10/12/06

Soy Pamuk, el que ganó el Nobel de literatura este año


Este soy yo, hace unos años, en mi escritorio. Se me ve contento, es mi rincón; aquí nadie me molesta. Hace treinta años que ocupo la misma silla, y aguanta; aunque ya está un poco cascada porque ya la había utilizado mi padre durante cincuenta y cinco años para escribir sus cosas (aunque él no tuvo ni por asomo mi éxito), y como soy un poco supersticioso y me da suerte solo puedo escribir en esta silla. A veces escribo en calzoncillos, cuando se me ocurre algo por la noche, y ahora ya da un poco asco; nunca pongo el pantalón nuevo para escribir; escribo con mallas fucsia, como mi difunto padre, aunque en esta foto gracias a dios no se ven.

Es una foto que me gusta; es mi mundo: papeles con mi letra, muchos bolígrafos y lápices, el teléfono por si me llaman para decirme que me dan el Nobel, una taza de café con coca-cola (me encanta la coca-cola), muchas notas, muchos recortes, que apenas leo pero dan calor, me siento en plena efervescencia viéndolas. Hay una nota que sí leo; la que está pegada en la lamparita, pone; “Eres un zoquete”. Me recuerda en todo momento que no soy Dios (aunque no creo mucho en Él), ni siquiera Cristo; hay que ser humilde, yo soy un simple medium, como San Mateo o San Lucas. Se me olvidaba hablar de mi gato; se llama Mahoma, y no está disecado ni es de porcelana, está vivo y tiene los ojos rojos; parece una rata gigante. Me hace mucha compañía cuando no se me ocurre nada, que es casi siempre.


Aquí papando frío, para la posteridad. La verdad es que yo soy la hostia. Hasta los negritos de África conocen mis libros; no soy Cervantes, pero me va bastante bien. Traducido a 34 idiomas, una pasada. Soy turco; y yo siempre digo que quiero ser un puente entre Oriente y Occidente, aprovechando que Turquía está en dos continentes a la vez y que yo soy el mejor escritor turco, al menos el más conocido internacionalmente. Hace unos meses dije en Suiza, en una entrevista, una verdad como un templo; “Treinta mil kurdos y un millón de armenios fueron asesinados en esta tierra y nadie se atreve a hablar de ello excepto yo”. Con dos cojones. Me llamaron oportunista, que si nunca me habían importado los armenios ni los kurdos hasta que se rumoreó lo del Nobel; unos envidiosos. Creían que era un golpe de efecto. Vale, que crean lo que quieran; yo lo dije, ahí queda. Gracias a eso casi me enchironan, que los jueces turcos no se andan con chiquitas, y menudo revuelo se montó; que si era un traidor a mi país. Chico, mi país es el escritorio de la foto de arriba; ese es mi país, y la justicia, que a ningún pueblo lo maten a manos llenas; eso es una putada, no me gusta.

Tuve miedo, porque aquí hay mucho colgado. Pero me libré de la cárcel. Y como nunca llueve que no escampe un día recibí una llamada.

No estaba en mi rincón escribiendo; estaba en una conferencia sobre derechos humanos. Al principio pensé que eran los de Telefónica (de Turquía) tocándome los cojones otra vez, que me tienen frito, que si llamadas a tres, que si fines de semana gratis, la madre que los parió con sus ofertas...


No, no, no eran los de telefónica: eran los de la Academia Sueca, que por fin hacían algo de provecho y me daban el Premio Nobel de Literatura a mí, y pensar que mi madre decía que sería un pringao toda mi vida. Dios, gracias, por fin me escuchas. Tanto horas perdidas implorando alguna recompensa a mis esfuerzos, tantas horas escribiendo sin calefacción, cagándome de frío, con Mahoma sobre mis pies y una manta en las rodillas, los dedos entumecidos. Tengo ganas de llorar; la vida es bonita. En la foto de abajo hablo con el presidente de la Academia sueca, le digo; (en inglés) “Joer, macho, pues gracias, el día que sea me tenéis ahí como un clavo, ya empiezo hoy mismo a escribir el discurso”. La pringada que tengo al lado no dejó de hacerme la pelota después; si sería falsa la petarda, y además no estaba nada buena.

Y mi vida cambió un poquito; no mucho, pero me tomé unos días de relax. Voy a vender más libros que la leche. Menos mal que soy bueno, pero cuando le dan un premio de este calibre a un paquete, da igual, todo el mundo va corriendo a la librería a comprárselo, no tienen personalidad. Capullos. En la foto siguiente estoy en mi sofá favorito, espatarrado; está muy hundido porque ya lo utilizó mi padre para leer, debe tener unos sesenta años el sofá. En este sofá hicimos a nuestra hija, menudo polvazo, con perdón. Yo también lo uso para leer, aunque como siga hundiéndose cualquier día desaparezco entre los cojines aplastados. A ver si con la pasta del premio me compró una casa nueva, que esta se está cayendo a trozos, me da vergüenza traer a tías aquí. Y voy a comprar otra en la playa, para escribir poemas a la orilla del mar.

Y ayer por fin leí el discurso en la Academia sueca, tras recoger mi premio y el cheque. Hice un discurso bonito, poco político, ya que tanto me acusaban de ser un premio político, pues les llevo la contraria; hablé de escribir, de lo mucho que me gusta, de la maleta que me dejó mi padre, llena de manuscritos, con la esperanza de que algún día se le publicara algo. Como Kafka, solo que al revés; en lugar de decir que se los quemase me dijo: “Échale un vistazo cuando yo me haya ido. Fíjate si hay algo que te sirva. Quizá, cuando yo no esté, puedas hacer una selección y publicarlo”. Vamos, casi nada.

Llegué a pensar si me había dicho que lo publicara con mi nombre, pero no creo. Alguna vez, esto lo digo en secreto, ni estoy muy seguro de lo que digo (el Nobel me emborracha un poco), estuve tentado de soltarle a algún editor las novelas de mi padre como si fueran mías, pero no lo hice, por si me caía una maldición o algo así, como en las pelis de momias.


Mi discurso gustó, según tengo entendido. Los periódicos siempre escogen esas frases para la galería pero apenas exponen lo que quise decir, el fondo. Supongo que no es cosa de ellos desentrañar el fondo. Yo vengo a decir que el mundo, en general, el mundo del día a día, me aburre soberanamente, y que yo solo soy feliz si al cabo de las diez horas que estoy sentado en la silla del escritorio me sale algo bueno; sino, la mala hostia no me deja estar tranquilo. Todo me aburre, soy un aburrido; solo me gusta leer y escribir: Bueno, y antes también mi mujer, hacer hijos con ella en el sofá viejo, pero pasó de mi, quiso divorciarse porque decía que pasaba demasiadas horas encerrado en mi habitación. En el discurso de ayer digo qué es literatura para mí: “
como lo que una persona crea cuando se encierra en una habitación, se sienta junto a una mesa y se retira a una esquina para expresar sus sentimientos”. Ahora estará muerta de envidia, como el quinto Beatle.


Sabéis lo mejor, mi padre era un as, ya sabía que yo llegaría alto. Por eso acabo el discurso así; “Mi padre dijo que algún día yo ganaría este premio que ahora recibo. Me hubiera gustado mucho que él estuviera hoy entre nosotros”.
Ala, con Dios. Ahí os quedáis. A leerme, sobre todo mi último libro, el de Estambul, a ver si aprendéis algo, vagos.

12 comentarios:

Juan Domingo dijo...

Para que después hablen de la mezcla de géneros en Magris y en Sebald... ¿Y si esta confesión de Orhan Pamuk fuera apócrifa pero no 'falsa'? Menudo juego de espejos. Salud y buen humor.

la luz tenue dijo...

Muy divertido. Conforme lo lees se te va ensanchando la sonrisa en la boca. Una gozada.

Mabalot dijo...

JUan Domingo, un honor tenerle por aquí.Hace poco que conocí su blog, pero ahora le tengo en el paseo de lecturas que hago cuando puedo. Si esta confesión fuera apócrifa y no "falsa" se armaría un revuelo, claro, pero sobre todo sería divertido que dijese todo eso.
Luz Tenue, muchas gracias.
Un saludo.

conde-duque dijo...

Jajaja, muy bueno... Eso de ser puente entre dos culturas debe de ser un poco coñazo, todo el día ahí pasando frío y viendo pasar los barcos.
"Estambul" me gustó mucho.

Miguel Sanfeliu dijo...

Muy divertido. No parece que te inspire mucho respeto este autor. Yo no lo he leído, aunque me han recomendado "Estambul" encarecidamente.

Un saludo

lugrumante dijo...

¡Quien le diera al tal Pamuk toda tu pobreza! (ja-ja-ja) Eres un fenómeno, tío. Cambiando de tema, a veces cuando entro en tu blog me salta un spam de esos de tono-politono David Bisbal y creo que no son imaginaciones mías... ¿Has vendido tu culo al diablo o qué?

Mabalot dijo...

Gracias, colegas. Hoy fui por enésima vez a ver si me tenían un libro en la librería (llevo tres semanas esperando por "Las vanguardias españolas" del JM Bonet)y le eché un vistazo otra vez a "Estambul". Tiene una pinta fabulosa; lo voy a leer seguro: bueno si no me quedo ciego de repente.Ya hace tiempo que le tenía ganas. El autor, Pamuk, me parece una gran escritor y lo respeto como a cualquier buen escritor. Esto está escrito con cariño. Pero no hay que tomarse las cosas tan en serio.
Además, casi nacemos el mismo día. Si lo de los planetas va en serio malo será que no me guste lo que escriba.
Saludos.

Apostillas literarias dijo...

Qué buen artículo,m gracias por compartirlo. Y las fotos excelentes.

JCD dijo...

Realmente ingenioso.
Enhorabuena por la entrada.
Por cierto, comparto su afición a la Luz Ténue.
Un saludo.

Mabalot dijo...

Me alegro que guste, Magda. Gracias también a ti, JCD; y por visitarme y comentar. Te visitaré en tu blog. Lo de Luz Tenue es un caso especial; alguna vez me pregunto qué escritor estará detrás de ese nombre tan etéreo. O quizá nadie conocido... Por cierto, algún día me gustaría plantear una especie de concurso, a ver quién afina con el escritor que se esconde detrás de Miserias Literarias; es simple curiosidad, aunque por otra parte todo serían hipótesis, y mejor así, no vaya a ser que le busquemos problemas al hombre. Lo que hace en ese blog contando toda la bichería que se esconde tras los libros es para hacerle un monumento.

Portorosa dijo...

Divertidísimo post. Volveré, con la venia.

Un saludo.

Mabalot dijo...

Encantado de tenerle por estos lares. Es usted bienvenido, don Portorosa.
Saludos.