10/8/08

La imagen muda

"De niño siempre quise ser melancólico... Quería sentarme en una piedra y no levantarme nunca más”".

Peter Handke

Leer a unos autores y no a otros no puedo decir que haya sido algo premeditado, o forzado. Desde que tengo recuerdo la lectura de unos me llevaba a otros (normalmente rastreando influencias), y así, sin un orden ni una guía, caminaba uno sin dirección, tomando una calle u otra. Nunca (o casi nunca) he leído a alguien porque había que leerlo. Sería demasiado aburrido, y leer era (es) lo contrario.

Vuelvo a lo que me gusta, como el asesino vuelve al lugar del crimen a ver si lo cogen de una vez. El caso es que no sé cómo llegué a Peter Handke. No me acuerdo. Quizá sólo me atrajeron esos títulos un tanto extraños; Ensayo sobre el cansancio me parecía un título muy bueno. Quizá lo primero que leí de este autor fue este libro. Recuerdo también La tarde de un escritor, que lo cogí de la biblioteca. Libros que me parecían raros, pero no artificiales, o raros adrede, y que me gustaban pese a encontrar a un narrador que no sabía muy bien si tomarme en serio o a cachondeo y escacharrarme de risa directamente. Ese bailar en la cuerda floja (cosa mía, sin intención por su parte, claro) entre el más serio y abisal discurso y el desmadre más friki (como si fuese un extraterrestre en un cuerpo humano el que escribiera) era algo que surgía a la hora de leerlo. Me hacía gracia incluso ese adjetivo con el que se había definido alguna vez; el Proust de las clases bajas (que no puedo citar pero que juro leí en alguna parte hace años). Aunque abandonó las clases bajas nada más hacerse escritor, con Los avispones, una novela sobre la infancia pasada por la nouveau roman y un poco aburrida.

También Alan Pauls habló, al referirse a Handke, de una suerte Kung Fu mal dormido. Es una imagen que le va perfectamente; o la imagen que tengo de él. Un Kung Fu con media melena que camina por la Sierra de Gredos, con su cantimplora, o por la ex-Yugoslavia, que tantos quebraderos de cabeza le trajo, disgustando a todo el mundo con esa afición a llevar la contraria en ese tema (se preguntaba hace poco en un artículo en El País Slavo Zizej sobre las causas sagradas que justifican los genocidios: "¿Y qué decir del austriaco Peter Handke, un clásico de la literatura contemporánea europea, que asistió de forma muy sentida al funeral de Slobodan Milosevic?").

Quizá un ejemplo más de que el talento lingüístico o literario de un individuo poco tiene que ver con su desarrollo moral o político. Literariamente, lo de Handke fue un realismo, digamos, pasado de rosca. Es verdad que malogró muchos de sus libros engordándolos, ahogándolos en palabras, sobre todo los últimos. Precisamente es en sus novelas breves donde alcanza los mejores resultados, y que en realidad no es casi ningún resultado. Un resultado que funciona de otra manera en todo caso. No algo abstracto, hecho de razones y argumentos, como otros autores metiéndose en el terreno del ensayo y volviendo a la narración más tarde. Podríamos resumir lo suyo en la siguiente pregunta hecha por él mismo: "¿Y no había ocurrido ya que por una mirada, lo que es una mirada, y sólo por ella, algo empezaba a existir, un objeto, algo que estaba enfrente, un contexto, más aún, una regularidad?" Este tipo de regularidades que nos va descubriendo, efectivamente, destapa otra dimensión que parece esconderse detrás de las cosas. Quién lo diría. No se limita a mostrarlas; quiere desenmascararlas. A veces me parece excesivo, pero son estos excesos parte de su atractivo, y lo que lo hace diferente.

En sus últimos libros pierde la imagen. Otra forma de decirlo es que pierde la cabeza. ¿Será que olvida cómo escribir (y por eso le salen esos tochos que quizá alguien haya leído)?

Todo esto viene a cuento porque en la feria del libro antiguo en Santiago me encontré sus libros últimos de saldo. Esos en Alianza. Como no había nada más que valiese la pena (cada día es peor esa feria) me llevé El año que pasé en la bahía de nadie. La verdad (casi lo admito como un pecado) siento debilidad por este tipo de títulos un poco engolados (y por eso divertidos), que en realidad no vienen a decir nada. El libro, es una versión, o variación libre, del tema de la trasformación. Alude en la primera página a las conocidas formas grotescas de la antigua Praga y en realidad es el mismo libro de de Handke de siempre, pero, ya digo, encharcado de palabras. Es como si el miedo se hubiera apoderado de él. Parece a punto de sufrir una crisis (lo dice). Seiscientas páginas; un diario, o muchos diarios, una novela, qué más da. Hace años encontré en uno de sus libros anteriores (Historia del lápiz, 1982, en España sale en 1991) un aforismo que me pareció la clave de la escritura literaria o narrativa. Lo que uno siempre intentó hacer, o la manera de hacerlo, estaba en esa frase. Más bien debería decir que no sabía hacerlo de otra forma, y encontrar aquella frase me confirmó que esa era la vía a seguir. Después leería en Bergson exactamente lo mismo. Handke decía: "Al escribir, permanece siempre en la imagen. Si te dejas llevar por las palabras que la designan, es natural que estas te destruyan como setas podridas en la boca. […] Apenas advierte el peligro (acecha tras cada frase) vuelve de inmediato a la imagen (a la imagen anterior) y escribe (en la imagen): ¡Sal del lenguaje! Sólo así podrá volver a empezar la literatura."

En el fragmento omitido (los corchetes) ponía como sumun de la monstruosidad humana el Ulises y El hombre sin atributos. En este libro El año que pasé… (de 1994, y publicado en España en 1999) alude a la imagen (página 36): "Ya no me guía ninguna idea, y sin embargo siento que me falta una idea, como si sin ella mi actividad careciera de luz, y si mi editor no me hubiera disuadido de ello, en la portada de mi último libro se leería: La pérdida de la imagen." ¿A qué imagen se refiere? El caso es que fue poco lo que aguantó su editor, pues en uno de sus últimos libros (otro tocho) tituló de esta guisa: Perdida de la imagen o por la Sierra de Gredos.

Alguno dirá que la imagen que perdió fue precisamente la suya, su imagen pública, ahora que casi se ha convertido en otro Celine y escandaliza mucho su postura filoserbia. Se recuerda a Neruda y su gran equivocación, y menos a García Márquez, aunque también se podría (a los muertos ya les dará igual, pero a los que siguen en la cárcel o exiliados también les cabreará la equivocación del colombiano). Sea lo que sea lo que hizo que perdiera las ganas de continuar el caso es que este año daba la noticia; se retira. Cosa inédita en un escritor, todo hay que decirlo, ya que el que más y el que menos escribe hasta poco antes de morir, y con más ganas que nunca, como si agarrarse al papel le salvara a uno de lo inevitable. Handke se despidió así: "Tras casi 40 años de desempeñar este maravilloso oficio, a veces pienso: has bosquejado, suavemente o con energía, todo lo que tenías que bosquejar en tu vida. Ahora es tiempo de terminar".

Me recuerda también a la famosa Carta de Lord Chandos, de Hugo von Hofmannsthal, en la que el protagonista se despide no sólo de toda actividad literaria sino del lenguaje mismo; "…la lengua, en que tal vez me estaría dado no sólo escribir sino también pensar, no es ni el latín, ni el inglés, ni el italiano, ni el español, sino una lengua de cuyas palabras no conozco ni una sola, una lengua en la que me hablan las cosas mudas y en la que quizá un día, en la tumba, rendiré cuentas ante un juez desconocido."

¿Serán esas cosas mudas la imagen de la que habla Handke?

Y se me ocurre otra pregunta, ya que estamos: ¿Será pernicioso para la salud mental escribir?

9 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Querido Mabalot, vivir es sumamente pernicioso, y no sólo para la salud mental, también para la física.

Así que ¿a quién le importa?

conde-duque dijo...

Varias cosas:
-De este hombre no soporto su pose pedante y pseudofilosófica, todo ese rollo Wim Wenders existencialista... En el Doctorado tuve un curso específico sobre Handke y acabé bastante asqueado (a la profesora -alemana y guapilla- le derretía precisamente ese rollo intelectualista de Handke, que por cierto era mera imagen, superficial y plagiado de aquí y allá). No tiene la fuerza de Bernhard.
-Me gusta su lado más normalillo y realista, de novelas cortas y recuerdos de la infancia, como "Historia de un lápiz".
-Cómo cambia el título en "argentino"... "El miedo del arquero ante el tiro penal".

Un saludo.

conde-duque dijo...

No, creo que me refería a "Una historia de niños o algo así. No lo tengo aquí para mirarlo...

Mabalot dijo...

Sí, entiendo lo que dices. En todo caso Handke se escapó un poco del rollo Wenders, y por supuesto va más a su bola y a pesar de que partieron del mismo punto ahora casi no tienen que ver.
El rollo pedantuelo desgraciadamente se encuentra en ocho de cada diez escritores. La mayoría pecan de snobs y finolis, como si dios mismo los hubiese puesto en la tierra para revelarnos un mensaje divino. Y es cierto que este hombre de primeras puede parecer un divo elevado por encima del bien y del mal, de la caca y del pis, y ya digo que es una imagen en él que me hace gracia, en el sentido literal de la palabra... de reírme del tono que usa a veces en algún libro.

Perooooooo... Sí, tiene libros que me parecen importantes; la mayoria de los diarísticos y breves (tematizados) son muy interesantes. NO digo que serán clásicos y que todo el mundo vaya corriendo a buscarlos; digo que a mí me gustaron, que me aportaron algo que no encontraba en otros autores. Soy menos aficvionado a sus novelas, por no decir que no me interesan casi; El miedo del portero, La mujer zurda... Eso no me parece nada especial.

Bernhard no tiene nada que ver, a no ser que ambos comparten el país de origen.

No sólo de clásicos incontestables vive el hombre. A veces se necesita algún libro que pueda ser malo, o que no juegue a la mediocridad.

Uno tiene momentos para todo, y si es breve mejor.

Mabalot dijo...

Ah, Teresa, ya. Entre la nada y la pena yo también elijo la pena, y entre el café con sal y la nada hasta el café con sal, aunque tenga que echar los hígadillos. Aunque algunos días parezca menos convencido. Ya se sabe que la lluvia de Santiago tiene mucho poder de convicción.

conde-duque dijo...

Yo no creo que 8 de cada 10 escritores sean pedantes, al menos de los que yo leo y me interesan. Y no por eso son superficiales. La verdadera profundidad siempre nace de la sencillez. [Pedante no es el que cita a Aristóteles, sino el que lo hace sin haberlo leído, sólo por pose, y eso se nota...]
Además de pedante, Handke me parece sobre todo un pretencioso. Recuerdo unos libros pesadísimos sobre tíos deprimidos que se iban al desierto a estudiar rocas y nosequé rollos y lo único que hacían era darle vueltas al coco. Mala literatura trufada de "pensamientos superprofundos", de filosofía existencialista barata, copiada además de manuales... Todo era muy simbólico, sobre todo las piedras y los paisajes. Un puto coñazo.

Otras cosas no sé, no habré leído: ¿qué me recomiendas?

En cuanto a lo de "clásicos", nada de eso. A mí me suelen gustar más las obras de segunda fila, las secundarias, las pequeñas "obras maestras", no los tochos redondos y revolucionarios. Sigo sin creer que la literatura sea cuestión de peso ni de número de páginas, y menos para mortales con la vida tan corta. Hay mucha mitificación en eso del tamaño de la obra (de una sola y del conjunto), me parece. La figura del "escritor que no hace otra cosa que escribir".

PD: Sigue siendo sospechoso que de casi todos los novelistas nos gusten justo los libros que no son novelas... ¿Por qué será?

Mabalot dijo...

Fue Montaigne el que dio la gran lección de la sencillez, y de la cita. En los libros de Handke apenas se encuentran citas. Tampoco creo que el citar sea un pecado mayor; más bien es lo contrario lo que me parece mal; decir loque dijo otro casi de la misma forma sin citarlo. Veáse el bueno de Vila-Matas, que en eso es el campeón contra las manchas.

Creo que te confundes respecto a una novela de unos que van a buscar piedras y tienen un rollo raro o le dan vueltas al coco. No me suena de nada, pero todo puede ser. Es un poco raro. Reconozco que Handke me parece que comete un fallo; y es decir ciertas cosas de una forma que tiende poco a la sencillez. Yo soy partidario de usar la frase más sencilla, y no sólo como opción estética.

Yo he leído libros que me parecieron muy interesantes; ayer mismo volví a abrir "Historia de niños" y me volví a leer casi todo el libro (es corto). El libro cuenta desde el momento en el que el narrador tiene una hija y los primeros años con ella. Yo cre que ciertas cosas que encuentro en Handke compensan esos apuros en los que te mete a veces, y esos galimatías.

NO hay que forzar. Si un escritor te repugna nada más ver su estampa, déjalo correr... A veces la imagen que tenemos de alguien está tan arraigada que loúnio que puede hacer uno es dejarlo a un lado para mejor ocasión o ir a él y CONFIRMAR efectivamente lo que pensaba. Quizá en otro momento no confirmarías esa impresión.

Tengo ganas de leer "El peso del mundo", un dietario. Vaya títulos, eh! Hay que tenerlos cuadrados.

Respecto a la Posdata admito que más de una vez le di vueltas a eso. Yo creo que es otro tipo de ficción lo que más nos interesa; u otro tipo de libros que se apartan de la estructura novelística tradicional.
Porque no es que un Diario tenga más "verdad" que una buena novela.

Quizá ya no necesitamos tantos intermediarios, o se fue a pique ese pacto de la ficción con el lector.

Mabalot dijo...

Quería decir que el defecto más importante que veo en Vila-Matas es esa apropiación indebida y sin asesinato, lo peor. Si uno aún mejorara lo que plagia...

conde-duque dijo...

A esa me refería, la de la hija recién nacida, sí, esa la tengo (pero no aquí)...

Y las otras existen, de verdad, que me las tuve que leer en el curso de Doctorado. Creo que era como un ciclo o algo así. Una de ellas se titulaba "La doctrina del Saint Victoire" (por los cuadros de Cezanne), y creo que era la más potable. Buscaré en casa de mis padres porque las tenía fotocopiadas (no las reeditaban desde hace mucho y tuvimos que fotocopiarlas para leerlas...). Un peñazo, ya digo, para mí, claro, pero que a los demás les guste me parece muy bien.
Desde entonces le tengo tirria al petardo éste, pero siempre estoy dispuesto a disfrutar leyendo cualquier cosa, sin prejuicios. Más obras, menos autores.