31/7/12

Libro, película


James Boswell y su familia. (Pintado por Henry Singleton)

Por encima de cualquier otro libro hay uno que me cura del peor día, de la peor lectura y de cualquier hipocondría. Más que de literatura, de ese punto de amor por las palabras y la forma, hablo ahora de otra cosa. La única medicina natural en la que creo. Ese gran libro es Vida de Samuel Johnson, de James Boswell. Casi nada.

[...]

El libro y la película, en Jot Down.

PD: Dieciochesco estoy. 

28/7/12

593

De los tres mejores prosistas vivos en español. A uno de ellos sólo lo tolero (y lo siento, claro, por mí) cuando se da unas vacaciones. Tiene el buen comer planiano, que cristaliza en un fraseo sensitivo, muy fino. Yo lo ponía a pasear por el mundo, a ver, a comer, lo alejaba de los periódicos. Qué se contamine de vida, no de noticias.

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Las cartas entre el editor Siegfried Unseld y Thomas Bernhard. Divertido en sus neurosis, el autor. Digo neurosis por decir algo, para que se me entienda. Creo que usa la palabra Unseld en sus apuntes de las reuniones con Bernhard. En fin, algo le escocía. No todas las cartas por parte de Bernhard tienen el tono furioso que le caracteriza, ese maldecir absolutamente. Así, absolutamente. No todas; le preocupa mucho el dinero, amenaza con ponerse a trabajar y plantar la novela.
"Así pues, prescindiendo de que necesito algo para vivir, si no tengo nada tendré que ponerme a trabajar como todo el mundo. Contra eso no tengo nada, al contrario, cortar leña o algo parecido me resulta preferible desde hace [mucho] tiempo a escribir, pero entonces no podré pensar en continuar la novela en que trabajo, etcétera. ¿Cómo se imagina que vive una persona con un estómago? Sencillamente, llenándolo."
Unseld es todo paciencia. Lo cuida, cede siempre en casi todo. Lo mima como haría una madre. Imagino su cara al recibir esos truenos.
"La representación de Munich no tenía siquiera el nivel de una función de bachillerato y, si no hubiera sido ante un público engañado y por cierto asquerosamente engañado, yo habría subido al escenario y habría matado con mis propias manos a aquellos lémures abyectos de actores megalómanos, no sin antes haber dado un par de bofetadas mortales al así llamado director."

25/7/12

592

Día de la tribu. Positivamente. Hemos visto a Beiras por la tele, en forma, con ese sombrero de señor campesino que revuelve la tierra con sus propias manos. Charloteó algo, y era tal su estampa, tan magnífica la visión, que no he pillado ni una sola palabra. ¿Qué habrá dicho? Ni idea. Hay algo teatral en él, una forma de moverse por el mundo como por un escenario. Tiene en todo caso la mirada biliosa del que va a destrozar con su propio puño a todos los enemigos, visibles o invisibles. Siempre me ha resultado curioso que un hombre de cuentas, de números, digamos, con sus economías y sus clases, haya vestido de forma bastante ortodoxa el disfraz de romántico, con sus interpretaciones de Chopin al piano, sus pañuelos y trajes de lino blanco, su nacionalismo bucólico. Beiras, la verdad, siempre fue un enlace, en apariencia bastante directo, con ese nacionalismo o galleguismo histórico. Los nombres, esa cuadrilla de nombres en los libros de texto. Beiras ha sido, en cierto sentido, un aparecido. Ahora, un reaparecido. Casi llegamos a creer que Galicia es esa isla más o menos mágica que se mantiene en el aire, a varios kilómetros de tierra firma, con poetas cantando su belleza y cronistas escribiendo su historia y su leyenda.

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Esto encuentro. El censor desconcertado ante La saga/fuga de J.B.:

De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.
Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.

24/7/12

591

HAY un buen humor estándar en toda la publicidad que me hace maldecir de vez en cuando y despreciar al universo entero, como si ese tono de bobaliconería rutinaria fuese todo lo que existe.

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NO se sabe muy bien si en verano todas las mujeres florecen o si nosotros las vemos ahora con ojos de abejorro.

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LO malo del mosquito es que nunca se acaba de estrellar. Lo malo de la prensa es que nunca acaba de contar el final, que siempre deja para mañana. Es un folletín que para volver a captar el interés del ciudadano requeriría ya un gigante malvado, un Godzilla, destrozando todo a su paso. Pero un gigante de verdad; apedreable.

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TENER buen gusto entre tantos y tantos con mal gusto es otra forma de tener mal gusto. Pero que a gusto me quedo con este mi mal gusto [pensaba entrecomillar este "mal gusto", pero eso sí sería de evidente mal gusto].

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LO que da pereza de Ramón Gómez de la Serna es el "de la". De ahí que se abrevie en Ramón. Sobre todo para no acabar escribiendo Ramón etc...

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LEYENDO Correspondencia. 14 de junio de 1966: "[...] En Agosto estaré pues en mi pensión de Francfort. Me gusta el ruido que hay allí, me ataca los nervios de la forma más beneficiosa."

17/7/12

590

Dora Diamant (1898-1952)

Empiezo el libro de Citati pero me satura tanta poesía que nunca se olvida de ser poesía. La prosa perfecta siempre la dejamos para mañana. Citati hace lo que uno quisiera hacer con Kafka, y con cualquier cosa, desordenarlo. Personalmente. Pero es que Kafka se me estaba ordenando, lo veo ya mejor y busco las grietas. Así que no sé si me conviene el Kafka de Citati. Exige, veo, que el lector esté a su altura; no es un lector al que asesorar o instruir; es un lector que ya viene enseñado, que ya sabe de que hablamos sin necesidad de explicarlo todo. Citati conoce al dedillo la obra de Kafka y sobre Kafka, y de esa forma lo reescribe. Tiene la gracia de la biografía que está a punto siempre de convertirse en autobiografía, como si el propio Kafka resucitase para escribir el libro definitivo sobre sí mismo.

Releo La condena, ese punto de inflexión entre las prosas de Contemplación y su obra posterior. La condena también es alguna frase de la traducción que se me encalla; si supiera alemán. Ha tenido que ser un alemán de judío rodeado de checo por todas partes la base de la llamada mejor prosa alemana del siglo XX. Curioso.

Dora Diamant, que confiesa haberle quemado algunos papeles delante de sus narices (cuando vivió con ella su último año de vida en Berlín), habla al final de su relato de su vida con el escritor sobre el alemán de Kafka: "Años después he leído a menudo libros de Kafka, siempre con el recuerdo de cómo me los leía él mismo en voz alta. Al hacerlo, sentí hasta qué punto la lengua alemana se interponía en mi camino. El alemán es un idioma demasiado moderno, un idioma demasiado actual. El mundo de Kafka demanda una lengua más antigua. En él hay una conciencia inveterada, viejos asuntos y un viejo temor. Su mente conocía matices más finos que los que en general puede concebir la mentalidad moderna. No es el representante de una época, como tampoco de un pueblo y su destino. Del mismo modo que su realismo no reproduce la vida de todos los días, su lógica es absoluta, comprimida, y en ella sólo se puede vivir durante unos breves instantes."

Hay que decir que Kafka ya tenía un nivel aceptable de hebreo cuando murió. ¿Era esa la lengua que a Diamant le parecía más adecuada para el mundo de Kafka?

Respecto al sionismo de Kafka la cosa no está nada clara. Tan poco clara como para él. Afortunadamente. Están las tabernas llenas de gente que tiene las cosas muy claras. Sin ir más lejos el propio don Hermann Kafka, padre del honorable, lo tenía bastante claro; su hijo era un zángano, su condena. 

15/7/12

589

Voy a tener que inventarme algo que hacer con Kafka, para sacarle partido a todas estas investigaciones de dominguero. Tengo por ahí el libro de Citati sobre el santo, y tres o cuatro cosas más encima de la mesa. Entre ellas Cuando Kafka vino hacia mí... Un título bastante ridículo. Son retratos de gente que lo conoció. Amigos, novias, vecinos, compañeros de trabajo, una mujer que coincidió con él una pensión y a la que Kafka reprendió por espantar una mosca ("¿Por qué no deja en paz a la pobre mosca? ¿Qué le ha hecho?"). Vemos, por fin, aunque levemente, a Kafka cabreado. Kafka bendito, de sonrisa tímida y cordial siempre, atento a cada palabra de su interlocutor (qué gran escuchador, hablaba más bien poco nuestro hombre). A él lo que le gustaba era escribir cartas.

Impresionante el retrato de Milena Jesenská. Un Kafka que no se entera, que no comprende lo más básico. Kafka perplejo ante el mundo; le llama Frank, en lugar de Franz: "Pero Frank no puede vivir. Frank no tiene talento para la vida. Frank no se curará. Frank se morirá pronto."

Milena Jesenská. Un año de amor vía epistolar para Kafka (1920-21).

9/7/12

588. Qué ha pasado. No tengo ganas de decir ni pio. Soy feliz, qué más da. Me gusta pasear con la niña. Mi niña. Qué feliz soy, tan habladora ella, tan poco como yo. Todo ilusión y cháchara fenomenal. Y uno, qué podrido, ya, ni gordo ni flaco. Me levanto con la resaca del dolor de cabeza y duermo la siesta como una vieja. Me quedo cocido en el sillón de orejas, abrigado por los pecios de Ferlosio. No hay guerra ahí afuera, pero como si la hubiera. De vez en cuando se destroza algo, quiero decir, algo se derrumba. La paz se estropea, de alguna manera, decía el sociólogo, el escritor sociólogo, estamos en guerra. Las bajas, las batallas, la pérdida de los buenos tiempos. Ciclos, mierda. Esta cosa que es la crisis. La tercera guerra mundial se libra en los pasillos. Ya iremos viendo. Acabé por fin con el Kafka de Stach, que se me fueron colando otras cosas. Describe ese 1914, julio, agosto; "Alemania declara la guerra a Rusia. Por la tarde, escuela de natación." Ese escandaloso punto y seguido. Esa puntuación; un punto y aparte y a nadie le hubiera extrañado. Pero no fue indiferente al desastre Kafka. Podríamos decir que de los grandes nombres de este siglo (apunto Proust, Pessoa, Joyce) fue el más influido por la Gran Guerra. Es cierto que casi podía oler la pólvora de los cañones desde su ventana (exagero). La Gran Carnicería. Todo el día, hoy que no trabajé, tarareando el Trio para piano, violín y violonchelo No. 2 op.100 de Schubert. Ayer por la tarde vi La pianiste, de Haneke. De ahí el Schubert. Pero es de Barry Lyndon de quien me acuerdo. La tengo que comprar. No hace mucho que la vi, meses atrás, qué maravilla. Una buena laguna en mi supuesta cinefilia, que es más casi cinefobia. Barry Lyndon, sí señor. Y Kubrick, que sí que no. Pintó muy bien la Gran Carnicería. Al ver Barry Lyndon me acordaba, claro, del Lazarillo. Y de Stendhal. 


4/7/12

587. También le salieron novelas al códice robado. Un Dan Brown sin barajar demasiado, digamos. Pero qué grande la novela real que nos trajeron hoy los periódicos, aunque parca. Incluye algunos ingredientes interesantes; el Códice envuelto en bolsas de plástico. Se insiste en el plástico; qué es el plástico, tan ruín, tan vulgar, para cubrir ese tomo de pergaminos de incalculable valor. Además, el Códice abandonado entre mierdas. Un garage/ trastero, un pequeño vertedero privado, y ahí, entre porquerías, el tesoro. No ha ido muy lejos; a veinte minutos andando de la Catedral. En la foto de la Policía Nacional se ve un libraco que se vende al peso. Ya vemos al tipo con la colcha en el suelo, ya sin colcha, los libros esparcidos por la acera, un kilo, un euro. Y el ladrón, el supuesto. Qué poco glamour. ¿Cilicios? No, ni inminentes Apocalipsis, a pesar de la Merkel. Hablan de un electricista de misa diaria. El desayuno siempre en el mismo bar, su misa, su mal rollo con los patrones de la Catedral. Que si le debían cuarenta mil eurazos por un mal despido. Sea como sea tenemos a una familia, con señora, hijo y novia del hijo, implicados en el asunto. La realidad siempre parece un poco berlanguiana.   

3/7/12

586


Tolstoi escribe sereno. No se vuelve loco nunca. Le queda la página delicada y justa; tiene de profesional lo que le han copiado algunos, ese equilibrio algo espartano. Hemingway y su manaza de hipertenso exprimiendo misterios. Lo del relato medio enterrado, o hundido. No, Tolstoi, con calma, va desojando la historia, sin  un rizo de más. Maria Alexándrovna y Serguéi Mijáilich, la una joven y con ganas de ver mundo, de quitarse el pueblo de encima, y el otro, ya señor con sus asuntos, ya casi retirado del amor. No es un viejete, pero los rusos de época se apaciguan pronto. Y se casan. Tolstoi se para en esos picores iniciales; ella narra. A Proust se le hubiese diluido la cosa, como esas gotas de los jugos homeopáticos, todo agua, todo corriente que arrastra y difumina la novelita. Porque tiene algo de breviario proustiano este relato. No hay grandes traiciones, casi ni pequeñas. El matrimonio, para Tolstoi, y recuerdo Sonata a Kreutzer también, es ya de por sí para volverse loco; no hace falta que pase nada en realidad. Pasa el tiempo, se anquilosa la química, como es bueno u obligado decir ahora, y los perturbados se convierten poco a poco en amables amigos íntimos, cada uno en su papel. Otra felicidad, concluye. Distinta. Otro planeta que no creo que se entienda mucho hoy. Lo atractivo es el amor como parque de atracciones. La única vida y tal.

2/7/12

585

No sé yo si habré incurrido en algún pecado metafórico, a propósito del fútbol. Pero, claro, qué tendrá que ver todo ese caldo podrido que nos echa a la cara la prensa a diario con la exquisita, hasta en el aburrimiento, forma de vencer de la selección de fútbol. Un grupo de superdotados que se desperezan sólo para los días que vale la pena. No, ni forzando la mecánica de la poesía se alcanza a ver en la España de hoy algo parecido a lo que pasa en el fútbol. Como si de la marmita de la que han bebido esos tipos no hubiese bebido nadie más en este país. Mi K mayúscula, atenta, me corrige; "Son muy buenos, sí, pero es que los demás equipos son bastante malos." Efectivamente, algo mal estamos haciendo para que nada haya de metáfora en ese fútbol. Son tan buenos que estamos perdidos. Todo debe estar mucho peor de lo que pensábamos. 

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La metáfora, oiga, está por todas partes. Estamos, como quien dice, rodeados. Otra cosa es que se quiera ver. El problema de la metáfora es que suele ser pedestre, desvencijada. Mientras tomaba el café abajo, en la terraza de mi grasa/ bar, y varias horas antes de la batalla final, levanté la cabeza del periódico para ver a grupos de chavales vestidos de rojo. Felices como pollos. Habrase visto metáforas más felices. Se daban collejas de alegría, y todavía no celebraban más que la posibilidad de poder celebrar algo a la noche. Y después llegó la metáfora habitual en esta calle, en silla de ruedas. Pide a gritos un xaruto y mueve la cabeza: ¡Italia, Italia! Le importa mucho que gane Italia. No hay nadie cerca al que afligir. Berrea sin alma, la verdad. Y eso es nuestro nacionalismo casero, el deseo de que pierda lo único que nos acaba de convencer de esta España de quinquis finos y predicadores del Apocalipsis. Se va moviendo la cabeza, con el aspecto de un camionero al que le han quitado el camión y ya sólo le queda el asiento de conductor. 

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Leo por encima la entrevista a Camilo Nogueira: "Tenemos la ofensiva objetiva del castellano, pero la literatura que se hace en Galicia es toda en gallego."