4/1/07

De cómo empecé a escribir un blog

Eras alta; yo caminaba a tu lado, oliéndote, alelado de gusto, callado y jadeante. En los semáforos me rozaba contra ti, como indiferente, y tú te dejabas, tú me querías, Dios existía y se parecía a Lassy. Me tocabas el pelo, me jodías el peinado, me empalmabas todo el tiempo, me dolía el pito de tanto quererte.

Yo me moría de ganas por lamerte toda, pero estábamos en la calle; en la calle no me dejabas hacer nada; el palote verde del semáforo terminaba con esos momentos de rifirrafe amoroso. Los ciegos se ponían en movimiento como muñecos locos a pilas y siempre me zumbaban con el bastón, y no una vez sino varias, como para cerciorarse a golpes de que algo mullido y carnoso se escapaba de ellos; daba igual dónde estuvieras: pienso que los ciegos dividen a las personas en dos; los que están a la izquierda y los que están a la derecha; son los culpables del bastón los divisores de la sociedad, y eso que no ven un cojón...


A veces entrábamos en alguna cafetería, pero la mayoría de las veces nos quedábamos en la terraza, mirando a la gente pasar, y apenas hablábamos, o solo hablabas tú, yo gruñía;

-¿Tienes sueño? ¿Quieres pasear un poco?
-Grrrrr...
No hacía falta hablar, con mirarnos ya era suficiente, nos entendíamos como la tuerca y el tornillo, como dos timadores que lleven toda la vida y parte de la otra trabajando juntos, timando pensionistas, como el queso y el membrillo, la Luna y la bandera yanqui.

Cruzabas la pierna. Yo te imaginaba así, siempre, desnuda, a mi lado.

Esta mujer no padece una demencia; es una metáfora en pelotas, un producto de mi imaginación
Esos senos tan lindos que nunca me dejabas chupar; cuando te besaba te reías, te limpiabas con la manga como si te diese asco, me apartabas escandalizada y chistosa, aunque me dejabas tu pierna desnuda, que comía como un zanco de pollo, que chupaba como un hueso de churrasco. Me follaba tu pierna; triste; t-r-i-s-t-e.

Nuestra relación era rara; yo creía que te sentías atraída por mí, tu mirada y tus gestos me lo hacían pensar, pero cuando me acercaba con intenciones te mofabas de mí, me tomabas a pitorreo. Tenía mucho bello por el cuerpo, parecía un osito de peluche; cuántas veces estuve por pedirte que me depilaras...


Pero no creo que eso salvara nuestra relación; tú te veías con otro, so puta, un metrosexual, que se echaba nívea en sus cojones lisos como canicas. A ese le dejabas hacer; las sábanas olían a puerco cocido. Y yo mientras tanto perdía mí tiempo opositando para policía, mientras tú te tirabas a un calvo aceitoso.


¿Por qué no funcionó? ¿Por qué era mucho más joven que tú, aunque mentalmente más maduro? ¿Por qué no te gustaba como amante? ¿Qué era yo? ¿Un amigo? ¿El colega gay que toda cachonda tiene para aburrirlo con sus jilipolleces de quinceañera? Los gays deberían meterse otra vez en el armario, a salvo de las cachondas frígidas e indecisas.


Vivíamos juntos, y en cambio no éramos nada. Yo era caca de gato para ti, un divertimento, tu osito de peluche de adulta. Tus padres tampoco me tomaban en serio y me humillaban, sobre todo tu padre, el cabrón, que siempre me tiraba un palo para que corriera a buscarlo y me daba sus sobras para comer, de su propio plato, los huesos, porque el animal rebañaba el plato con pan con tanto ímpetu que borraba los dibujos de la vajilla.


Después mi carácter se agrió, ya no soportaba más esta situación, y me echaste de tu cama;

Yo la amaba pero ella soñaba con otros
Te quedaste sola, en pelotas, soñando con calvos y comiendo manzanas que eran una metáfora de los calvos, para fastidiarme, y no me quedó otra que largarme de tu casa (me escapé para siempre, corriendo y llorando bajo la lluvia, qué hambre iba a pasar, a cuántos filetes renunciaba...).

Pero caí en manos de unas catedráticas de Psicología, unas feministas que me pagaban muy mal (comida y alfombra para dormir), y que estoy seguro, provenían de otro planeta, a todas luces, uno muy feo e ignorante, porque eran unas petardas. Me condicionaron (como hacen con el protagonista de
La naranja mecánica) para que me empalmara cada vez que oía el politono Paquito el Chocolatero y para que segregase jugo gástrico y saliva con una foto de Fraga en bañador comiendo percebes. Unas hijas de puta estas científicas, que me convirtieron en un ser acomplejado e incontinente. Mi subconsciente se resentiría de ello por los siglos de los siglos.
En esta foto las catedráticas vienen de desayunar (está claro a quién le toco pagar)
Me ataban por las tardes y noches y se iban en grupo a asesorar niños mongólicos, que cándidamente sus padres ponían en sus manos. Ellas aprovechaban para experimentar con ellos, inculcándoles a través de métodos conductistas la obsesión de salvar el mundo de las garras de Satán. Con el tiempo alguno de ellos llegó a alcanzar puestos importantes en la sociedad.

Un día se dejaron las muy guarras el ordenador del laboratorio encendido; y descubrí Internet. En ese mundo nadie me conocía, por muy peludo que fuese o muy asqueroso que tuviese el aliento nadie se molestaría conmigo ni me tirarían un palo para que corriese a buscarlo. A partir de ese día me las ingenié para conectarme a Internet cada vez que se largaban las catedráticas a moldear cerebros, y ahora escribo un blog, aunque solo me leen cuatro gatos.


Quizá aquí encuentre a la mujer bien desarrollada (otra metáfora; esta vez de no dar palo al agua) que me comprenda, sin importarle si soy un chucho o un vasco o un gallego o un australiano aborigen.
Algunas mujeres comprenden a sus novios/ maridos

11 comentarios:

M dijo...

Menudas catedráticas, Mabalot! Has comprobado si está entre ellas Zenobia Camoprubí? Seguro que la encuentras. Responde a un patrón similar. Un saludo.

Mabalot dijo...

Sí, la verdad es que puede que alguna se parezca. Algún día escribiré un post de la Zenobia, aunque solo sea para dedicártelo, Manuel. La Zenobia te ronda en la cabeza; creo que te impresionó su estampa. Por cierto; conozco catedráticas peores, aunque las hay mejores, más bellas, más femeninas...
No todo el campo es ortigas, que dijo alguno contradiciendo al del orégano...
Un saludo.

conde-duque dijo...

Aquí uno de los cuatro gatos que lee al perro de la chica... Me ha gustado mucho esta historia.
La verdad es que dan miedo las catedráticas, joder... Creo que me voy a unir a vosotros dos para formar el primer Club de Fans de Zenobia Camprubí, podría dar mucho juego (al menos en este ámbito de blogs). Hay que ir pensando en el logo de la camiseta.
Un saludo afónico.

Mabalot dijo...

Estuve en otro planeta, descolgado de este virtual (lo echaba de menos) y ahora vuelvo a estos lares...
Conde-Duque, en mi casa, la epidemia de gargantas doloridas y fiebre alta se dio unas vueltas machacando al personal, sin importarle edad ni sexo u condición física; hizo una excepción, un servidor, que resistió implacable cuidando de aquí y cuidando de allí; ya me tocará.
Gracias por el comentario; espero que ya esté recuperado; ahora me paso por su blog para comprobarlo.
Un saludo.
PD: lo de la Zenobia es una idea buena, y lo de que podría dar mucho juego también lo veo: un blog del primer club de fans de Zenobia. Más frikis no podríamos ser...

Anónimo dijo...

tio, "esperando a dodot" tiene dos http, de las cuales solo la primera está bien, la segunda le faltan los :

no referencia.

mabalot dijo...

Sí, anónimo, lo sabía, pero... gracias por el aviso, de todas formas. Esperando a dodot, en todo caso, no tiene pérdida.
Lo cambio, que el enlace se merece que funcionar...

Anónimo dijo...

si, pues si se tienen links hay que tenerlos bien, elemental mi querido watson.

Rrose dijo...

JAjajaja!
Estupendo!

Ale, pida que le cambien el agua, y siga escribiendo estas cosas TAN BUENAS DE LEER (se lo dice un bloguero nada amigo de los blogs "de leer")

Saludos desde la Maquinaria ;)

P.D: Por cierto, creo que debe de gustarle JEan Vigo, porque la señorita-años-20-desnuda ha salido de A Propósito de Niza, y la foto de su perfil, si no me equivoco, es del docu sobre Jean Taris.Desde luego era un puto genio el Vigo...

Mabalot dijo...

Gracias mil, señor rrose.

A toda la posdata le respondo SÍ. Me encanta Vigo. Usted sí que sabe...

Anónimo dijo...

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