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La cosa en sí" es el tomo 14 de
Salón de pasos perdidos (Una novela en marcha), los diarios de Andrés Trapiello. Y con él estoy; setecientas y pico páginas, aunque el tomo engaña un poco, pues acostumbrados al papel de antes, más grueso, pensamos que este tomo es menos voluminoso, y no. Papel más fino, para que de seguir este ritmo (ojalá) sea viable meter la obra completa de Trapiello en una vivienda, como el que no se compra una nevera más grande por no cogerle en la cocina.
Si bien a veces se habla del libro
tocho como de una perrería del autor para con el mundo, y que lo bueno breve dos veces bueno, hay que decir, tengo que decir, que el
tocho, lo tocho, la cosa en sí
tocho, es siempre relativa; hay tochitos
(tochos reales) de cien páginas en los que uno se arrastra como por el fango, con los pantalones mojados, y en sueños, que es cuando menos se alcanza lo que perseguimos y cuando más desesperación causa, y otros
tochos (
tochos aparentes), que se leen como con prisa, como si el autobús se nos escapara a la vuelta de cada página. Y este tomo, como todos los que he leído, creo que todos, es de estos últimos, un
tocho aparente, y un peligro, que nos roba el tiempo de sueño, de estudio, de trabajo y hasta de váter.
Por ejemplo, ayer, en un respiro que me tomo de vez en cuando en el váter, asistí al funeral de Carmen Martín Gaite (que es una C), y vi a Sánchez Ferlosio (una F), con la camisa por fuera y una corbata negra "
que parecía el banderín de un barco pirata, como un guiñapo que le caía en el pecho", y bueno, se siente uno raro, sobre todo en el váter, leyendo un entierro y metiendo la cabeza en la vida de una persona viva, que en el momento que leemos seguirá haciendo más o menos lo que nos cuenta. Nos vemos a nosotros mismos como en un globo vaporoso flotando sobre la cabeza de Trapiello y observando como lechuzas sus movimientos y sus conversaciones y su intimidad. Un poco como la vecina loca que espía a todo el mundo a través de la mirilla de la puerta y se pasa el día y la noche en la ventana, observando al personal.
El rastro de Madrid sale tanto en estos diarios como su casa, sino más. Si Spielberg quisiese llevar estos diarios a la pantalla grande mucho rastro iba a tener que sacar. Es la parte que más recuerda a Ramón, y a uno de sus mejores libros, El rastro.Y ya entrando en "
La cosa en sí" diré que lo disfruto como todos los anteriores, pues es siempre el mismo libro el que escribe Trapiello, y es el mismo libro el que queremos leer. Las críticas podrían ser intercambiables, sino se entra en detalles o pasajes concretos; lo que se dice para el tercero se dice para éste. Quizá alguna que otra entrada (pocas) en las que se mete en camisas de once varas filosóficas (su mujer empieza a estudiar filosofía) y se lee con menos gusto, pero en general estamos ante un maestro del retrato, muy bien aprendido de Solana, y de Baroja, de Galdós, y del relato, pues así podemos leer muchas de sus entradas, como relatos magníficos.
No aburren los rifirrafes literarios porque la mala baba se convierte en prosa de primera y porque le salen casi sin querer, creemos, unas venganzas divertidas y hasta bienhumoradas. Un tono entre malvado y festivo, del que casi siempre carecen en sus críticas los que odian al personaje Trapiello. Mientras él sufrirá como un niño al que le llaman feo, una mala crítica, nosotros nos lo pasamos bomba. Los premios literarios y los recitales de poesía son a Trapiello lo que los conventos, curas y monjas a Solana, el resorte que provoca los mejores pasajes, los más tronchantes y satíricos. Ahora, no querer ver lo que cuenta no hace sino confirmar los retratos que se hacen del
mundillo literario, donde la estupidez más ridícula está tan presente, afortunadamente, pues así es mucho más fácil no tomarse en serio nada ni a casi nadie.
De ahí ese odio cerril que le profesan a este hombre algunos, cosa un tanto exagerada, y que me parece tiene que ver con la importancia que el mismo Trapiello le da a sus "enemigos", volviendo a ellos con más frecuencia de la que haría falta, y que seguro no disgusta a más de uno, cabreados insignificantes y galopantes que colman sus aspiraciones vitales siendo el blanco de sus dardos, o de los dardos de alguien. Dirán a sus nietos con un volumen de estos diarios; mira este que ponen aquí a parir soy yo.
Y para acabar la crónica de esta lectura
en proceso recordaré una cosa que no se tiene muy en cuenta cuando se habla de Trapiello. Tiene el tío mucho talento para los títulos. Quizá "
La cosa en sí" sea uno de los menos afortunados, pero el resto son muy buenos. Por ejemplo, ayer me topé en este diario con el título de un proyecto, o libro acabado (pero que no publicó todavía) y cuyo título será "
Lances de libros viejos". Con ese título no puede ser malo el libro, sea lo que sea.