1/8/13

No pisar

Qué sabré yo, qué sabrá el vecino de seguridad ferroviaria. Pobres imbéciles, quiénes somos nosotros para opinar sobre asuntos de ingenieros y de técnicos. Opinar es una cochinada. Esta frase quizá sea de Breton, el surrealista. En realidad casi nadie opina, al menos en la calle. Se cuentan cosas; todo el mundo es amigo o primo de una víctima o de un héroe. Si una ciudad es pequeña se hace más pequeña todavía ahora. Leo la entrevista a Julio Gómez-Pomar, el presidente de Renfe. Yo no sabía ni que existía, este señor; y sí, existe. De todas formas no parece ir mucho con él el descarrilamiento de Santiago. No quiero ser injusto, demagogo. Bueno, un poco sí que quiero ser injusto, qué narices. Escribir sobre lo que pasó estos días en Santiago es como estar ante uno de esos jardines públicos en los que hay un cartel de No pisar. La muerte es muy delicada. Estará desolado, ese hombre que preside Renfe. Bajo ese barniz hermoso, moreno marqués (a otros el moreno los devuelve a la caverna, como si el sol de unos y de otros no fuese el mismo; es que no es el mismo, claro), habrá un hombre que sufre en silencio la desgraciada muerte de todos esas personas en uno de sus trenes. Pero. El tren descacharrado en cambio era más del que lo conducía. Allá él y sus despistes.

Titular de la entrevista, era éste: "El tren accidentado y el AVE son igual de seguros, pero cada uno con un sistema”. Ok. Cada uno con un sistema. También dijo: "No hay ningún elemento para poner en duda que son sistemas seguros". Ok, si lo dice él, pues no lo habrá. Lo mejor es no encanallarse. A fin de cuentas no se despista un maquinista todos los días en una curva peligrosa. Hay que convivir con la remota posibilidad del despiste. El sistema lo tendrá todo bien atado, menos un par de cosillas muy improbables, como ese despiste del todo inoportuno.

El mejor artículo, esta carta al director en El País.


El presi de Toyota, poniendo el cuello por si alguien quiere sacar la katana.