12/10/07

El Premio

Estás tranquilamente en tu barrio comprando comida para gatos, decidiendo entre el Cat Chow Delice Salmon, o Delice Pollo o el Mix Buey, y no sabes ya quien quiere cual porque tienes tantos gatos que no hay forma de enterarse quién es quién y qué le gusta a cada uno y hasta los pajarillos que vienen a comer a tu jardín se echan como carroñeros a estas viandas que tienen que tener algo vicioso, como las hamburguesas, porque cada día comen más estos gatos y parecen pelotas de rugby con patas, tirados por el jardín y durmiendo todo el santo día y orinando sobre los enanos de porcelana. Como eres una intelectual y una persona sensible que se preocupa por el mundo no puedes evitar pensar que tienen algo de inmoral estos envases y lo que contienen: Los selectos ingredientes con los que está formulado Cat Chow facilitan la buena digestión de tu gato, y contiene Taurina, para ayudar al correcto funcionamiento de la vista del gato. Ciegos que están de tanto comer, y los pobres niños de África sin un miserable bocado que llevarse a sus estómagos huecos y casi sin estrenar. Estás en esto, abstraída o abstraído, como los vascos y vascas, que diría un aburridor profesional, casi asqueada de esta vida y de los puñeteros gatos que viven como príncipes, cuando entran una docena de periodistas en la tiendan y te felicitan, que has ganado el Premio Nobel. Y todo se ilumina.

Así pillarían a Doris Lessing, desprevenida, en medio de una gran duda, centrifugando sus preocupaciones, como toda persona de importancia. No ha leído uno a esta mujer, pero dan ganas. Siempre dan ganas de leer al Nobel (quizá para discutir en el bar con los paisanos, que ya se cansan del fútbol y de Raúl sí Raúl no), menos cuando ganó Pinter y la mujer esa disfrazada de vampira que parecía muy preocupada por asustar a alguien. Prefiere uno que gane el Nobel la loca de los gatos que todo barrio tiene. Porque Lessing nos parece un poco esa señora siempre apoyada en la ventana de su bajo, como la estampa de una abuelita que presenta un telediario, con gatos en los hombros y comentando todas las jugadas al que pasa por delante de ella apurando el paso y a la que todos miran desconfiados, de reojo. Claro que está encantada, el Premio Nobel le ha hecho mucha gracia. Este Premio es un Papado; se convierte el galardonado en la voz (la Voz) del mundo por un año y para siempre también, mientras pueda cantar y el cuerpo aguante. Es un puesto vitalicio, con un sueldo vitalicio, casi como un alto cargo de la Xunta. Los académicos suecos estudian a todos los candidatos, sus obras, sus vidas, sus frases al viento, el viento de los periódicos, y los escándalos, si los hubiere y de qué naturaleza, y compromisos sociales, sobre todo compromisos, que se vea que tienen sangre en las venas, y entre todos los curriculums eligen a uno, tras moneda al aire o meditada decisión, el que será iluminado por el Gran Foco. Será esa palabra ejemplar que dirá lo buenos o malos que somos los humanos, y lo burros e inhumanos que podemos llegar a ser, lo mal que olemos sino nos duchamos cada día y el mucho papel que gastamos en higiene íntima, pero hay esperanza, la esperanza en la humanidad o en lo que sea es lo último que se pierde, y menos con un Nobel a cuestas, que por fin le hacen caso a uno. Aunque parecía haber renegado de la esencia del premio, de esta misión, quizá en broma o por despecho: «No me interesa el premio, no quiero enmudecer como Saramago», que dijo hace un par de años.

A ella y a sus editores les ha tocado el Gordo de Navidad (“el galardón está muy repartido” entre las distintas editoriales españolas, afirma su agencia literaria), y el champán y los saltos de alegría de los afortunados, siempre insoportables, con mucho griterío, también aquí (porque son muchas las familias que viven de este galardón), caerán como un jarro de agua bendita en las carnes del demonio, esos currantes que tendrán que esperar otro año para entrar en las quinielas, a su pesar, pues casi es una condena a quedarse sin él, el ser el eterno candidato.

Felicidades, señora, que lo disfrute con salud.

7 comentarios:

M. dijo...

Casi como un alto cargo de la Xunta... Qué exagerado eres, hombre. Ya le gustaría a esta mujer.

El perfil de vieja con gatos, tal cual. Yo leí un libro suyo hace muchos años, y no me gustó. Tampoco sé cómo era yo hace muchos años, así que el juicio es nulo. Sí recuerdo que el título era horrible: detrás del corazón, o detrás de amor, en el amor, amor en el corazón o alguna barbaridad parecida. Qué hacía yo cogiendo un libro con este título es algo que me estoy empezando a preguntar ahora.

Joder, yo tengo ganas ya de que el Nobel se lo den de una vez a José Ángel Mañas.

Mabalot dijo...

¿Pero aún existe el tal Mañas?

Miguel Sanfeliu dijo...

Esta foto se la debió hacer algún enemigo envidioso...

Sí que la pillaron desprevenida, sí.

Un saludo.

Cerillo dijo...

Es usted un cronista excelente

Mabalot dijo...

No sé , Miguel, mi mujer también dijo que salía fatal la señora, pero a mí me parecía hasta simpática la foto; además pilla muy bien ese lado "abrasivo" de Lessing, que personalmente me gusta mucho.

Gracias, señor Cerillo.

Saludos.

Portorosa dijo...

Nunca la había visto, me parece, y antes de leer el texto creí que habías puesto la foto de una mendiga. Te lo juro.

El texto, como de costumbre, me parece brillante. O más. Enhorabuena again.

Y el comentario de M. es muy gracioso.

Así da gusto. Un abrazo a todos.

Mabalot dijo...

Un abrazo, Porto, thank you.