24/3/08

El monstruo de Clichy

Primero tienes que morir, y cuando estés muerto, te clasifican. Lo primero que tienes que hacer es morirte.” (Céline, 1961)

Leyendo el artículo de Vargas Llosa sobre Céline me acordé de una cosa que dice Ramón Gaya en una entrevista. Habla éste de su descubrimiento de Tintoretto, aunque su admiración no llega al punto de anteponerlo a Tiziano (para él uno de los pocos creadores que existieron jamás), como sí hizo Sartre. Y es entonces cuando Gaya justifica esta preferencia de Sartre como cosas de escritor. Lo acabo de consultar y literalmente dice: ¡Disparates de escritor! (pág. 337, De viva voz, Pre-textos, 2007). Se ve que la memoria es benévola y más diplomática.

Esto viene al caso al acordarme de Céline, que lo leí hace tiempo y siempre me ha hecho gracia lo poco que se ha escrito sobre él, a pesar de que siempre le gusta mucho a los de cátedra esos escritores con vidas agitadas y más o menos aventureras y sufrientes.

De Céline se habla siempre un poco de lo mismo, cuando se le nombra. Pasa a la historia como un gran disparate ideológico. Que si le rezaba a Hitler, que si era xenófobo. Como si lo que opinase Louis Ferdinand Destouches (el nombre real de Céline, seudónimo por su madre) sobre el devenir político nos importase algo, o tuviese que importarnos algo. Y menos ahora, a cincuenta años vista. El individuo Céline, el tipo de carne y hueso y bilis, fue un simple palurdo que no entendía de soluciones. (Palurdo en el sentido literal de la palabra, que dice el María Moliner: “Se aplica a las personas toscas e ignorantes, y a su lenguaje, acciones, etc. Sin. Paleto.”)

Lo suyo era ver la porquería y contarla. Y no sólo la veía perfectamente (la veía, la olía, la sentía, la sudaba) sino que la contaba un poco a gritos, un poco a susurros, como si escribiese notas, música. Un motete, lo suyo, para ser cantado. A pesar de su voluntad de estilo, a pesar de sí mismo, fue un gran escritor, y esa es su lección. Y el escepticismo; un tipo que por no creer en nada hasta llegó a creer en el gobierno de Vichy. Sacar la lista de acusaciones políticas es cuanto menos sorprendente y es no haberlo leído bien, o no haberlo entendido o no haberlo querido entender. Sartre dijo aquello de que Céline sería, de todos, el que quedaría, y lo dijo claro con su algo de coña y su mucho de resignación, como si recordarse las bromas que suele gastar el destino en lo literario.

Si Céline se hubiera quedado en la retórica oral (que también la hubo y cayó en ella al final) para la que estaba tan dotado no hubiese valido gran cosa lo suyo. Quizá explotó el gran oído que tuvo, como un terrateniente sureño exprimía a sus esclavos. Su maldición, en cambio, fue el no entender nada. Pero lo que interesa del escritor y de este en particular es el cuadro más o menos vivo que deja, poco embadurnado de maniqueísmo ideológico, a no ser el verlo todo caer por un barranco y nada más. Dejó en sus libros un panorama desolador; el mundo se cuela por el váter. Pero fuera de sus libros aquello que vivió le hizo sacar conclusiones bastante peregrinas, en la que cabían conspiraciones semitas para acabar con la gran Francia y su cultura y su raza y eso que se sigue escuchando en otros sitios y de otros palurdos. Pudo ser un francés cualquiera que curaba enfermos en Clichy y maldecía en las tabernas. Pero, por un exceso de sensibilidad o por aburrimiento de sí mismo, escribió y ahí es dónde hay que encontrarlo y dónde interesa.

En mi opinión, lo mejor de él es Muerte a crédito, y una novela sorprendente (al menos por aquellos años) que ahora me parece algo menos grande que cuando lo leí hará unos diez años. Su famoso Viaje al fin de la noche. Condenar al escritor por el gran paleto nacionalista que era su cáscara de hombre me parece hasta injusto. Nadie se indigna mucho al escuchar a Rajoy su reciente exhibición de xenofobia electoralista y ahí está, el tío, tan tranquilo, dispuesto a seguir asociando emigrantes y delincuencia y maldiciendo en la taberna esa en la que se convirtió el Congreso.

Céline en lo único que creía era en la muerte. En Viaje al fin de la noche dice: “Es triste el espectáculo de la gente al acostarse; se ve claro que les importa tres cojones cómo vayan las cosas, se ve claro que no intentan comprender, ésos, el porqué de que estemos aquí. Los trae sin cuidado. Duermen de cualquier manera, son unos calzonazos, unos zopencos, sin susceptibilidad, americanos o no. Siempre tienen la conciencia tranquila. […] La verdad de este mundo es la muerte.”

A Vargas Llosa, aunque parece haberlo leído con atención (espero que no le hayan salido unas arruguas en la napia de tanto asquearla), al final opta por desempolvar al Céline palurdo, el que sale con sus perros en la cama y tiene problemas de estómago y un pitido en el oído y maldice el mundo como cualquier vecino analfabeto, viendo conspiraciones amarillas o semitas a su alrededor. Una pena que elija al paleto. ¿Qué sería de los Nerudas, Albertis, Bergamín o García Márquez ahora si nos quedásemos sólo con su palurdo?

10 comentarios:

conde-duque dijo...

Supongo que la mayoría de los escritores llevan un palurdo dentro. A unos se les ve más y a otros menos.
No puedo decir nada de la obra de Celine, porque mis escasos intentos han sido fallidos. Habrá que intentarlo de nuevo con esas dos obras que recomendáis Vargas LLosa y tú.
Desde lejos siempre lo he visto como un Henry Miller pero en sincero (no en pose, quiero decir). Un señor que estaba contra todo porque lo pensaba así. Un poco cascarrabias también, y muy, muy pesimista.
Lo del nazismo es inevitable que siempre salga, como pasa con Hamsun o Heidegger, aunque no tenga nada que ver con sus literaturas.
Es curioso: algo tiene el pensamiento reaccionario, como vio Cioran...

[Por cierto, me he cogido hoy en la biblioteca el Manual de caníbales de Reig (ya era hora) y está entretenido. En las últimas 60 páginas, que es lo primero que me he puesto a leer, es como si estuviese asistiendo a nuestros debates sobre literatura; como si Reig fuese uno más del Círculo Solana.
Ya te diré como sigue la cosa...].

Mabalot dijo...

Creo que no lo leería otra vez. Es cierto que esa forma de narrar que un poco no va a ninguna parte (escenas bailando, menos en la primera novela) tiene su atractivo y oxigena a veces. Pero a día de hoy lo dejo en la nevera, y tampoco te diría que fuese una lectura urgente para nadie.

Lo del nazismo yo creo que es un estigma mucho más potente que el estalinismo. Pero mucho más. Supongo que está la coartada de que el estalinista era un tipo con buenas intenciones, y el filonazi nos parece un malo malísimo sin más complicaciones y sin más intenciones.Algo así como el diablo en persona. En ambos casos veo ignorancia, ingenuidad y mucha insensatez. Pero estos son pecados habituales entre escritores, pintores, músicos... es decir, todo quisque.

Ya me contarás, lo de reig. Iba a pillarlo también, pero nunca me acuerdo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo me lo leí hace dos semanas. Me lo pasé muy bien, y sí, también me recordó los debates del Círculo, pero en más salvaje y desvergonzado...

Portorosa dijo...

Anda, pues yo me he metido a comentar para hablar de que Reig, en su "Manual...", en mi opinión se deja llevar muchísimo por consideraciones no literarias. Pero creo que es consciente y lo hace a propósito. Leyéndole se entiende mejor.

Os recomiendo el libro; yo disfruté mucho y aprendí.

(Me ha gustado y entristecido lo del perro, Maba.)

Un abrazo.

Mabalot dijo...

Un saludo a todos.

Habrá que leer el libro ese. Lo del perro fue una puñeta; pasa todos los días pero verlo a menos de un metro es muy desagradable.
No sabía que me importaban tanto los chuchos.
Voy a tener que escribir un libro de chuchos; siempre surge en este blog. Hay uno que escribió Thomas Mann que es mi libro favorito de él; se titula "Señor y perro", es buenísimo, no es novela.

El Viejo Fettes dijo...

Viaje al Fin de la Noche me parece una obra maestra, y a raiz de vuestros comentarios me pongo esta misma tarde con Muerte a Crédito, que lo tengo pendiente hace tiempo. Os recomendaría, si podeís encontrarlo CARTAS A LAS AMIGAS, un librito en la editoria THOR, con comentarios muy jugosos. Un saludo

Mabalot dijo...

Gracias, amigo fettes. A mí Muerte a crédito me gustó mucho.
A partir de ahí se descompone su prosa, ya sabes, puntos supensivos, exclamaciones casi en cada frase, como si escribiese clamando a los cielos.
Tomo nota del libro que recomiendas. Me gusta mucho su Cartas desde la cárcel. Lo tienes en bolsillo, plaza, Debolsillo.

Un saludo.

Mabalot dijo...

Acabo de ver tu perfil, viejo fettes; no tienes tú buen gusto ni nada para los libros. Así cualquiera.

El Viejo Fettes dijo...

Bueno, no te creas, de vez en cuando me leo algún best-seller, para "desengrasar", pero muy de vez en cuando, y siempre algunos sobre "masonerías", ya sabes, conspiraciones y secretos del pasado. Pero sí, lo que más me va son los clásicos de finales del XIX hasta mediados del XX. Un saludo

El Viejo Fettes dijo...

Por cierto, me enganché a este blog porque me parecía que los artículos tenían muy buen gusto, no sé, me recordaban a las letras que hacía Coppini cuando estaba en Golpes Bajos, no sé si me entiendes. En fin, mis felicitaciones y aquí estaré leyendo y releyendo vuestros comentarios.