16/4/07

Misterio general de Niponia

Que conste en acta que mucho voy a tener que escribir (aquí y aparte, para no saturar al personal) para entender algo del famoso Planeta Gominola. Ni los años que llevo oyendo hablar de él, ni lo leído (libros de viajes de escritores extranjeros al lugar y algún que otro autor nipón traducido), ni el cine que vi, sobre todo el de Yasuhiro Ozu (en mi opinión el mejor director japonés de todos los tiempos), ni las dos visitas, ni una imaginación delirante, sirven para explicarme qué coño pasa allí, cómo son o cómo dejan de ser en conjunto los habitantes de Niponia.

La pregunta que toca ahora (para desembarazarme de ella de una puñetera vez) sería esta; ¿Qué es Niponia?

Los ríos también apestan en Tokyo. No todo está copiado de Candy Candy.
Después de tanta historia he llegado a una conclusión. Ya lo vi allí; me desconcertó ese pensamiento. Me dije; no puede ser, tienes que estar borracho. El sake ha enredado tus neuronas de tal manera que ya no piensas claro, piensas revuelto, revoltijos. Y eso puede ser verdad, pero también era cierto que eso, esa impresión, la tenía todos los días. Así que al final acepté que parte de la solución estaba en la tele. El primer paso para entender algo sobre el Planeta Gominola está, señores, en los dibujos animados; Niponia es eso que se ve de fondo en Shin Chan, en Doraemon, en Dr. Slump. En Heidi no, que se ven Los Alpes.

Los uniformes del colegio dan para un tratado; los hay estilo árbitro de fútbol, marinero años cuarenta, putón verbenero de manga erótico...
Todo, señores, en Niponia, es como de juguete. ¡Niponia es un mundo de juguete! Casi le dan ganas a uno de coger con las manos las ambulancias y las furgonetas del pan, los Porches y los camiones, y jugar con ellos a los coches. Estrellarlos unos contra otros como hacía de pequeño. Así que no era invento de unos dibujantes; son realistas. O eso, o Niponia se parece cada vez más a sus dibujos animados, al manga, que también puede ser.

Media hora de trayecto en el autobús de los PinyPon. El conductor, con pinganillo, va narrando las paradas. Todo es divertido en el Planeta Gominola.
Eso del manga no podía haber sido inventado en ningún otro lugar del mundo. Niponia no es el manga, claro, pero el manga es plenamente nipón. La sensación de estar viviendo dentro de una serie de dibujos animados era recurrente. Tenía esa sensación más de una vez al día.

Dos agentes de la ley y el orden de metal ante las puertas de una comisaria. Como los leones del congreso pero más guapos y sugerentes, aunque menos amenazantes. (Yo vi a unos agentes como estos, no sé si los mismos, pero esta foto no es mía; se la mangué a Kirai, uno de los mejores blogs sobre Japón)
Es un mundo amable, algo naif, a veces ridículo. Nada más ajeno a Niponia que la picaresca española. Allí no se entiende, si es que tiene algo que entender. Parece un mundo bueno, en el sentido machadiano del término. La gente parece hecha de pan, y hasta los punkis, que en teoría tienen que odiar el mundo y cagarse en todo, allí parecen buenos chicos, unos boys scouts disfrazados. Se duermen en el metro como angelitos, y por nada del mundo se les ocurriría ponerse a pedir después de tocar una flauta o hacer monerías con unas pelotas.

Tengo la impresión de haber topado un mundo virgen, como una de esas tribus aisladas que viven su utopía ajena al desarrollo. Vaya paradoja, la sociedad más avanzada tecnológicamente del planeta, y en cambio viene uno con la impresión de que atan a los perros con longanizas. Y lo más extraño es que los chuchos nipones no se comen las longanizas.

Este es el misterio general de Niponia. He tenido que apartarme un poco hacia atrás para ver el bosque. Niponia, por lo tanto, es un mundo de dibujos animados en tres dimensiones. De ahí que sea el sitio más seguro del universo. Pero esto lo dejamos para el próximo capítulo, dónde se dará cuenta por lo menudo de las vicisitudes de Mabalot y varias de sus personalidades por el Planeta Gominola y de cómo se relacionó con sus habitantes y de lo que vió.

19 comentarios:

Alfonso dijo...

Éste es uno de los mejores libros de viaje que he leído últimamente, con el interés añadido de que es por entregas, como los viejos folletines. Enhorabuena, Mabalot, has hecho que me interese por ese planeta lejano que llamamos Japón. Algún día tendrías que publicar esto como libro. Un saludo

Diarios de Rayuela dijo...

Ante Vd. un enganchado más a la espera de nuevas entregas. La primera, el aterrizaje, nos puso en vilo. Esta segunda, como aérea, según los usos de un buen picado cinematográfico, empieza a situarnos en el escenario a la vez que nos presenta a los figurantes. Supongo que en cualquier momento se nos dará cuenta de las vicisitudes de Paco Martínez Soria. Entretanto, le deseo a su padre un pronto restablecimiento.
Un abrazo.

conde-duque dijo...

O sea, que es como "El show de Truman" pero para todos, o como esa peli cuyo título no recuerdo ("Jacksnville" o "Smallville" o "Algoville") en la que las personas eran en blanco y negro -como en las teleseries americanas de los cuarenta- y poco a poco se iban coloreando. Si te quedas más tiempo ciertas partes de tu cuerpo empezarían a colorearse como los comic manga ¿no?
Muy muy peculiar. Y muy bien contado. Me encanta el final como de entrada de novela antigua (el Quijote, Oliver Twist, Tom Sawyer...).
Un saludo.

Azófar dijo...

Geniales las crónicas, me gusta tu humor, y despiertan la curiosidad por viajar a tu viaje (pero no a Japón, desde luego no en mi caso). Salud

Mabalot dijo...

Gracias a todos. Tengo unos lectores cojonudos, así da gusto. Cuatro, pero selectos.

Un abrazo.

Portorosa dijo...

No, cinco.

Conde, es "Pleasantville", creo.

Mabalot, a mí también me ha gustado mucho; y sobre todo el párrafo de los punks me parece genial.

Un pero: ¿"atar los perros con longaniza" tiene que ver con la ingenuidad/inocencia/buena fe, como dices tú, o se refiere más bien al despilfarro del que tiene de sobra de todo?

Un abrazo.

(Bueno, retiro lo de cinco, porque con las coñas estoy asumiendo que soy cojonudo y selecto yo también...)

Anónimo dijo...

(Porto-rosa queridísimo, si usted no es selecto y cojonudo, que les caiga encima a todos estos una lluvia de suspensorios húmedos y tatatá de otros desastres.)

Seis.

Y yo además admito ser selecta y cojonuda. Y guapa. Y limpia.


Fdo: La donna è mobile

Anónimo dijo...

Y añado que me voy a guardar el autobús de fondo de escritorio. Y que me parece un disparate en el que hay, yo qué sé, de novelas encerradas.

:-)

Mabalot dijo...

Que literales, yo decía un "cuatro" metafórico, pero bueno... por supuesto, Donna y Porto, no son ustedes menos selectos y cojonudos y guapos y limpios. Faltaría más.

Lo de las longanizas yo lo entendía así. Pero tengo un diccionario de refranes y frases hechas y después de cenar (tengo hambre ahora) lo copio, lo que diga, pero creo que lleva usted razón, aunque yo siempre lo entendí como el acto del inocente e ingenuo... Aunque la otra interpretación, vaya, también vale para lo que quiero contar. En Niponia lo opulento es lo normal, el despilfarro en guccis y demás es el pan de cada día.

Gracias, selectos seis lectores. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Diccionario de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago, Espasa.

"Con esta expresión aludimos a ese país fantástico donde todo es abundante, modélico, lujoso y placentero, también llamado Jauja. Se emplea para contestar ironicamente a quien habla de las bondades extremas o del gran beneficio de alguna acción o de algún lugar. Se dice, a saber si con algún viso de realidad, que en el precioso pueblo salmantino de Candelario, famosos por sus embutidos, la fábula se hizo realidad. En dicho pueblo vivió a finales del siglo XVIII don Constantino Rico, o mejor el tío Rico, el choricero, proveedor real inmortalizado por el mestro Goya, Francisco Bayeu (1734-1795), en un conocido tapiz. El Choricero tenía una fábrica de embutidos en la que trabajaban muchas empleadas y fue una de ellas a quien se le ocurrió la brillante idea de atar a la pata de una silla con una ristra de longaniza a un perrillo que molestaba. Quienes lo vieron lo contaron, y el pueblo interpretó tan curioso hecho como símbolo claro de la opulencia con que se vivía en casa de don Constantino."

Lo copié todo porque valía la pena, creo. Algo así como los que le lanzaban al árbitro monedas de quinientas pesetas.

La chica esa de las longanizas era una ingenua, además de despilfarradora. Creer que el chucho aguantaría mucho atado de esa guisa.

Boas noites.
Mabalot

conde-duque dijo...

Me habéis liado un huevo. Entonces ¿qué significa? ¿Las dos cosas: ingenuidad y opulencia? ¿Por separado o a la vez? ¿Y si el perro se come las longanizas acaba mordiéndose el rabo?
Desde luego McGiver hacía cosas más raras con el embutido...

Mabalot dijo...

No, hombre, lo de ingenua parece que me lo saqué yo de la manga. Porto defiende la versión oficial del dicho.

Yo esa frase la asocio a algo que le escuché a... no sé quién, quizá un político (de buena fuente me voy a fiar, vaya), hablando de Izquierda Unida y la incapacidad de la izquierda en general para adaptarse a la "realidad"; diciendo que estos pretenden atar a los perros con longanizas, en el sentido de carecer del mínimo sentido de la realidad. Digamos que ese dicho yo lo entendía pasado por el filtro de un Hobbes.

Pero el diccionario este dichoso, nunca mejor dicho, se refiere al despilfarro. Quédate, Conde, con la versión diccionario, claro. Aunque puede entenderse de la otra manera también.

Nada, lo mejor es que se coma el rabo el chucho. Me caen muy mal los chuchos. Hasta escritos me caen mal. Por supuesto he de hacer mención al chucho nipón que tanto odié; ya lo sacaré en este pseudolibro de viaje. Su nombre no tiene desperdicio, o sí, mucho; se llamaba el elemento ANO. Que en nipón no significa nada "esfintóreo", y que en castellano tiene graves resonancias.

¿A quién le gustaban los culos? A Manuel. A o mejor a Manuelillo le caía bien este chucho.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Es broma, Sr. Jabois. Te estoy provocando a ver si apareces por aquí y nos sueltas unas parrafadas.

Juan Domingo dijo...

De las crónicas niponas, Mabalot, al final vas a hacer un nuevo género. Tómatelo en serio, y a lo mejor puedes cobrar derechos de autor. Un abrazo, y gracias por el humor.

Portorosa dijo...

Porto, sin salirse nunca de la senda marcada... así le va, al pobre.

A ver, Mabalot, atiende:

Luego pensó que los subtítulos eran algo repugnante, como los calcetines blancos o los mocasines grises. Sólo los japoneses usaban mocasines grises. Por otra parte, era posible que sufrieran algún trastorno en los ojos, y que estuvieran absolutamente convencidos de que usaban mocasines marrones. En tal caso, era absolutamente urgente advertirlos de su error.

Alessandro Baricco, City

¿Algo que decir al respecto? (Hay, en El teatro de Sabbath, de P. Roth, otro fragmento alusivo a Japón, que es un verdadero descojone: dice que no saben nada de nosotros, que no entienden nuestra cultura y lían todo en su intento de imitarla; y cuenta el caso (no sé si real, pero desde luego muy gracioso) de unos grandes almacenes nipones que en Navidad decoraron la fachada con un gran Santa Claus... ¡crucificado! ¿No es buenísimo?).

Besos y abrazos.

Mabalot dijo...

¿Mocasines grises? Pues no sé. En todo caso si sufren un trastorno en los ojos poco podemos hacer advirtiéndolos de su error. Al contrario, creerán ellos que los que estamos en un error somos nosotros. Y además los del trastorno podemos ser nosotros. ¿Quién tiene el trastorno? ¿Cómo se sabe?

Supongo que el bueno de Baricco alude a una distinta concepción de la estética entre occidente/Europa y Japón; es decir, lo que para nosotros es una mierda a la vista para ellos está muy bien. Y supongo que viceversa, aunque parezca tener más legitimidad la vieja Europa y occidente porque impone a nivel mundial su canon. Parece que occidente ganó, y el resto se adapta como puede.

Bueno, sí creo que puede haber una disparidad en lo estético (veáse los coches por ejemplo, que tienen un no sé qué de amorfo, los toyotas y nissan y demás... frente a los coches europeos, aunque sean mejores en motor y tal).

Yo veo mucha exageración, también.El Papá Noel crucificado, vamos, si lo veo tienen que recogerme con palas del suelo, porque me rompería de risa hasta el juicio final.

Pero una cosa tengamos en cuenta; la imitación ya no es unilateral, de ellos a nosotros, sino bilateral, o más de nosotros a ellos que al revés (del sushi y la comida japonesa vienen todos esos Bullis y demás "salsas", etc...). Lo que tenían que copiar ya lo copiaron. No hay más. Ya son occidentales; incluso sus caras no son la de unos más o menos chinos con maneras de occidental, sino que SON occidentales con los ojos rasgados. El japonés medio.

La verdad es que un gran revuelto, ese mundo. No saben nada de nosotros, y nosotros no sabemos nada de ellos. Casi me parece más cierto lo segundo que lo primero.

Un abrazo, Porto. Don Juan, muchas gracias; ojalá un mecenas aparezca y me pagué por fabricar libros. Que yo lo vea y ustedes también.

Portorosa dijo...

Muy interesante, todo.

empiezo a entender dijo...

Qé xulo. volveré...;-)

Mabalot dijo...

Gracias. Vuelve.