30/4/08

El oso

El balcón del hotel daba a un aparcamiento. Estaba casi vacío; solo dos coches, el suyo y otro. Una bolsa de supermercado, hinchada, remoloneaba por el aire, como una medusa de plástico. Pasaban muchos camiones por la carretera y el ruido sacudía las ventanas con pequeñas ondas expansivas. A lo lejos los campos secos y casi ondulados. A su espalda se abrió la puerta. Era alguien disfrazado de oso, que se quedó allí parado agarrando el pomo. Miró abajo; no tenía ninguna posibilidad. Pensó que al estamparse contra el suelo quedaría fijo como esos perfiles a tiza que deja la policía cuando el cadáver ya no está.

2 comentarios:

The sea, the sky, the dust dijo...

jajaja rozando el surrealismo. Breve pero original y bien escrito. Adoro los difraces de oso y de payaso

Mabalot dijo...

Gracias, amigo.