26/6/10

"Luz de agosto"

Portada de la primera edición británica de esta novela de Faulkner. (Light in August. London: Chatto and Windus, 1933).
"El hombre se reía; tendido en su cama, se reía:
- Palabra de honor. No hay quien pueda con una mujer. Porque, ¿sabes lo que creo? Creo que ella sólo quería viajar. Creo que no tenía la menor esperanza de encontrar al que decía que estaba siguiendo. Creo que no tenía la menor intención de hacerlo, aunque todavía no se lo había dicho a su acompañante. Creo que era la primera vez en su vida que se encontraba tan lejos de su casa, a una distancia demasiado grande para que pudiese regresar antes de la puesta del sol. Y que hasta entonces se las había arreglado muy bien, porque encontró a personas que se preocuparon por ella. Creo que, si se había decidido a ir un poco más lejos, a ver todas las tierras que pudiese, era porque sabía muy bien que, en cuanto se estableciese en algún sitio, probablemente sería para el resto de su vida. Eso es lo que yo creo. No había más que verla, allí, sentada en el camión, con el hombre a su lado, y el niño que no había dejado de mamar, que, durante casi dos millas, no había dejado de desayunar, como si fuese en tren, en un vagón restaurante, y ella dedicada a mirar a todos lados, a ver pasar los postes telegráficos y los cercados como si viese un desfile de circo. Y al cabo de un momento, dije: "Dentro de un momento estaremos en Saulsbury". Y ella dijo: ¿Qué?". Y yo dije:
- Saulsbury, Tennesse -y miré hacia atrás y le vi la cara. Y parecía que la tenía totalmente dispuesta a la sorpresa, y que sabía que, en cuanto la sorpresa llegase, le resultaría muy agradable. Y la sorpresa llegó, y ella se puso muy contenta, y entonces dijo:
- ¡Dios mío, Dios mío! ¡Cuánto camino se puede hacer! Sólo hace dos meses que salí de Alabama y ya estoy en Tennesse."

Luz de agosto, W. Faulkner (traducción de Enrique Sordo, editorial Alfaguara 2006)

18/6/10

Fútbol, sangre, lepra, Camacho, Boskov, y más se perdió en Cuba

A mí me vale cualquier foto de fútbol, mientras no salga el Maradona de ahora.

De la feria del libro antiguo y de ocasión en esta ciudad saco en limpio unos bostezos casi suicidas, y unas ganas irrefrenables de salir corriendo. Aburrimiento contagioso de los libreros, que se sujetan las cabezas con las manos como si les colgase del cuello una sandía pesadísima.

Pero nada. ¿Cómo es posible? Un señor que me encuentro al que le huele el aliento me acerca la boca a la oreja para decirme; todo una mierda, y mueve el brazo señalando las casetas. Cuando se marcha veo que tiene un poco pinta de dictador de país tercermundista.

Sólo me tienta un libro de relatos de Paul Bowles que no tengo (en la Alfaguara de antes), pero no lo compro. Lo dejo donde estaba. Si sigue allí otro día me lo llevo.

***

Camacho durante el partido de España: "Lo bueno de Iniesta cuando encara a un defensa es que ni Iniesta sabe por dónde va a salir".

Si España no pasa ni a octavos no habrá mal que por bien no venga; no volveremos a escuchar al cretino histérico. Lo siento, Paco; eres un coñazo, y vete a la mierda.

Hoy, en las crónicas deportivas sobre el partido de ayer, se apela a cosas como estilo, retórica y barroquismo. Incluso acabo de leer el artículo de Enric González en el que compara la supuesta odisea de España y la de Leopold Bloom en el Ulises (ayer, día 16 de junio, Bloomsday). Ya tiene narices. Qué literario se ha vuelto el fútbol últimamente.

Intelectualizar el fútbol demasiado es lo peor que le puede pasar. Incluso mucho peor que que caiga en manos de la mafia rusa o de la yakuza japonesa o de cualquier mafia autóctona o globalizada, si es que está libre de pecado. No me gustaría que en el futuro le saliesen al fútbol unos señores pedantescos con pipa y perilla que se erigen como guardianes de la esencia futbolística. Sólo hay que ver el protagonismo que tienen en el cine y la literatura cuatro insufribles que aparecen en todas partes dando su bendición a auténticos bodrios, o negándola, como si el arte o sus simulacros tuviesen que rendirles pleitesía. Prefiero un fútbol brutote, elemental, sin muchas explicaciones.

Viendo el partido de España no me vino a la cabeza ningún escritor, por supuesto (ya tenía bastante con aguantar a los comentaristas), pero si tuviera que acordarme de alguno pensaría en el ya casi olvidado y nada leído Gabriel Miró. Aunque no sé por qué pienso en éste, al que apenas he leído nada entero, y si acaso hace siglos. Lo suyo, más que estilismo, era puntillismo. Leyendo un libro suyo le entran a uno ganas de estrangular a alguien. De él Umbral suelta alguna cosa de las suyas; "El peligro del estilista es quedarse a solas con el estilo, dejándose querer a la vez por todas las huríes de su harén estilístico. De vez en cuando hay matar a una hurí. Un poco de sangre le viene bien al estilo más preciosista. Miró nunca da la sangre, pero de pronto da la lepra."

Yo digo que si no hay una hurí a mano que se sacrifiqué al cretino histérico, que si es por el bien de la selección tampoco pondrá muchas pegas al sacrificio y nos ahorraremos el mal trago que nos hace pasar al ver un partido. A uno ya casi le da igual que gane o que pierda España, porque soy un estoico y porque el fútbol es fútbol, como bien dijo Boskov, pero que se calle ese tipo. Las más grandes civilizaciones antiguas contemplaban la posibilidad de sacrificar para los dioses vírgenes y otros. Éste entraría en el apartado de otros.

Pues eso; más sangre y menos lepra, si puede ser.

Y si no brindaremos con la final chula que no pudo ser; España- Portugal. Más satisfactoria por lo que queda fuera que por otra cosa.

***

Hoy, otra frase de Vujadin Boskov: "El fútbol engancha porque es simple, es bello porque es sencillo. Cuanto más lo complicas, empeora."

7/6/10

La maquinita

Y Arcadi Espada sobre el iPad:

"La cama es su ecosistema favorito. Incluso cuando todo el mundo duerme en la casa. Basta su luz propia de astro solar, perfectamente íntima para el único insomne. Pero acepta lechos de todos los precios. Será difícil que viaje sin él."
Más...

6/6/10

Gana el plástico

Lo mejor es prepararse para el futuro cuanto antes. ¡El futuro!

No puedo leer, porque a mí demasiado ajetreo me jode la vida, es decir, me destroza la paz de espíritu, pero me quedo despierto por la noche, ya cuando ellas duermen y dejo el periódico a un lado, que me aburre él y sus caras de póquer y la Bolsa imbécil histérica desplomándose una vez más, pero nunca por última vez (ya me tiene harto con tanto caer y levantarse, o con tanto caer y caer; ¿adónde cae?), y entonces leo en un libro de relatos, la única frase que leo: "el mundo era tan rico que se pudría".

La única frase que le entiendo a la Lispector a estas horas. Es hora apocalíptica esta. Hoy he visto a una mujer llorar. Una mujer que no conozco de nada. Lloraba como una niña y no sé por qué lloraba. Después me han dicho que se murió X (enfermedad fulminante), y por la noche me entero que cierra la librería Michelena.

El paranoico que llevo dentro quiere ver las siete señales del apocalipsis en todas partes pero me aburre el apocalipsis. No voy a fingir. Me desilusiono, me deprimo, me duermo o no me duermo, pero no soy un pesimista absoluto. Soy demasiado vago para echarme las manos a la cabeza. Me parece una exageración.

Y leo; se agotaron los ipads en las tiendas. En pocos días.

Es tan brillante. Tan pulcro, tan luminoso. Le echo un vistazo. La gente se acerca, las bocas abiertas de asombro. Las parejas se abrazan al verlo, vuelven a quererse, tienen ilusión, hay tantas razones para estar vivo en este mundo sofisticado. Me siento una urraca, le pongo una mano encima al ipad, y le dejo las cinco huellas, no está caliente, no está frío.

¿Y esto para qué vale? Le pregunto a uno que sabe.

Pues, en realidad, para todo y para nada. Es el futuro.

¡El futuro! Puede que dentro de cinco o de ocho años o de tres me regalen uno. O puede que yo regale uno. Viajar con doscientos libros en esa tablilla luminosa, me dice ella. Por fin podría traerme todos los libros que quisiera. Me refugio en el techo, me recuesto en el sofá, bendito silencio del que no quiere oír.

Pero o se gana o se pierde. Así funciona el Mundial de fútbol y la Champions Ligue y así funciona todo lo demás. O eres de los que pagas los trajes y te toca la lotería por Navidad cada año o eres de los otros; o eres de los que te bajas el sueldo un 15% y te quedas en 72 mil anuales o eres de los que te vas al paro y te quedas con el subsidio de los que ya no tienen derecho a subsidio. Etcétera. Pero en realidad no conozco a muchos de uno u otro lado; conozco a los que van tirando, no entienden nada porque tampoco quieren entender mucho, se toman una cerveza, se resignan, sacan al perro a la calle a hacer sus necesidades, y recogen las cacas en una bolsita. Lo hacen con amor. Hay que amar mucho para recoger esas cacas. Cacas calientes, imagino. Tibias, quizá. Gana la higiene.

Ganan las tiendas de recuerdos en Santiago. La zona vieja es ya una gran tienda de recuerdos o de tartas. Recuerdos de plástico de la ciudad de piedra. Gana el plástico. Detesto el plástico. "El material plástico muestra una apariencia grosera e higiénica a la vez, extingue el placer, la suavidad, la humanidad del tacto", decía Barthes, a propósito de los nuevos juguetes, ya no de madera, "moldeados en pastas complicadas".

En la calle, peregrinos marrones todos, las arrugas blancas, las orejas quemadas, caminan como si les quemase el suelo. Parecen recién resucitados por el apóstol, y aún están un poco torpes y oliendo a muerto.

Y por la noche me entero que en Pontevedra cierra la librería Michelena, la mejor librería de Galicia, sin duda, y una de las mejores librería literarias de España. Y cierra porque no vende ya. Eso de que en tiempos de crisis (¡la ficción!) se encierra uno en casa a leer las mil páginas de Anna Karenina tiene que ser falso. Leer mil páginas de nada que no lleve templarios dentro ya no es de este mundo. Una de las siete señales del apocalipsis tiene que ser, sin duda, el cierre de la Michelena. Esto tiene que haber sido predicho en alguna parte por Ezequiel o Isaías, si es que se enteraban de algo.

Para mí es el fin del papel amarillo de los libros inencontrables. Un túnel de libros que enlaza dos calles. Casi un túnel de metro; unos tipos en pipa estirándose las barbas sentados en tertulia, hojeando libros, otra Pontevedra que ya desaparece. Con la Michelena desaparece esa Pontevedra intelectual y un poco aristocrática y un poco anarquista que nos hacía ver que no todo Valle-Inclán eran juegos de magia. Una Pontevedra valleinclaniana, de alguna forma.

Hay cosas peores, me dirán. Que cierre la Michelena, hombre, es sólo una consecuencia más de la nefasta cadena de usura y avaricia e incompetencia protagonizada por banqueros barrigones y seguramente extraterrestres, quizá ya tostados por el sol, que reflexionan sobre movimientos desafortunados de ajedrez o de parchís. Desafortunados para el prójimo. Hombre, ya. Y políticos ineptos, claro, de uno y de otro lado. La economía es el gran motor mágico e incomprensible que lo mueve todo y que llega a todas partes. Pisotea los nabos y los tomates mientras dormimos. No hace falta ni que estemos dormidos. Los pisotea con sus pezuñas, pues tiene forma de gorrino, cómo no, creyendo que todo es lodazal, que da igual una cosa que la otra. Lo único que podemos hacer es preguntarnos qué podemos hacer. ¿Fumar?

Al parecer, ahora se fuma más. Se fuma más.