19/2/07

El que escribe

Decía alguien, quizá Gil de Biedma, que lo natural es leer, no escribir. No sé; leer tampoco parece muy natural. No se ha visto que un mono tenga predilección por la lectura, a excepción de algunos casos extraordinarios de los que no voy comentar nada por respeto. Y: ¿Qué es más natural, la postura del misionero, la del perro? Lo que sí parece quedar fuera de toda duda es qué escribir es algo extraño. Decimos; es escritor. Escribe. ¡Dios!; escribe. Qué coño.

El escritor es un pobre albañil de las letras que apenas puede mirarle las piernas a las cachondas y piropearlas...

¿Escribe una carta al juez, a su novia desde la guerra, al notario? No; escribe “historias, cosas inventadas o cosas que recuerdo de mi vida”, nos dice Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes. Y Sebald se pregunta; “¿Qué clase de teatro es éste en que somos escritores, actores, tramoyistas, escenógrafos y público, todo en uno?” Un teatro misterioso, una disfunción glandular, un virus. El que escribe cría almorranas, a no ser que salga a hacer footing de madrugada como Vargas Llosa, y sabe dios qué más; sentarse horas y horas a exprimirse ante un folio es cuando menos una manía curiosa. Peor aún es sentarse ante una pantalla; todo el mundo sabe que las neuronas se aletargan ante una pantalla y que en los ojos unos círculos dan vueltas sobre sí mismos con un garbo muy psicodélico ¿Qué le lleva alguien a hacer esto, juntar palabras, además de la ya aceptada cierta locura, glandular o vírica o genética, da igual?

He escuchado dos versiones recientes que pueden responder a esto; una se la oí a Sánchez Dragó, con la manida pregunta de si escribiría uno en una isla desierta, sabiendo que no le iban a leer. El que dice no, no es un escritor de verdad, o no es escritor. Y la otra versión la encontré en Azúa; el que escribe quiere comunicar algo, contar algo, y escribe para ser leído, por una persona al menos, fuera de él mismo. Si no le leen el escritor puede dejar de escribir porque no tiene nadie para quién escribir; esto enlaza con el rollo de publicar y el también manoseado tópico contrario a lo anterior de que si uno es un escritor de verdad no dejará de intentarlo aunque le rechacen sus escritos su propia madre dueña de una editorial.

Yo escribo, ahora; fabrico algo con los dedos. Toco la T la O la C la O en el teclado y sale la palabra “toco”; me toco los cojones, a veces tengo esa impresión, de estar perdiendo el tiempo. Pero sí, parece que escribo. Y lo hago pensando en que estas palabras dentro de unos minutos podrán ser leídas por un japonés que lee castellano y al que no conozco de nada; desde aquí le mando un saludo. ¿Qué tal el tiempo por allá?

Otra cosa es ser escritor. Dice Vila-Matas: “Para escribir hay que dejar de ser escritor, porque una cosa es querer ser escritor o pensar que se es escritor, y otra muy distinta es escribir.”

5 comentarios:

Edmundo Busoni dijo...

Las dos condiciones del verdadero escritor que proponen Sánchez Dragó por un lado y Azúa por otro son perfectamente conciliables, a pesar de que, cuando se habla del tema, siempre se planteen como excluyentes sin remedio. Lo de Vila Matas acerca de las diferencias entre el escribir y el ser escritor también es tema un tanto sobado.

Por lo demás, me interesa sobre todo eso que dice Ud. de: "No se ha visto que un mono tenga predilección por la lectura, a excepción de algunos casos extraordinarios de los que no voy comentar nada por respeto".

¡Mójese, señor Mabalot, mójese! ¡Nombres y apellidos!

Mabalot dijo...

Usted es un demonio (aprovechando carnaval le veo vestido de satán ante su ordenador y aterrorizando a los vecinos del OPUS con una risa mefistótelica miestras hinca su tridente al eje del Gran Buco), y yo manejo unas opiniones que a veces se pueden tomar por un tanto bárbaras o irrespetuosas, sin mala intención pero sería aburrido manejar reverencias a esos santos; y es que en esto de la literatura las pasiones hacen estragos y crean unos rencores superlativos.
Una exageración. Todo susceptibilidad a flor de piel.

Lo de escritor y escribir me quedó poco masticado; pero tiene mucha chicha detrás. Casi diría que los que me gustan escriben y los inaguantables son escritores.

El espejo dijo...

Menos mal que casi lo diría, porque al segundo ya se encontraría enfrentado con un lindo problema: el día que uno del bando de los que escribe diga -interrogado al respecto sin mucha insistencia- "Soy escritor". O el momento en que encuentre que, en alguna antología de morondanga, otro elemento del bando de los escritores, efectivamente, algo haya escrito.
Porque negar cualesquiera de estas posibilidades no es más que un exceso de retórica. Comidilla de fraseología.


Pero en última instancia, sí puede haber dado en algún órgano blanco. Yo casi diría que quienes no escriben no son escritores. Y quienes escriben tampoco lo son. Yo creo que él único que nos salva -y que en realidad es, ni en el fondo, apenas en la superficie, lo que aquí nos reúne- es el tipo de la isla. Porque él no tiene bandos. Sus primeros asomos de egocentria se ven aplastados por su propia imagen refleja en el espejo del agua -está bien, esto lo puede condenar, ni qué hablar-. Pero es la capacidad de estupidizarse ante cualquier cosa que se le antoje como una huella -José Coronel decía "¿Escribir? Já, eso no es más que puras huellas"- lo que le otorga el boletito de la salvación, incluso a pesar de él mismo.
Y entonces aquí llegamos al punto clave de lo que yo casi diría: la estupidización es algo que no se puede simular. Quienes lo intentan, esos, esos son los inaguantables.

[Abrazo]

Mabalot dijo...

Lindos problemas son los que mejor me sientan, y escribiendo debo hilar uno a cada paso; a veces le doy la vuelta con la frase siguiente y a veces me meto en otro más gordo. El lindo problema de escribir sin saber uno lo que va a escribir, aún sabiendo lo que iba a escribir.

Y el tipo de la isla; ¿?. ¿Quién coño es el tipo de la isla? Perdone mi ignorancia.

Le estamos dando tantas vueltas al asunto -mea culpa- que ya no queda claro nada; en todo caso su comentario, que agradezco, me deja un tanto perplejo porque apenas se a qué se refiere;Yo casi diría que quienes no escriben no son escritores. Y quienes escriben tampoco lo son. "Yo creo que él único que nos salva -y que en realidad es, ni en el fondo, apenas en la superficie, lo que aquí nos reúne- es el tipo de la isla. Porque él no tiene bandos"

¿Bandos?

Aquí le dejo una cita de Gombrowicz que puede aclarar algo este rollo (y que tampoco tiene mucha importancia; cada uno que lea a sus benditos):

"El escritor no existe, todo el mundo es escritor, todo el mundo sabe escribir. Si se escribe una carta a la novia, se hace literatura; incluso diré más; cuando se habla o cuando se cuenta una anécdota, se hace literatura, siempre es lo mismo. Por lo tanto, pensar que la literatura es una especialidad, una profesión, es una inexactitud. Todos somos escritores. Hay personas que no han escrito en toda su vida y, de golpe, hacen una obra maestra. Los otros son profesionales, que escriben cuatro libros al año y publican cosas horribles"

Ni siquiera se si estoy de acuerdo completamente con esta cita; es más, yo creo que escribo para saber qué pienso de lo que escribo.

Un abrazo, El espejo, encantado que se pase por aquí; echaremos un vistazo más reposado por su blog. Hasta otro día.

Miguel Sanfeliu dijo...

Supongo que todo el que escribe o quiere escribir tiene alguna vez la sensación de estar perdiendo el tiempo...

Me ha gustado la frase de su comentario anterior: Escribo para saber qué pienso de lo que escribo.

Interesante cuestión.

Un saludo.