Sigamos con el gato por liebre de ayer. Sigamos un poco más con Bolaño; hay un relato suyo que viene al caso. Empieza así: "B escribe un libro en donde se burla, bajo máscaras diversas, de ciertos escritores […]. En uno de los relatos aborda la figura de A, un autor de su misma edad pero que a diferencia de él es famoso, tiene dinero, es leído, las mayores ambiciones (y en ese orden) a las que puede aspirar un hombre de letras. […] Para B, en resumen, A se ha convertido en un meapilas."
En fin; B se burla de A, entre otros. El libro pasa desapercibido al principio, pero A publica una reseña muy elogiosa en uno de los principales periódicos del país. Eso hace que otros críticos se fijen en el libro de B y lo reseñen. El libro de B tiene un relativo éxito. El escritor A, al que, recordemos, B odia porque le parece un meapilas y odia sus artículos, vuelve a hablar de su libro en alguna entrevista y da a entender, subrepticiamente, que sabe que se burla de él y de su obra, pero aún así parece ponerlo por las nubes. Lo que hace A no es, a todas luces, normal. El protagonista, B, se tira de los pelos y ve fantasmas en cada frase de las reseñas de A, en cada palabra, el fantasma misterioso de A burlado que planea una venganza cruel, pero en lugar de eso parece suceder lo contrario, o la venganza se aplaza cruelmente: A incide en su buena acogida a todo lo publicado por B, y es tan profunda y elogiosa que eso no hace más que perturbar a B, que creía hacerse un enemigo con A, al que sigue despreciando como escritor. B quiere ponerse en contacto con A pero no lo logra. Para B que A reciba así sus libros después de la sátira y el desprecio le parece extraño y angustioso casi. El relato es mucho la aventura de esos avatares. B finalmente está en la ciudad de A. Intenta quedar y la cosa se demora, el misterio no se acaba de resolver. ¿Está A esquivando a B? ¿Prepara A una venganza terrible? Todo tiene un aire de pesadilla paranoica. Mientras espera el momento de la cita con A, B se compra el último libro de A. Lo lee en un parque: "El libro es fascinante, aunque cada página rezuma tristeza. Qué buen escritor es A, piensa B. Considera su propia obra, maculada por la sátira y por la rabia y la compara desfavorablemente con la obra de A." Hay que joderse, el A que conocíamos se nos cae de las manos como un puñado de arena. Porque el relato es también la construcción de ese personaje A, escritor gazmoño y despreciable según el canon de la buena literatura de B, y resulta que A también era eso, otra cosa. A lo recibe en su casa, en el rellano, junto a la puerta, "sonríe con algo de timidez". Y "B siente por un momento que toda la fuerza que le ha servido para llegar a casa de A se evapora en un segundo. Se repone, intenta una sonrisa, alarga la mano. Sobre todo, piensa, evitar escenas violentas, sobre todo evitar el melodrama. Por fin, dice A, cómo estas. Muy bien, dice B."
Y sanseacabó. Es muy carveriano el final, ese terror contenido en el gesto cotidiano, en la nada. Me gustó el final. Una de las cosas más interesantes del relato es la posible historia o raíz de ese rencor por parte de B, como si A fuese en parte todo lo que B siempre quiso para sí mismo y no pudo tener. Como si en ese odio se definiese a sí mismo, y todo se tambalea al final. La historia del desconcierto ante uno mismo, podríamos decir, es el relato. Muy pessoano todo. Las confusas fronteras del yo y de todos los que caben dentro.




