28/10/06

No pero sí (o viceversa)



Me gusta entrar en las librerías y que me dejen en paz, simultáneamente. Si es antro conocido ya voy a tiro fijo, a ver que se cuece desde la última, y si es librería nueva para mí tanteo la plaza y embisto como siempre, a los lomos de siempre. Ah, las librerías de viejo (ya nadie dice así) son otra cosa; ahí el olfateo es más meticuloso y lento, las otras, las de nuevo son puro calentamiento. Busco, no sé qué busco. Mi careto es del que ha perdido algo y no renuncia a joderse, entre ansioso y sistemático. A veces cojo un libro y lo dejo: a veces cojo otro y abro la primera página. Autor; sabe dios, si sabe, y título el que sea, Huevo frito a las ocho, o El Sudario de Seda. Y esa primera página es de verdad o es cagada. Hojeamos el resto y nos vamos con otro planeta para casa, u otro mundo u otro pozo u otro chalado... u otra cagada, que también nos pasa de vez en cuando.
No solo en ediciones diferentes los libros no dicen lo mismo, con luz diferente también la cosa cambia. Pero sin ponerse muy exquisito (que todos nos limpiamos los cuartos traseros) habría que dejar claro que hay principios de libros, novelas o lo que sea, memorables, por la razón que sea ; normalmente porque al escritor el espíritu santo le toca la colleja y le pone a escribir un libro, después suele anbandonarle y el resto es cosa de relleno, o no, y escribe como enchufado al más allá el resto.
Y ahora para equilibrar tanta sublimidad y que no me quede el negocio descompensado ahí va un principio bastante chorra, pero que encandila como todo lo de este hombre (hasta que te aburres, con esa retórica de osito de peluche nihilista):

Con la, así llamada, sombra de mi pulmón había caído otra vez una sombra sobre mi existencia. Grafenhof era una palabra aterradora, allí imperaban absolutamente y con plena inmunidad el Jefe y su Ayudante y el ayudante de su Ayudante, así como las condiciones, espantosas para un joven como yo, de un establecimiento público para enfermos del pulmón.

Thomas Bernhard, El Frío (1981).

Pateo por la Alcarria


Que esta web me tiene más pinta de poder ser algo de libros más que de autores viene al caso ahora. Cela escritor; psschhh... Poca cosa, según mi modesta vara de medir. Pero esa poca cosa, cuando no se pone terrible y empirofollado como un pavo real, a veces está bien. Yo me quedo con este libro. Ni pasculillos ni ostias, lo demás papel para reciclar.

El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona. Mira, distraídamente, para el techo y deja volar la imaginación, que salta, como una torpe mariposa moribunda, rozando, en leves golpes, las paredes, los muebles, la lámpara encendida. Está cansado y nota un alivio grande dejando caer las piernas, como marionetas, en la primer postura que quieran encontrar.

El viajero es un hombre joven, alto, delgado. Está en mangas de camisa fumando un cigarrillo. Lleva varias horas sin hablar, varias horas que no tiene con quién hablar. De cuando en cuando bebe un sorbo -ni pequeño ni grande- de whisky o silba, por lo bajo, alguna cancioncilla.

V
iaje a la Alcarria (1948).
Por cierto; ¿quién no se acuerda de aquella chófer negra que se echó en el anuncio de la guía campsa, si mal no recuerdo? Así le entran ganas a cualquiera de Alcarria y de lo que sea.

27/10/06

Roberto Arlt


Cuando tenía catorce años me inció en los deleites y afanes de la literatura bandoleresca un viejo zapatero andaluz que tenía su comercio de remendón junto a una ferretería de fachada verde y blanca, en el zagúan de una casa antigua en la calle Rivadavia entre Sud América y Bolivia.

Decoraban el frente del cuchitril las policromas carátulas de los cuadernillos que narraban las aventuras de Montbars el Pirata y de Wenongo el Mohicano. Nosotros los muchachos al salir de la escuela nos deleitábamos observando los cromos que colgaban en la puerta, descoloridos por el sol.

El Juguete Rabioso
(1926).
Su primera novela. En principio su título era La Vida Puerca, pero Guiraldes, que le ayudó a editarla, le convenció para cambiarlo. Para algunos el mayor novelista argentino. Allá supongo que está bastante encumbrado, aquí en España creo que no se le hizo mucho caso, ahora algo más. Además de escritor fue inventor, y periodista. Patentó unas medias para mujer reforzadas con caucho, que al parecer parecían botas de bombero. No llegaron a comercializarse. Sus libros en cambio se siguen editando.