30/5/12

575

Se preguntaba Claudio Rodríguez en un poema:
"¿Venderé mis palabras hoy que
carezco de utilidad, de ingresos, hoy
que nadie me fía?"
Es, cuando menos, difícil. No venderás nada, muchacho.

Contaba Olmos en un artículo:
"Una de las propuestas que me llegó a mí, vía mail, incluía dos frases que se me quedaron grabadas y falsamente yuxtapuestas. Decía el editor digital: No pago nada. Exijo calidad. 
Le dije que, bueno, para escribir gratis ya tenía mi blog. 
Su nuevo lema es: No cobro nada. Exijo respeto."

29/5/12

574


Ante un suicidio o un divorcio, cosas que nada tienen que ver en principio una con la otra (al contrario, el suicidio es la ida y el divorcio suele ser la vuelta a la vida), se hace casi siempre la pregunta más tonta; ¿Por qué?

Margaret Mazzantini se ocupa del divorcio en Nadie se salva solo. No hay porqué. El porqué podría durar doscientas cincuenta páginas o quinientas, todo depende de las ganas de escribir. El porqué, en fin, de esa religión que se desmorona, el amor, una mezcla de biología, miedo y tradición cultural. Aceptar eso es casi imposible. Se va aceptando, si no queda más remedio. 

A pesar de la foto de la portada, que es horrible, como es habitual en Alfaguara, la novela intenta mantener ese equilibrio entre dolor, euforia amorosa, y desgarradura, esquivando la cursilería de la puntilla y el buen sentimiento para caer en la cursilería del miedo a ser cursi, que es una cursilería muy contemporánea. Una cursilería de mierda, coño, cojones, mierda, salpicado aquí y allá como un Pollock. Es una voz delicada, exquisita incluso, sulfúrica, a pequeños cortes, un omnisciente desengañado, que está de vuelta. Pero lo que parecía en un principio necesidad (un mierda que pide una frase, una punzada de dolor) se vuelve sistema, maniera, retórica, como si el tema, la voz, la mirada, temiera caer en la desnudez. No se fía. Bah, ya no hay quién le quite la armadura. Es una pena. Por lo demás, quitando esos petardos ocasionales, bien, muy bien. No esquiva ningún berenjenal. 

Eso. Nadie se salva solo, nadie se salva. 

28/5/12

573

El honorable esfuerzo, el honorable sacrificio. Ferlosio en El País ayer (sólo por ese trozo de papel ya vale la pena comprar el periódico):
Causa de gran extrañeza en lo transcrito es lo mucho que las compañías valoran “el esfuerzo y sacrificio” que se necesita para acabar una carrera, ¿por qué pasarlo tan mal? Busca otra cosa, chico. Es una exageración; se supone una total falta de interés, de afición por enterarse de las cosas, de gusto por saberlas; un borrico con chándal que solo se divierte en una cancha. Sí, precisamente en una cancha: el esfuerzo y el sacrificio son virtudes que aparecen, junto a otras no menos detestables, en toda apología del deporte: “afán de superación”, “aspiración a la excelencia”, “espíritu de sacrificio”, “capacidad de esfuerzo”... No hay pueblo que no haya heredado este sacro y supremo arcaismo, que está en todo contexto de ganar y perder.

26/5/12

572


LA IDEA de que el mundo se descompone y ella tiene toda la vida por delante. Cumple hoy siete años. Si llegase a los noventa se pondría en el año 2095, que no es un año real, claro, ni siquiera probable, al menos desde el catastrofismo contemporáneo. ¿Se seguirán contando los años en el 2095? Parece un año, cuando menos, de ciencia ficción. Qué será de los cubitos de hielo, de la Bolsa, del Tribunal Constitucional. Es penoso este pesimismo, ya no aplicado a uno, sino al otro, sobre todo si el otro es un niño. Me gustaría ser ella, no entender nada, no ver nada, no entiendo nada, no veo nada.

Pero si no existe el paraíso, hombre, y nunca ha existido. Qué complicado librarse de esa idea; el paraíso se desmorona y la democracia, sueño dorado, se destapa como un nido perfecto para ladrones, mentirosos, hijosdeputa. Claro, más perfecto era lo otro, más tapadera, más mierda. Con qué superioridad veíamos a esos países en perpetua dimisión, gentes de mando que en otro momento habían prometido prosperidad, pan, pan, progreso, menos mugre, corrían de un lado a otro, con los bolsillos llenos, las solapas de la gabardina levantadas, los cadáveres en el jardín, en todos los jardines. Gente muy tiesa, carcamales de cuarenta, asesinos de corcho. Aquí, pensaba uno, aquí el aire del continente, la geografía ilustrada, el camino de Santiago con su divino y oreado olor a pies, las estructuras, los pilares, las hermosas superestructuras, la sombra de los robles y los poetas. Sanidad y educación para los poetas; salud y conocimiento. Me estoy cabreando. Cumple hoy siete años. Le dije que era un día importante, que hablaría con los del periódico, que lo pondrían en la primera página, a ella, al lado de los presidentes.

Me dijo que no, que no, que era importante, el día, pero no tanto.

25/5/12

571

Foto de Juan Rulfo. 

No puedo, se me cae de las manos Augusto. Este tomo RBA. Ya no me da nada. Entre Monterroso y Bob Esponja se me van los ojos a Bob Esponja. Hacen bien los ojos. El cerebro es así de listo. Cerveza fría, dibujos animados, ella y yo, la felicidad esta provisional de ir tirando a ratos. El sol cascándose en los tejados; la ciudad.

Vuelvo atrás. Página 111. Fragmento que titula La vida real: "Ninfa Santos me reprocha que en estos fragmentos hablo siempre de escritores famosos, pero que no he anotado nunca haber visto a un niño en la calle. Pues bien, hoy he visto más de diez niños en la calle, y todos tenían el aspecto de quien no ha comido; uno trató de venderme un paquete de chicles; dos me observaron mientras su madre me pedía limosna."

Qué. Mejor mirar hacia otra parte. Olerle el culo a Rulfo. Quizá sea injusto rescatar este fragmento, aislarlo, reprocharle algo o como reprocharle. Qué; esos niños tan miserables le rompen el corazón. Para que amargarse.

Hace poco le dejé a una amiga, muy lectora de fantasías (espadas, tronos, hadas), el libro de Thomas Wolfe El niño perdido y fue incapaz de leerlo. No era incapacidad como lectora; no, sentimentalmente, el hígado, el nudo en la garganta. Imposible avanzar. Es una novela corta. La conozco; sé que hablaba en serio. Dicho lo cual entiendo que en la literatura se busca sobre todo mirar hacia otro lado. Un manotazo y sacarnos del medio a esos niños con moscas.

Me quedo con Bob Esponja.

24/5/12

570

FRANCIA, no sé para otros, pero para mí es totalmente un país imaginario. Aun siendo un país ya visto, en la ida y en la vuelta, por esto o por lo otro. Ese paisaje; y la película finísima de sudor brillante que cubre a esos ancianos, como si sudaran queso. He ido a París hace años y me traje unas cuantas estampas personales, de calles que no sabría ubicar en el callejero, y un par de cementerios. Recuerdo la lápida de Proust, en un mármol horrible, de encimera marujona. Era una tumba limpia sobre la que daban ganas de hacerse un bocadillo. La de Cortazar, que nos salió al paso (y en otro cementerio, pues peinamos dos cementerios a la hora de la siesta), daba otra impresión, con dos o tres libros hinchados y asquerosos, como si se los hubieran tirado encima de mal humor. Pienso en Francia y en París; leía a Stendhal, que detesta París y a sus habitantes, y leía a Echenoz, también en París (el paraíso y el infierno), en una novela titulada Al piano. Va esta última de un pianista célebre al que le da tanto pánico actuar en directo que se agencia un secretario para que le pasee antes de los conciertos y le prohíba beber. Más cosas, pero da igual. El texto de la contracubierta ya está escrito. Es una sátira graciosa. Se muere el protagonista y falta todavía mucha novela.

La prosa de Echenoz tiende a la poesía sin ser poética, que es lo mejor que se puede decir de un libro.

Stendhal es, como todo gran genio, un incapaz. Medio libro lamentándose de su falta de ganas de escribir. Y escribe, de todas formas, tirando, como diría Azorín, el carro por el pedregal. Salen un montón de nombres, parece el Hola eso. Todo vagos y marquesas y generales y Pares de Francia. Le destroza la vida ese alternar con marquesas; pocos escritores se habrán tomado el amor más en serio. Recuerdos de egotismo es, digamos, una justificación de su pasado; se corrige, porque qué lejos está el Stendhal presente que escribe de ese Stendhal pasado, nunca los suficientemente digno, a la altura de lo que opina de sí mismo. Un ajuste de cuentas. Se engalana para el futuro. Está convencido de que sus lectores todavía no han nacido. Lo tiene tan claro que la posteridad no ha tenido más remedio que darle la razón.

Baroja escribe sus memorias siguiendo el modelo stendhaliano. A lo que vaya saliendo, y retocando los recuerdos. Hacerse un pasado, una vida.

Egotismo, dice: "Soy como una mujer honrada que se metiera a prostituta: necesito vencer a cada instante ese pudor de hombre decente al que le horroriza hablar de sí mismo. Y sin embargo, este libro no es más que eso. No preveía yo este accidente que acaso me hará abandonarlo todo. Ni preveía otra dificultad que la de tener el valor de decir la verdad sobre todas las cosas: lo cual es lo de menos." [pág. 155, Recuerdos de egotismo, Stendhal, ed. Cabaret Voltaire]

Es decir, puta y mentiroso. Gran arte.

20/5/12

569


COMO es día de revolver encuentro varias libretas con la letra tan pequeña que apenas puedo leer una palabra. He perdido tantas libretas viejas, pero no todas. No me valen para nada pero soy de los que no tiran ni los periódicos viejos. Un día, cuando ya tengo demasiados periódicos, los reviso, recorto algo y los dejo ir. Compruebo en esta libreta que es una letra un poco de enfermo mental, pues podría tapar cualquier vocal con un piojo. Veo una cita larga de El novelista de Ramón. La iba a copiar pero es demasiado. Acaba así: "Hay que decir todas las frases, hay que fantasear todas las fantasías, hay que apuntar todas las realidades, hay que cruzar cuantas veces se pueda la carta del vano mundo, el mundo que morirá de un apagón."

*

LOS únicos que parecen estar al margen de la crisis (o de las crisis) son esos teóricos de la economía que tienen una fórmula infalible para acabar con la crisis y nos la venden en forma de libro. La confusión y el miedo, ya se sabe, nos lleva a leer de todo. Pero por si acaso se agita el árbol. Ya es casualidad que justo cuando sale el tal libro el autor se convierta en el profeta del Apocalipsis. No se sabe si fue antes la crisis o el pajarraco.

19/5/12

568

QUEREMOS tanto a Augusto Monterroso. No por bajito, aunque también. Es más fácil admirar a un escritor bajito que a uno alto. De alguien alto cuesta creer que escriba algo, y menos algo valioso, como si los altos tuvieran mejores cosas que hacer en la vida que escribir. La verdad es que a Monterroso se le había puesto un poco cara de dinosaurio de dibujos animados. O al menos de rana sabia. Hombre tímido, sobre todo, me parece. Presume también. Un tímido no tiene por que ser idiota. Uno puede ser tímido y no necesariamente salir corriendo tras un palo que nos tire alguien. Monterroso fue uno de esos escritores tan educados que apenas escribieron. De fondo, su gran tema es la incapacidad para escribir. O, no escribir todo lo que quisiera. "Yo no escribo; yo sólo corrijo", dijo en una conferencia, después de que en esa misma conferencia Bryce Echenique dijera que él no corregía apenas. Quizá sea mejor el Monterroso que corrige que el que escribe. Hay escritores que escriben y escritores que corrigen. Le hizo mucho daño el dinosaurio, ese microrrelato que se hizo célebre entre los que prefieren hacer yoga a leer.

RBA, que reedita mucho, lo mismo Nabokov que Onetti o Celine o Juan Goytisolo, con ese papel tan cutre y el pegamento que nunca se descose, acaba de poner en la mesa de novedades a Monterroso. Como unos diarios, o ensayos breves. Todo literatura e interrupciones, me llamó por teléfono fulano para preguntarme, me piden una conferencia y yo no puedo. Así. Reúnen aquí tres libros; La letra e, Literatura y vida, y Pájaros de Hispanoamérica. En Monterroso esa manía de editar varios volúmenes juntos si estos son breves tiene menos sentido. Esa escritura quintaesenciada, exprimida, pierde parte de su valor en ese conglomerado. Esto de aprovechar el viaje sacando tres libros no vale, o vale menos, con Monterroso. Son breves sus libros por algo. No quería aburrir y no aburría.

15/5/12

567


Mayo es posiblemente el mejor mes en Santiago. La ciudad se llena de brazos y de piernas, de cabelleras al viento. Lo normal es que llueva, y lo normal es que cuando la lluvia se acabe la gente se eche a la calle. No hay más que aire en el aire, aire invisible quiero decir. Ninguna caca volátil. No hay cielo más nítido, hasta para el miope, y casi parece si uno se fija que puede ver al satélite Meteosat, con sus bracitos articulados tomando la temperatura y fotografiando nubes. Decía Luisa Castro el domingo en su artículo que no entendía cómo la depresión económica no se reflejaba en las caras de la gente. Le parece, creo recordar que decía, la calma que precede a la tormenta. Ayer Krugman avisaba; España está al borde del abismo. Llevamos años, me parece, al borde del tal abismo. Puede que algún día acierte alguien. Ese abismo general, común, me temo, porque abismos particulares seguro que hay. Nunca creí que podrían llegar los tiempos en los que se necesitara guardar el dinero en el zapato o en el colchón. Quizá en el pecho, en esos sujetadores/ baúl de nuestras abuelas, al menos de las imaginarias. Lo que no acaba de ver Luisa Castro es que hasta en la peor de las situaciones al final acaba imponiéndose la vida normal. Si hubiese bombardeos, en un primer momento no, pero pronto empezaríamos a contar chistes y jugar a las cartas. En los campos de concentración también. La vida sigue, aunque no siga. El desastre es más visible a posteriori. Quizá nuestros nietos estudien en sus libros de historia algo que ahora mismo estamos viviendo y de lo que apenas nos damos cuenta.

*

Nietzsche: "Madurez del varón: significa haber reencontrado la seriedad que de niño se tenía al jugar."

10/5/12

566

El libro apesta. Me refiero a literalmente. No sé, a una especie de vinagre podrido. El papel es grueso y tostado, será eso, o el pegamento. Es un libro de bolsillo. Ya lo había leído pero lo estuve hojeando, y yo pensaba dios mío me estoy pudriendo, cómo huelo qué asco. Y no; era el Carpe Diem de Bellow. Creo que es una buena novela, aunque apeste. De Bellow siempre me ha cansado un poco su insistencia en lo judío, pero de qué iba a escribir. Era lo que había vivido. Y en su obra está todo lo que significó ser judío en ese país a estrenar. La primera generación de judíos llegados de Europa, con el fondo de la guerra y la huída. O antes.

Echo un vistazo a El legado de Humboldt. En el sofá, derrumbado, por fin el sol entrando por la ventana. Sí, leo, torrencial, con metáforas maravillosas de vez en cuando. Cosa fina y al mismo tiempo como una cascada que no acaba nunca y que dejamos ya por incansable. Se cansa uno de su perseverancia. Pero tengo lección para rato. Creo.

En el cuaderno, donde anoto cada avistamiento de tierra, escribo; "La lección de Bellow es fundamental; no estamos en una puñetera película. No hay que poner un suelo siempre debajo."

Cosa de novelas.

*

La película que he visto es de uno de esos directores que odian a los que van a ver películas, sobre todo si uno elige la suya.

8/5/12

565

He visto esos paraguas lánguidos que llevan algunas. Turistas puede ser. Rubias, granos rojos en las frentes, sandalias para chapotear bajo la lluvia, piernas gruesas de alpinistas. Se refugian del agua que nos cae, ya digo, con esos paraguas que ocultan como toldos la cara, y la asoman apartando la tela estampada, con gesto curioso.

*

En manos del peluquero. Nunca mejor dicho. Se tardan días, puede que semanas, en quitarnos esas manos de encima. Y eso que siempre dejo propina. Justo antes que yo una especie de punki. Era la primera vez que veía a uno en el peluquero. Siempre me pregunté qué tipo de peluquero cortaría el pelo a un punki. Y mira tú por dónde. Leía El Mundo, yo, esperaba, pero era un gran momento. Miraba por el rabillo del ojo. Me acostumbré pronto, como uno se acostumbraría pronto al encontrarse a dos elefantes fornicando, cosa rara de ver dicen los expertos. La pregunta que había que hacerse era: ¿Hasta qué punto el peinado que acababa de ejecutar el peluquero, como un eco, llegaría hasta mí, hasta el corte de mi pelo? Esa es la puñetera pregunta que me hago ahora.

4/5/12

564

Empieza uno de los ensayos autobiográficos de ese libro: "Yo tengo los zapatos rotos y la amiga con que vivo en este momento también tiene los zapatos rotos." Es Natalia Ginzburg y el libro Las pequeñas virtudes. Libro bonito, como al margen de todo, también de la literatura. No del lugar que ocupa en la literatura, que es modesto, me parece. No, al margen del juego. Un confesarse como para pasar la tarde. Contar lo pequeño. Contarse, y qué más da todo.

Dice la Ginzburg en ese texto que nunca tuvo que andar con zapatos rotos de pequeña, y que su familia se indigna cuando la ven con esos zapatos rotos, pues en su familia nunca han llevado unos zapatos rotos. Pero ella sabe que se puede vivir con unos zapatos rotos. Se diría que añora esos zapatos rotos. Conoce la incomodidad de mojarse los pies, de sentir el frío del empedrado de Roma. Me recuerda a esa nostalgia rara de la que hablaba Hemingway en su mejor libro para mi gusto, su A moveable feast, en París, cuando fueron pobres y felices. Esa nostalgia de la sencillez y la pobreza puede que sólo surja cuando sea algo lejano, ya improbable, y la infelicidad presente de la abundancia reaccione volviendo a ese pasado idealizado.

Hoy, al bajar por el Preguntoiro llovía y entre las losas se formaban pequeños charcos que todo el mundo, menos mi hija, esquivaba. Lo hacía con más o menos disimulo, pero vaciaba cada charco pisándolo con ganas y me salpicaba. Yo la increpaba. Llevaba botas, aseguraba tener los pies secos. Con botas podría pisar una piscina, si le apeteciese. Yo me acordé de la obsesión de mi madre por que siempre tuviéramos los pies secos. Cuando me fui de casa lo primero que hice fue dejar que el agua entrase y saliese como quisiese de mis zapatos. Dejé de pensar en la lluvia a la hora de calzarme, como si fuese una contingencia menor, y efectivamente, era una contingencia menor. Tan menor que saltaba los riachuelos y los charcos con mis zapatillas empapadas. Durante horas sentía los pies, omnipresentes. En uno de sus diarios Dalí dice que para escribir se calza unos zapatos que le aprietan muchísimo, y que ha dado sus mejores conferencias con esos zapatos torturadores. Al parecer, el tener siempre presente ese dolor le distraía de su nerviosismo. Respecto a la humedad, creo que aquellos pies se vengaban de años de civilización, de aquellas botas impenetrables que arrastraba con torpeza de niño. Hoy llevaba unos zapatos perfectamente civilizados.

3/5/12

563

Después de frecuentar tantos conciertos de la llamada música culta podría dar una conferencia con el siguiente título: El carcamal como figura totémica. Implicaciones causales en los atascos de los pasillos.
*
Por un momento, los violinistas, al tocar, parecían abejorros.
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La primera influencia del director de orquesta es Caperucita Roja caminando por el bosque. Otras veces parece tener los pies fijos al suelo y se mueve como esos muñecos gigantes de viento.
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Al orinar en la pileta levantamos la cabeza, la giramos discretamente a derecha e izquierda, como marqueses atisbando el horizonte. Pero volvemos a bajarla, obligados por un miedo cerval a erosionar la porcelana con la potencia de nuestro chorro, salpicándonos el pantalón y convirtiéndonos en el hazmerreír de las mujeres más distinguidas.
*
El pianista. A poco que se fije uno ve al energúmeno que se cree que un piano vale dos duros. Y, en cambio, si miramos a otro lado, suena como si no pasase nada.
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Si no les doliesen los riñones no serían violinistas.


Buster Keaton y Charles Chaplin en "Candilejas"(1952)


1/5/12

562

Mucho cuerpo y pocas nueces. Godzilla en 1954.

Mañana desapacible. Más que obreros, funcionarios, profesores, gentes de bien. Si fuesen obreros no se les vería tan animados, tan dichosos en el desfile. Nadie que trabaje como una mula de sol a sol puede celebrarlo. Pero peor aún es que no trabaje de sol a sol. Que no trabaje. Qué vida más rara. Le hubiera dicho a mi hija si me hubiese preguntado que los obreros se extinguieron, como los dinosaurios. Si acaso quedan esclavos. Uno, jefe de algo, era tan grande que me pareció un gigante allá arriba, en lo alto de las escaleras de Platerías. Intenté relacionar la altura con el liderazgo sindical. Me metí en un bar. Cómo imponía el tipo, cómo hablaba, esa voz que llegaba hasta la cerveza de todas las tabernas de la zona vieja. Cuando salí no había ni discursos ni gritos de guerra. Se cantaba, puño cerrado en alto, y justo empezó a llover con gran ventolera, como en las películas que ponen en Semana Santa. Parecía el final de una misa.

*

Por la tarde Godzilla. La de 1954, la original. Infumable claro. A ellas les hacía gracia. Se partían el culo. No tenía el cuerpo, yo. Puse Canino en el ordenador, que me la había recomendado la persona que conozco que mejor gusto cinéfilo tiene. Si me dice que la última de Kitano es una mierda hasta le creo. Creo que la última de Kitano es una mierda, pero no lo he comprobado.

Canino es una película griega. Gracias a esta película el director ya es todo un señor director. Me alegro por él. No me gustó. Me decepcionó por la misma razón que me decepcionan casi todas las películas últimamente; lo que me da el trailer de dos minutos acaba siendo todo lo que da la película de sí, aunque mejor hecho, más ágil en el trailer. Qué esperaba; pues esperaba una película. Algo más que un relleno más o menos chistoso, resultón, supuestamente inquietante. Hay escenas que parecen rodadas para pegar en el trailer, para crear expectativa. Y el final, aún estoy esperando el final. La alegoría bien, la ocurrencia. Y los actores haciendo de actores. Muy taller de actores. Se ve que no tenía la tarde. Yo.