14/3/08

Un señor japonés; el que busca

Un suicida en potencia

Tiene mirada optimista (le brillan los ojillos). No parece que se vaya a suicidar dentro de poco. Todos conocemos la preferencia del nipón medio (ese tipo inexistente) por el suicidio, pero esta tendencia es más acusada entre los escritores. Y si escribe cosas de provecho ya no lo salva nadie. Akutagawa, Dazai, Mishima. Dazai se pasó la vida intentando suicidarse, y entre intento e intento escribió algunas de las mejores obras de la literatura japonesa del siglo pasado. Hay una generación de escritores (los Marsé y Goytisolos de allá; Abe, Nosaka, Oe) que aún no se han decidido.

Un tipo con éxito y algo más

Haruki Murakami es más joven (nació en el 49). No sabemos si el éxito que está teniendo le obliga a algo, o lo disuade. Lo que sí tengo bastante claro es que pocas veces como esta el éxito coincide tan escrupulosamente con el talento del escritor. Y cuando digo talento me refiero, más que a la capacidad de hacer las cosas únicamente bien (que no es poco), y a cuadrarlas, al coraje de asumir un cierto riesgo e incluso adoptarlo como componente esencial de una obra. O al menos su libro de relatos Sauce ciego, mujer dormida contiene piezas excelentes, maestras, que lo son porque no se quedan en aparatos perfectos. En realidad todos tienen algo de fragmento narrativo extraño. Lo dice en el prólogo el propio autor: “… todo lo que escribo es, más o menos, un cuento extraño.”A uno le pueden gustar unos cuentos más que otros, pero en todos asoma esa especie de rebeldía del propio relato para no quedarse inmóvil dentro del marco formal que se le asigna en un principio. Porque uno, quiera o no, lee un relato aplicando el molde que creemos que lo leído tendrá, y estos relatos se resisten, se nos escapan por los lados, como leche que hierve. Son relatos, no que quieran ser raritos por serlo, no dan esa impresión, sino que parece que no se conforman con ser relatos, o con ser literatura. Quieren saltarnos a los ojos, como aceite hirviendo, y por eso se revuelven y sacan los pies fuera de la cama y se quedan un poco asimétricos, deshilachados. Ya lo había dicho Baudelaire (qué lejano suena); “La belleza moderna será asimétrica o no será.” A Murakami se le mete en el saco posmoderno (¿?, esto seguro que lo explica muy bien algún hombre nocilla), con los DeLillo, Pynchon… Pero sea lo que sea consigue arriesgar sin martirizarnos, como si le debiéramos algo, que es lo que pensamos al leer a algunos escribidores de supuestos tochos posmodernos.

El planeta Murakami

Son relatos diferentes pero en todos pisamos el mismo planeta. Eso no pasa con todos los escritores, o pasa con pocos. La mayoría se quedan en la forma, que es lo primero que se ve y sobre todo lo último, por desgracia. El ingenio formal, la buena idea. Como esas nueces que pesan poco y al partirlas vemos que están secas, que no hay nada dentro, aprovechable, aunque por fuera parezcan perfectas. O pueblan sus macondos de gestas verbales que no pasan de ser meros intentos de llevarle la contraria a la ley de la gravedad, o a alguna otra ley física, como si estuviésemos en un circo.

El planeta Murakami lo mismo se llama Tokio, Kyoto o Hanaley Bay. Son lugares reales en los que cualquier cosa puede pasar, porque en la lógica (o ilógica) del relato lo más extraordinario es lo más natural y a veces lo más normal es lo más extraño. En esto último vemos también la sombra de Carver (Murakami fue el traductor de los relatos de Carver al japonés), esa capacidad para mostrarnos lo desconcertante en lo cotidiano, con trazo fino. Hay también un fondo kafkiano distinto al acostumbrado, al manido, al literal. Aprendió muy bien la lección en Kafka. A veces lo que hace es incluso una relectura lúcida del checo. Y como en él algunos relatos parecen leyendas que remiten al consciente colectivo de un pueblo, o del ser humano. Que no al inconsciente, que es un invento muy aburrido, un paraíso o purgatorio interior decorado con relojes derretidos y todo al estilo Art Nouveau.

Donde parezca que esto pueda hallarse

Mi historia particular con este autor es extraña. Hace un año o más encontré en casa de mi hermana su novela más conocida y convencional, según tengo entendido; Norwegian Wood (Tokio Blues). Era una tarde de domingo, acababa de comer y había una butaca al lado de la ventana. Me quedaba solo y tenía curiosidad por el autor. Todo era favorable, pero lo dejé pronto. Quizá la foto de la portada de Círculo de lectores, con una chica japonesa muy joven con cara de tristeza de ni fu ni fa, Coca-Cola o Pepsi, y quizá la idea de encontrarme con unos personajes enrocados en depresiones pseudoexistencialistas, me desanimaron de antemano. El caso es que se me hizo insoportable el tono.

Hace un mes o mes y medio cayó en mis manos el libro de relatos. Y desde que empecé a leerlo dejaron de existir los demás libros de la mesilla. Tiene razón Orejudo, es adictivo. Pero no una adicción de querer acabar cuanto antes (eso es prisa), sino un deseo de que no se acaben nunca, una lectura pausada. Como decía hay relatos que son pequeñas obras maestras. El otro día, aprovechando la fiebre y mi coartada de enfermo (una vez al año no hace daño), me quedé en cama toda la mañana y me leí de un tirón su novela Al sur de la frontera, al oeste del sol. Cosa que no hacía con una novela de casi trescientas páginas desde que era estudiante.

Seguiremos probando mientras merezca la pena, y me da que sí. Como dice en uno de mis relatos favoritos: “Y yo, posiblemente, buscaré de nuevo, en cualquier otro lugar, algo que tenga la forma de una puerta, o de un paraguas, o de un Donut, o de un elefante. En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse.” (pág. 335)

8 comentarios:

conde-duque dijo...

Te tomo la palabra. Y si después no me gusta, ya sabes: te pego.

Mabalot dijo...

Sí, hombre, este no es Lobo Antunes. Aunque me siguen gustando esas crónicas (reconozco que ahora son peores). Pero yo de ti me lo pillaba en la biblioteca, porque no sé si me entusiasmaría tanto de haberlo comprado (me lo dejaron). Un libro es bueno lo compres o lo cojas en la biblioteca, pero, no sé si es casualidad, tengo la sensación de que me saben mejor los libros prestados y de la biblioteca que los apoquinados. ¿Por qué será?

Supongo que mi "nipofilia" algo tendrá también que ver con que guste de los relatos de este hombre. Digo yo. Bueno, sea como sea, creo que te gustará, y si no pegas cuando subas a Santiago y después me invitas a unas copas para olvidar los dolores.

The sea, the sky, the dust dijo...

Una mujer que muere y es devorada por sus gatos. Una pareja que nunca tiene tiempo de ir al zoológico.... son algunos recuerdos vagos que me quedan de Blind Willow, sleeping woman. Como dices, una lectura que se degusta y paladea intentsamente, pero sin prisas. Me recomiendas pues, Al sur de la frontera, al oeste del sol? he meditado varias veces hacerme con él, pero nunca me he decidido. Como lectura cortita y amena, mi amor Sputnik me gustó bastante.

Mabalot dijo...

Buenas. Me gustaron más los relatos. La novela tiene cosas pero parece más una novela de cumplir... consigo mismo. Se dijo; voy a hacer una novela lineal de un amor recuperado, a ver si me sale.
En realidad no está mal, pero sólo leyendo esa novela no te haces una ida de lo que es capaz en los relatos. Vale la pena (el tío, repito, es adictivo) porque además parece que no se esconde mucho detrás del personaje protagonista, y nos parece estar leyendo a veces unas pequeñas memorias de una etapa de su vida, cuando tenía un club de jazz etc...

Le voy a echar cojones y me voy a meter en "Crónica de un pájaro que da cuerda al mundo". Si veo que las aguas son demasiado procelosas y no me aporta nada, a otra cosa mariposa. No padezco el prurito ese del que no puede abandonar un libro. A mí lo que escuece es comprarme un libro que sea una caca.

Conclusión; un autor a tener muy en cuenta, a pasar de todos los pesares, a pesar del bombo y el platillo que siempre es una razón para sospechar si estamos comiendo liebre o gato. A pesar del entusiasmo de Fresán.

Un saludo.

momo dijo...

Me has convencido, me compraré los relatos,el primero que leí fue Cronica del pajaro... le siguió Kafka en la orilla , y el último fué Norwegian Wood de veras no llegaste a leerlo?
Creí que ya me habia desenganchado y ahora vienes tú y.....
Ya te contaré

Mabalot dijo...

Gracias, momo: ¿qué me dices de las novelas que te leíste? ¿Cuál te gusto más?
Encantado de tenerte por aquí...

momo dijo...

Lo hice tan sólo me duró en las manos dos dias, estoy escribiendo una entrad , que no crititca sobre M, por cierto me dejas enlazarte?el pimer libro que leí fué el pajaro... Kafka ... y Tokio Blues
Al sur de la frontera es algo... hoy no dispongp de tiempo pero te comento otro dia , por cierto si has leido de un tiron este , no te pierdas Tokio blues , no te dejas enganñar por el principio.
Ya empecé los relatos, sabes el cuento de La luciernaga , tiene historias de T B.
un saludo MABA

fer dijo...

Ahora revisando tu blog encuentro esto... Como creo te dije la última vez que nos vimos, dejé los relatos antes de terminarlos. Tiene cosas, pero para mí, o quizá por/en el momento en que lo intenté, no las suficientes.
fer