATA con la fregona a las hormigas que entran en casa mientras les pide perdón.
ESTAMOS indignados, parece, no tanto por la corrupción, sino porque ya no hay tarta para todos.
LA mano invisible del mercado es ahora la mano invisible que nos estrangula. Claro que lo peor ya no es que nos estrangule, sino que nos clave las uñas.
ES el hombre más importante; su firma sale en los billetes.
QUÉ dirán de estos años dentro de unas décadas: quizá eso que escribía Renard en su diario: "No la edad de oro, sino la edad del oro."
MATA con la fregona a las hormigas que entran en casa mientras les pide perdón.
ESTAMOS indignados, parece, no tanto por la corrupción, sino porque ya no hay tarta para todos.
LA mano invisible del mercado es ahora la mano invisible que nos estrangula. Claro que lo peor ya no es que nos estrangule, sino que nos clave las uñas.
ES el hombre más importante; su firma sale en los billetes.
3/6/13
¿Leen sus majestades los reyes?
Quizá debería haber puesto unas cuantas mayúsculas en el título, pero me cuesta poner mayúsculas a dioses, no siendo creyente, y a reyes por lo mismo. Hace unas semanas coincidió la publicación de la entrevista que Ernesto Baltar y yo le hicimos a Andrés Trapiello con mi lectura del último tomo del Salón de pasos perdidos, titulado Miseria y compañía. Cuando se habló de elegir un titular yo estaba leyendo un fragmento que alude a la escasa afición del Rey por la lectura y recordé la frase de la entrevista en la que alude a ello ("Me sigue pareciendo extraño que de los millones de fotografías que hay del Rey, no se le vea en ninguna leyendo un libro"). Al final se desechó este titular.
Me acordé de esta frase leyendo una novelita de Alan Bennett: Una lectora nada común. Novelita, digo, por corta, se lee en dos sentadas, no por insustancial o poca cosa. Los que saben dicen nouvelle, que queda mejor. Había visto alguna serie de los ochenta escrita por Bennett; nada que ver con The Wire, no, cosas muy teatrales, a medias entre una aventura kafkiana y Benny Hill. Supongo que ahora The Wire es el patrón oro de las series; es tan buena que dentro de diez años nos parecerá infumable. Pero volviendo a la novela de Bennett. Trata de ella, de Su Majestad. Su Majestad es la Reina de Inglaterra y un buen día se aficiona a leer. Lee literatura, claro, se adentra en la literatura. También se puede leer el Sun, como el chófer, o a Ken Follet, pero ese ya es otro leer, el leer generalizado. Entre lectura y lectura se da un repaso cervantino a ciertos autores, y casi parecemos tener a una versión inglesa del cura y el barbero de El Quijote revisando la biblioteca del hidalgo averiado. Así que la Reina (al menos la Reina de la novela se merece las mayúsculas) pasa por varias fases lectoras; desde la indiscriminada lectura de todo lo que caiga en sus manos hasta la lectura reflexiva, con anotaciones y hasta la punzada de hacer algo con las propias palabras.
Evidentemente, el hecho de que sea la Reina hace gracia. La comedia está servida, pero el cuento se eleva por encima del ambiente y las circunstancias de los personajes. Lo mismo que al leer La metamorfosis de Kafka nos importa un bledo si se trata de un escarabajo o de una cucaracha. Eso le importaba a Nabokov, que coleccionaba bichos.
Por supuesto es una fantasía, los reyes quizá no leen gran cosa. Qué sería de ellos.
"Si le hubieran preguntado si la lectura había enriquecido su vida habría contestado que sí, sin duda alguna, aunque habría añadido con la misma certeza que al mismo tiempo la había vaciado de toda finalidad. En otra época era una mujer resuelta y segura de sí misma, que sabía cuál era su deber y tenía la intención de cumplirlo todo el tiempo que pudiera. Ahora muchísimas veces estaba dubitativa. Leer no era actuar, eso era malo. Y a pesar de su edad era una mujer activa.
Volvió a encender la luz, tomó su libreta y escribió: No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos."
[A. Bennett, Una lectora nada común, ed. Anagrama.]
31/5/13
Escombrera y glamour
La única revista que leo es una de moda que trae El País el sábado. La leo, desordenadamente, pero no dejo rincón de esa revista sin escrutar. Una semana da para algunos tiempos muertos en los que no sabe uno qué hacer con las manos y con los ojos. Y no diré que la leo en el retrete, hay vida lectora más allá del retrete. Tampoco hay mucho que leer en esta revista. Casi todas las palabras que usan son nombres de marcas de ropa o de perfumes o de zapatos o de modistos. Uno piensa que la gente sólo se viste ropa, y no, todo lo que visten tiene su firma, sea la firma la que sea y del precio que sea. Hasta la más cutre de las marcas es una marca, y parece representar esa pincelada estilística y hasta sofisticada del maniquí humano que la viste. Es como si en el vestirse hubiera primeramente una intención artística. Uno se viste como si pintara un mural. Las modelos salen con caras de desquiciadas y la camisa rota hasta el ombligo, la boca entreabierta, la mirada felina, como si estuviesen a punto de saltar sobre un corzo. Desde fuera el mundo de la moda es un poco absurdo; supongo que como todo. Todas las entrevistas y secciones tienen, claro, ese sesgo; qué ropa se pone la gente. Es fascinante. Y qué gente, todos tienen cientos de pares de zapatos, todos tiene esa manía de los zapatos. Una debilidad como otra cualquiera.
Para descansar de tanta moda publican alguna que otra página de tinte cultural. En una de estas entrevistan a una famosa artista. Digo famosa porque será famosa; todos los artistas tiene la obligación o el deber de ser famosos y famosas. Y mientras no se demuestre lo contrario lo son. Esta ha llenado un pabellón entero, el Pabellón de España en la Bienal de Venecia, de escombros. Lo importante no son los escombros, claro, sino lo que esos escombros quieren decir. Y esos escombros, esos cascotes, esos pedruscos, quieren representar el hartazgo de la artista por el exceso de construcción en todos los países. Ella está muy cansada de que todo el espacio esté demasiado "racionalizado". El comisario de la escombrera complica la explicación un poco más, para eso está: "Es tanto un cuestionamiento como una representación sobre cómo vivimos y cómo queremos hacerlo proyectando una conciencia reflexiva de la posibilidad de vivir de otra manera." Bien, pero para todo eso podrían haberse ahorrado la escombrera. Podrían haber puesto unos carteles que digan; Aquí 500 metros cúbicos de escombros de hormigón, de mortero, de ladrillo, de tejo; aquí no sé cuántos de arena, allí de tal. E incluso podrían haber señalado lo que todo eso significaría. Es decir, el rollo de la artista y si acaso una cuántas reflexiones del comisario.
Al final aclara en qué se gasta el dinero: "El dinero me lo gasto fundamentalmente en transporte y en pagar la carga y descarga, porque luego lo devolveré todo a la escombrera donde me los han cedido." Con eso parece decirnos: Tranquilos, si estos son cuatro duros, que son unos escombros de alquiler.
Para descansar de tanta moda publican alguna que otra página de tinte cultural. En una de estas entrevistan a una famosa artista. Digo famosa porque será famosa; todos los artistas tiene la obligación o el deber de ser famosos y famosas. Y mientras no se demuestre lo contrario lo son. Esta ha llenado un pabellón entero, el Pabellón de España en la Bienal de Venecia, de escombros. Lo importante no son los escombros, claro, sino lo que esos escombros quieren decir. Y esos escombros, esos cascotes, esos pedruscos, quieren representar el hartazgo de la artista por el exceso de construcción en todos los países. Ella está muy cansada de que todo el espacio esté demasiado "racionalizado". El comisario de la escombrera complica la explicación un poco más, para eso está: "Es tanto un cuestionamiento como una representación sobre cómo vivimos y cómo queremos hacerlo proyectando una conciencia reflexiva de la posibilidad de vivir de otra manera." Bien, pero para todo eso podrían haberse ahorrado la escombrera. Podrían haber puesto unos carteles que digan; Aquí 500 metros cúbicos de escombros de hormigón, de mortero, de ladrillo, de tejo; aquí no sé cuántos de arena, allí de tal. E incluso podrían haber señalado lo que todo eso significaría. Es decir, el rollo de la artista y si acaso una cuántas reflexiones del comisario.
Al final aclara en qué se gasta el dinero: "El dinero me lo gasto fundamentalmente en transporte y en pagar la carga y descarga, porque luego lo devolveré todo a la escombrera donde me los han cedido." Con eso parece decirnos: Tranquilos, si estos son cuatro duros, que son unos escombros de alquiler.
27/5/13
Un torero, un toro, y un escritor sudafricano
José Tomás es un torero, un religioso. No he visto en mi vida a ese José Tomás. Yo pensaba que los toreros eran hijos de toreros que salían en las revistas, y esas revistas las consultábamos en las salas de espera de los dentistas con dolor de muelas. Los toreros eran guapos y cerriles, con los ojos al fondo de unas cuevas oscuras, y eran esas cuevas con eco las que los hacían guapos y sentimentalmente conflictivos. Después bailaban un poco delante de un toro y los toros se iban muriendo, fatigados de la ceremonia y los gritos. En ese bailar y morir el animal algunos encuentran el arte. Allá ellos que saben. Me dice el hombre de la cabellera de rizos blancos que José Tomás es otra cosa. Me habla de Nîmes, de la corrida histórica, que presenció. Puede morirse, ya ha visto lo que tenía que ver. Le hacen chiribitas los ojos; habla, y qué voz de testigo quebrado se le pone, casi de apóstol. El milagro y el mesías. No se cuántas orejas y rabos, sale a hombros el torero y puede que un toro, indultado esa tarde.
Voy a su libro, el del torero. A José Tomás lo corneó un toro en Aguascalientes, y desde entonces es un reaparecido. Ha vuelto de la muerte y eso le ha convertido en un Lázaro tranquilo y elegante, la pareja de baile perfecta, al parecer, para ese herbívoro de media tonelada más o menos y con astas. Hasta el toro que estuvo a punto de matarle le habla, muy sabio. "En la plaza no se puede fingir, en la plaza todo es de verdad." Incluso no sé si es el toro o el torero que cita a Hegel en el discurso.
Pensando en esto me acuerdo de Michel Leiris. Concebía la literatura como una tauromaquia. Al menos eso decía él. En su prólogo a Edad del hombre escribe: "Así pues, soñaba con el cuerno de un toro. No podía resignarme a ser sólo un literato. El matador que aprovecha el peligro que corre para ser más brillante que nunca y muestra toda la calidad de su estilo en el momento en que está más amenazado: eso es lo que me maravillaba, eso es lo que quería ser."
Supongo que Leiris se refiere a lo que dice ese toro, en la literatura no se puede fingir, en la literatura todo es verdad. Aunque se mienta, que ya es lo de menos.
Hoy me encuentro con la noticia; Coetzee ha enviado una carta a los diputados españoles instándoles a no declarar el toreo bien de interés cultural. Y algunas de sus señorías dirán; ¿pero quién es este desgraciado?
Sospecho que Coetzee sabe tanto de toros como yo. O sea, nada. Frente a la cobarde horda de cazadores que pueblan nuestros montes la tauromaquia me parece una salvajada a proteger. Quizá la única. No sé muy bien por qué, no entiendo su belleza pero no descarto que exista, y tampoco descarto que en el futuro, en un mundo más avanzado y quizá más inteligente, pueda ser considerado el toreo ecología en acción. El hombre y el animal, cara a cara. Es decir, un hombre y un animal.
20/5/13
La entrevista a Andrés Trapiello para JD
Andrés Trapiello (Manzaneda del Torío, León, 1953) nos recibe en su casa un sábado a media mañana. La conversación dura horas, las grabadoras se mueren. Más que opiniones de actualidad buscábamos una vida, un pasado, una intimidad. Se puede decir incluso que la conversación había empezado tiempo atrás, a través del correo electrónico. De cerca nuestro entrevistado tiene un no sé qué barojiano. Podría ser el pantalón de pana pero quizá sea la certeza de estar ante un escritor de largo alcance, más allá de los gritos del momento. De sus diarios ha escrito Félix de Azúa en esta misma revista que “será uno de los monumentos en la literatura española de dos siglos”. Hombre cordial, incisivo y laborioso, su bibliografía completa asusta a cualquiera. No sabemos si es más poeta que ensayista o que diarista o que novelista; no importa, todos los géneros se le dan bien. Además de escritor, es tipógrafo y editor.
Desde el sofá en el que nos sentamos vemos su mesa de trabajo en el cuarto de enfrente; el ordenador portátil en el que escribe, unos cuadernos, la pared tapizada con libros de un tono pajizo.
[LA ENTREVISTA en Jot Down]
29/4/13
Disparates íntimos
Magma, de Lars Iyers, novela. La he leído. A Flaubert le hubiese gustado. O al Flaubert de treinta años que ha leído a Kafka y ya no tiene rentas de las que vivir. La literatura, en fin, como trastorno. Como trastorno digestivo incluso. Suena mal pero aquí está bien. Hay que reírse, y te ríes. Y con humedad viscosa de fondo, en una periferia inglesa casi monstruosa, casi gallega. Se trata de un Bouvard y un Pecuchet abrumados por una ilusión que ya les huele a podrido. Dos monos quitándose los piojos uno a otro. A Kafka también le olía a podrido; pero él era Kafka. Aunque estaba muy lejos de saberlo. Si lo hubiera sabido no habría escrito ni una palabra más. He ahí la clave, la trampa, el elevado y torturante pasatiempo. Otros hacen Sudokus.
El éxito, por supuesto, es una vulgaridad imperdonable. Como tantas cosa buenas, o que hacen buena la vida. La vida puede ser muy mala; avinagrarse es muy malo. Pese a todo el éxito es el pan nuestro de cada día, algo así como las flechas que señalan el camino. El fracaso es una remota posibilidad, hasta que se convierte en todas las posibilidades y entonces llega la gracia; desaparece. Deja de existir.
El éxito es sobre todo una multiplicación, una repetición del exitoso hasta el delirio. El éxito convierte a alguien en muchos, como una clonación histérica, vírica. Hay siempre un empacho, una incapacidad para digerir el éxito de los demás y quizá el de uno mismo. O sobre todo el de uno mismo. De ahí que sea tan habitual morirse de éxito, como acribilllado por todos esos yoes que han tomado el mundo con su cháchara blenorrágica.
Tengo buen recuerdo de esta novela. Estoy ahora con La tentación del fracaso, los diarios de Julio Ramón Ribeyro, que es un poco seguir con lamentaciones de escritor sietemesino y todos esos disparates que comprendo sin mucha dificultad. Disparates íntimos.
El éxito, por supuesto, es una vulgaridad imperdonable. Como tantas cosa buenas, o que hacen buena la vida. La vida puede ser muy mala; avinagrarse es muy malo. Pese a todo el éxito es el pan nuestro de cada día, algo así como las flechas que señalan el camino. El fracaso es una remota posibilidad, hasta que se convierte en todas las posibilidades y entonces llega la gracia; desaparece. Deja de existir.
El éxito es sobre todo una multiplicación, una repetición del exitoso hasta el delirio. El éxito convierte a alguien en muchos, como una clonación histérica, vírica. Hay siempre un empacho, una incapacidad para digerir el éxito de los demás y quizá el de uno mismo. O sobre todo el de uno mismo. De ahí que sea tan habitual morirse de éxito, como acribilllado por todos esos yoes que han tomado el mundo con su cháchara blenorrágica.
Tengo buen recuerdo de esta novela. Estoy ahora con La tentación del fracaso, los diarios de Julio Ramón Ribeyro, que es un poco seguir con lamentaciones de escritor sietemesino y todos esos disparates que comprendo sin mucha dificultad. Disparates íntimos.
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