Asomarse a las librerías portuguesas podría ser asomarse un poco al interior de las cabezas de los paisanos vecinos. ¿Qué leen? ¿Qué sueñan estos? Es verdad que cada vez cuentan menos los libros, porque en el tren ya no es la única alternativa al paisaje un libro, ni antes de dormir, ni en la sala de espera del ginecólogo o el dentista. Hay otras cosas. Pero da igual; por las calles de Oporto nos ponemos muy literarios y levantamos las solapas del abrigo, como Vila-Matas, pero al momento las bajamos porque no hace nada de frío y nos sentimos un poco ridículos y dificulta la visión lateral. La que asa castañas levanta una humareda blanca, envolvente, exagerada. Alguna calle, cuando ya se hace de noche, parece una de esas calles de película que intenta recrear el Londres de finales del Diecinueve, con ese humo blanquecino que sale de las alcantarillas. Frente al Fnac la vieja con pañoleta y mandilón de cuadros de color misterioso (la unión de todos los colores) sentada en la banqueta hace magia con ese humo; las castañas embadurnadas de ceniza blanca, parecen higos. ¿Y qué pasa con las librerías? De varias que visité (librerías de novedades; laFnac, la Bertrand, alguna otra) sales con la impresión de que hay más coincidencias en las mesas de novedades de aquí y allí que diferencias. Casi los mismos libros, pero en portugués; un lector medio portugués que sólo lea novedades o lo que dicen los periódicos es muy probable que esté leyendo el mismo libro que uno español. Después hay variaciones, claro; en esas variaciones yo veo que sale ganando el portugués, por su literatura patria. Quitando esos best-sellers internacionales (el sueco que no amaba a las mujeres, O jogo do anjo…) cada lugar tiene sus, digamos, intocables, nacionales. Los Muñoz Molina, Marías, Pérez-Reverte, Millás, de Prada… que son los que se van a colocar, de alguna manera, entre los más vendidos, porque son ellos. Porque tú lo vales
Los ellos portugueses son, claro, Saramago, Lidia Jorge, que tiene nombre de señora más aburrida aún que Rosa Montero, o un tal Rodrigues dos Santos, que suena como un Zafón portugués, y por supuesto las vacas sagradas de la literatura seria, y muy seria, Miguel Torga y Lobo Antunes, este último con nueva novela entre las más vendidas. ¿De verdad se lee tanto a Lobo Antunes como parece? Está claro que a Lobo Antunes no lo lee uno con la televisión de fondo. Ahora hasta su hermano, el psiquiatra (Nuno), tenía algo colocado entre los más vendidos. Estos dos, Torga y Antonio Lobo Antunes, son los bichos raros consagrados; tan diferentes y que ocupan esa posición ya de eminencia literaria, a medio camino ambos entre el cascarrabias autista y el genio aún vivo. Bueno no, Torga ya murió. Saramago es el gran pelotazo de la cultura portuguesa; a lo Cela en España en su día con el Nobel. Pero a Saramago le duran más las pilas, como el conejo aquel del anuncio. Y siempre hay un sitio, siempre, para Fernando Pessoa. Y no sólo por lo infinito del baúl en el que guardaba sus papeles, sino porque son continúas las reediciones de sus obras. Da igual si es poesía o prosa. Pessoa ya entró en la categoría de clásico que más que leerlo se compra. A Pessoa hay que tenerlo en la estantería, señora."El banquero anarquista"parece su libro del momento. Y los clásicos; Eça de Queiroz se sigue leyendo, o al menos se encuentra en todas partes. A Eça de Queiroz lo leía mucho Torrente Ballester. En Galicia tanto se habla de hermanar y casi unir ambos países (cultural, económicamente, hasta políticamente algunos) y en cambio ni dios lee en portugués. Aquí no leen en portugués ni los portugueses, que prefieren el castellano. En Portugal se lee bastante en castellano; aquí nada en portugués.
Me traje libros pero hice sitio en la bolsa para dos autores más jóvenes de los que ya había leído algo y que están bien; uno es Gonçalo M. Tavares y el otro Jose Luis Peixoto. También están editados en castellano; uno en Mondadori y el otro en El Aleph.
Reeditados, situados en las cabeceras y mesas, veo a Dickens, veo a Faulkner ("Os ratoneiros"), Dostoievski, a Hamsun ("Fome"), y Camus.
Los autores españoles que más se ven traducidos, además del ya mencionado Zafón, son García Márquez, Cortázar, Luis Sepúlveda, Vargas Llosa. En fin. No sé qué conclusión sacar. Y Borges; cierto, mucho Borges. Vi O doutor Pasavento de Vila-Matas en la archiconocida Librería Lelo, muy bonita. La Leloe Irmaos es la catedral de las librerías, y si buscáis algún libro ir a otra, pues allí no hay casi nada. Libros de fotos y las paredes ocupadas por legajos encerrados en vitrinas que parecen el decorado de un programa de Sánchez Dragó sobre vampirismo. El suelo cruje y en las escaleras de caracol se amontonan turistas sacando fotos, y parece que lo hacen con la convicción de que al poner los pies en la calle toda la librería se hundirá como engullida por un agujero negro.