10/10/08

Hombres famosos (2)


Un libro escrito por la noche, cuando todo el mundo dormía. Varias veces el autor se describe alumbrado por una lámpara de aceite al lado de otra habitación en la que duermen "un hombre y su mujer, la hermana de ésta y cuatro hijos, una chica y tres niños lastimados." Los libros nocturnos suelen ser verbosos (un ejemplo sería Gómez de la Serna, o lo de Thomas Pynchon, que seguro que escribe por la noche), y entre el fárrago incontenible suele haber revelaciones un poco esquinadas y delirantes que sólo de noche se le podrían a alguien ocurrir. La noche es el reino del disparate, con lo bueno y lo malo que eso tiene. Ya lo dice el refrán: Al que vela todo se le revela. Es cierto que en "Elogiemos ahora a hombres famosos" ("Let us now praise famous men") se acusa a veces esa vehemencia epifánica del escritor nocturno, y también en sentimiento (que por la noche los sentimientos son más sentimiento). Al leerlo de noche lo vamos viviendo, casi hipnotizados. Pocos libros me hacen recordar esa famosa frase de Kafka como este: "un libro tiene que ser el hacha para el mar helado que llevamos adentro". 

A medio camino entre el reportaje periodístico y la poesía, pasando por una prosa descriptiva casi experimental (de tan detenida), se trata en este libro la forma de vida "de tres familias de campesinos algodoneros del sur de Estados Unidos". Todo empezó cuando el escritor James Agee (el de la foto de arriba; más tarde sería el guionista de La Reina de África y La noche del cazador, nada más y nada menos,
y un reputado crítico de cine) y el fotógrafo Walker Evans pasaron los meses de julio y agosto de 1936 con estas tres familias. El encargo era de la revista Fortune, y la cosa ("en forma de documento gráfico y verbal") se salió tan de madre que la revista no quiso publicar nada de lo escrito por Agee. Así que siguió escribiendo y completó un libro extraño. Literariamente es un libro hasta audaz. Tan audaz que a veces nos deja perplejos. Las descripciones son tan minuciosas y alucinadas que a uno le vienen a la cabeza aquellas novelas de Robbe-Grillet en las que los objetos acababan perdiendo su forma habitual a fuerza de verlos de tan cerca y desde todos los ángulos, como si en lugar de una palangana tuviéramos delante una catedral gótica. Según John Huston "su descripción de los objetos de una habitación era detallada hasta el punto de constituir un homenaje a la verdad. Durante una fracción de eternidad esos objetos existieron en una colocación determinada dentro de un espacio circunscrito; eso era verdad. Y la verdad era digna de ser contada".


Me recuerda también a esos directores de tempo tan lento que una obra clásica (Mozart, por ejemplo) se convierte en música contemporánea, ya que apenas enlazan unas frases con otras, y la sinfonía se queda como rota, y sólo percibimos unos harapos sonoros a todas luces extraños.

El objetivo de Agee es expresar lo "curioso" ("por no decir obsceno y absolutamente aterrador") que le parecen las condiciones de vida de tres familias de blancos arrendatarios en esa parte del país. Parece evidente a primera vista que aquí se trata de exponer la miseria de los habitantes de una zona realmente desfavorecida, por utilizar un eufemismo habitual. Pero una vez que profundizamos en el libro vemos que algo no encaja, o que lo que pensábamos que era no lo es del todo, es otra cosa; el libro en realidad es la historia de un tipo (el narrador) en medio de esa miseria, y es casi tan importante este como lo que le rodea. Lo importante es la experiencia de este narrador con ese ambiente, y cómo se enfrenta a ello. Parece incluso que de alguna manera al hablarnos de lo que ve nos está hablando de algo que le concierne personalmente, como si él fuera uno de ellos disfrazado de universitario (con el desaliño machadiano, por cierto, según testigos) y como si su vida se decidiera en esos meses.

Escribiría después una novela, Muerte en la familia, por la que le dieron el Pulitzer póstumo. Murió de un infarto a los cuarenta y cinco en un taxi en Nueva York.

Puede que Elogiemos… sea un libro, en ciertos momentos, digamos, excesivo, pero creo que los defectos son el verdadero cofre secreto de un libro y también de este. Los libros perfectos son libros mediocres y aburridos. Una vez Borges dijo que la famosa novela de Bioy La invención de Morel era perfecta. Yo creo que Borges sabía que en ese adjetivo (aplicado a la literatura) no todo era halago. La literatura es precisamente la consideración del defecto, del error. La literatura vendría a ser, es (perdón por la frase), la historia del error, de la desviación. Los errores que vencen, o los errores sinceros.

5 comentarios:

conde-duque dijo...

Qué buen comentario al libro. Ya me están entrando ganas de comprarlo y pasar una noche en vela.
Por todo lo que dices intuyo que va a haber momentos en que me va a encantar o fascinar (aagghh, me dan repelús estos dos verbos, tan cursis, pero es lo que es) y que a ratos me va a aburrir.
Ese "arte de la anestesia" que a veces se necesita tanto para mejorar la vida, para olvidarla, como una droga. Muy pocas obras salen bien paradas del reto.
Gracias por descubrírnoslo. Y por (d)escribirlo tan bien...

condonumbilical dijo...

¿Seguro que no te pagan por vender libros? jajaaj

Pues deberían.

Saludos!

Portorosa dijo...

Pues sin duda me has convencido, creo que me va a gustar.

Ah, y la frase está muy bien, me parece a mí.

Un abrazo.

Bernardinas dijo...

Qué bien que circule este libro (y las fotos de Walker Evans). Ese lado minuciosísimo es desde luego impresionante, sobre todo por lo que tiene de ascetismo, de descubrimiento de la verdad a través de la contemplación abnegada, paciente y estricta. Pero también hay un lado épico muy Faulkner y otro reflexivo que yo vinculo al 'Walden' e incluso los avatares, como tú dices, "la historia de un tipo en medio de esa miseria".
Esa idea de la redención del objeto por la vía de la más descarnada exactitud está presente en todo el libro. Por ejemplo: "Todo lo que una persona es y experimenta y no esperimentará nunca, en cuerpo y en mente, todas estas cosas son expresiones diferentes de ella misma y de una raíz, y son idénticas: y ni una sola de estas cosas, ni una sola de estas personas será nunca duplicada del todo, ni sustituida, ni ha tenido nunca un precedente exacto: cada una es una vida nueva e incomunicablemente tierna, herida por cada aliento y casi tan difícil de matar como fácil de herir: que resiste, durante un tiempo, sin defensa, los enormes asaltos del universo..."
Para mí es, más que una lectura, un libro de consulta. Cuando te pones tonto describiendo o se te escapan las metáforas bonitas, lees una página de este libro y de inmediato recobras la cordura.

Mabalot dijo...

Buenas.
Creo que nunca trato de convencer a nadie de nada. Habló con entusiasmo y dudas, si las hay, de libros. Supongo que el entusiasmo es contagioso.
Sí, es verdad, hay lado épico muy Faulkner, Antonio. Bien visto. Incluso la prosa yo diría que es bastante cercana. Y también lo veo un poco así, como un libro de consulta.
Es un Ulises (el gran, por excelencia, diccionario literario) alternativo. Y más que para evitar caer en metáforas y hermosuras diría que sirve para no escribir para nada, por nada, sin un fondo de tipo conforme que juega y nada más.

Gracias a todos.